Cuenca y el instante que lo cambia todo en el Encuentro: del luto al verde esperanza

La Virgen del Amparo estrenó corona en una procesión marcada por la participación, el buen tiempo y uno de los momentos más íntimos de la Semana Santa conquense

Cuenca celebró ayer el final de la Semana Santa con la procesión del Encuentro, dejando uno de los momentos más especiales y significativos para la camarera de la Hermandad de Nuestro Señor Jesucristo Resucitado y María Santísima del Amparo, Miriam Benito Iniesta, cuando retiró el manto de luto para dar paso al verde esperanza.

El Digital de Cuenca ha querido conocer cómo fue ese instante y ha conversado con Miriam Benito Iniesta para narrar de primera mano la emoción de un momento que, año tras año, marca el broche final de la Semana Santa conquense.

La procesión se vivió con especial emoción entre quienes la protagonizan desde dentro. Entre ellas se encuentra Miriam Benito Iniesta, quien, pese a no haber podido vestir a la Virgen por su reciente maternidad, sí colaboró en su preparación ayudando al vestidor Rafael Murgui, encargado de vestirla este año, y participó además en uno de los momentos más simbólicos del recorrido.

Una imagen renovada para un día clave

Finalmente, ¿cómo lució la Virgen en la procesión?
La Virgen salió preciosa. Llevaba una saya de damasco blanco bordada en oro con motivos florales, combinada con una mantilla en tono beige. Además, estrenó una nueva corona, que era una de las grandes novedades de este año, junto con sus joyas habituales, entre ellas el corazón que ya forma parte de su ajuar.

La corona era uno de los elementos más esperados, ¿qué tal fue el estreno?
 Sí, era el primer año que procesionaba con ella.  El año pasado aún no estaba terminada, así que había muchas ganas. La verdad es que lució muchísimo y completó la imagen de una forma muy especial.

El trabajo silencioso tras la Virgen

 Aunque este año no pudiste vestirla directamente, sí estuviste implicada en el proceso…
Sí, así es. Este año ayudé a Rafael Murgui, que fue quien se encargó de vestirla. Aunque no pude hacerlo yo por mi situación, estuve colaborando en todo lo posible.

También participaste en un momento muy importante de la procesión…
 Sí, por suerte pude subir a quitarle el manto, algo que llevo haciendo casi veinte años. Es un momento muy especial. A pesar de toda la gente que hay alrededor, se crea como un silencio y parece que estamos solo ella y yo. Es el instante en el que se deja atrás el luto y llega la alegría.

 ¿Cómo viviste ese momento en esta ocasión?
 Fue muy emocionante. Cada año lo es, pero este, al no haber podido estar en todo el proceso de vestirla, lo viví quizá con más intensidad. Verla ya preparada, con todo su esplendor, fue muy bonito.

Evolución y crecimiento de la hermandad

En los últimos años también ha habido cambios en la forma de vestir a la Virgen.
Sí, desde hace unos cinco o seis años contamos con la ayuda de Rafael Murgui. Empezamos a trabajar juntos cuando las señoras que la vestían anteriormente se retiraron, y desde entonces lo hacemos entre los dos. Ha sido una evolución muy positiva.

También se ha notado una mejora en el ajuar de la Virgen, ¿verdad?
 Muchísimo. Antes tenía muy pocos recursos, pero gracias a las donaciones de los hermanos se ha ido enriqueciendo todo. Por ejemplo, algunos fajines los he ido donando yo con el nacimiento de mis hijos, y el vestido lo donaron mis padres. Son pequeños gestos que, sumados, han hecho que hoy la Virgen tenga un vestuario mucho más completo e importante.

Restauración y una procesión en crecimiento

 Además, este año llegaba con una reciente restauración.
 Sí, se ha restaurado hace muy poco y el cambio se ha notado bastante. Por ejemplo, las lágrimas ahora son de cristal; antes eran de silicona, y eso le da una expresión mucho más realista. La imagen en general estaba bastante deteriorada y ahora luce mucho mejor.

 ¿Cómo se desarrolló la procesión en líneas generales?
 Muy bien, la verdad. El tiempo acompañó, que siempre es una preocupación en Domingo de Resurrección, y eso ayudó a que todo saliera perfecto. Se vivió con mucha ilusión y con muchas ganas.

¿Y los momentos más destacados del recorrido?
 Se mantuvieron los actos tradicionales, como la entrega del ramo y la oración en el monumento al Nazareno, además del encuentro y la suelta de palomas. Todo se desarrolló con normalidad y con mucha participación.

En perspectiva, ¿cómo ves la evolución de la procesión en los últimos años?
 Muy positiva. Cada vez participa más gente, hay más nazarenos, más niños… y eso es muy bonito. Se nota que hay implicación y que la hermandad sigue creciendo. Entre todos hemos conseguido que la Virgen y la procesión tengan cada vez más relevancia.

El instante que lo resume todo

Después de lo vivido, ¿con qué te quedas de este año?
 Con la emoción del momento, con verla tan bonita y con que todo salió bien. Fue  un día maravilloso y ojalá siga siendo así muchos años.

Y es precisamente en ese instante, cuando el negro desaparece y el verde asoma entre los pliegues del manto, donde se condensa todo el sentido del Encuentro. Un gesto sencillo, repetido durante años, que vuelve a emocionar como si fuera la primera vez. En ese breve silencio, casi imperceptible entre la multitud, Cuenca se reconoce en sus tradiciones, en las manos que las cuidan y en una emoción que, lejos de apagarse, se renueva cada primavera.

Rafael Torres

Nacido en Cuenca. Estudiante del Grado de Periodismo en 4 ° curso en la Facultad de Comunicación de Cuenca
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