Cuenca ha estrenado emoción, arte y memoria en el Encuentro del Domingo de Resurrección

La procesión ha incorporado una nueva marcha, una corona inédita y gestos de recuerdo que han marcado una mañana luminosa y simbólica

La mañana del Domingo de Resurrección ha dejado en Cuenca mucho más que el cierre de su Semana Santa. Ha traído consigo estrenos que han enriquecido la procesión del Encuentro y han aportado nuevos matices a una tradición profundamente arraigada.

Una marcha que ha tomado la calle

Uno de los momentos más destacados se ha vivido con el estreno oficial de la marcha «Bajo tu Amparo», compuesta por José Luis Torijano. La pieza, dedicada a María Santísima del Amparo, ya se había presentado días atrás en el Concierto del Huerto de San Esteban, pero ha sido hoy cuando ha adquirido toda su dimensión al acompañar el discurrir de la procesión.

El estreno en la calle, a la altura de la Diputación Provincial, ha envuelto el ambiente en una atmósfera especial, donde música y emoción han caminado al unísono ante la mirada expectante de fieles y visitantes.

Memoria presente en los detalles

La Hermandad ha querido que este Domingo de Resurrección también haya sido un día para el recuerdo. Ambos pasos han lucido crespones negros en sus gualdrapas como homenaje a los hermanos fallecidos durante el último año.

Un gesto discreto, pero cargado de significado, que ha recordado que incluso en la celebración de la vida y la Resurrección, la memoria de quienes ya no están sigue muy presente.

Una nueva corona para la Virgen

En el plano patrimonial, la Virgen ha estrenado una nueva corona, realizada por el orfebre José Manuel Bernet, procedente de La Algaba (Sevilla). La pieza ha destacado por su elegancia y riqueza artística, aportando un renovado esplendor a la imagen en una jornada especialmente simbólica.

El brillo de la nueva corona ha acompañado la luz de la mañana conquense, reforzando la belleza de uno de los momentos más esperados de la Semana Santa.

Tradición que se renueva

La procesión del Encuentro ha vuelto a demostrar que la tradición no es estática, sino que se construye también a través de pequeños gestos, estrenos y recuerdos que se incorporan año tras año.

Cuenca ha vivido así un Domingo de Resurrección en el que la música ha sonado por primera vez en la calle, el arte ha estrenado formas y la memoria ha encontrado su espacio entre la emoción colectiva.

Y es que, sin hacer ruido, la mañana ha ido tejiendo una historia nueva sobre el mismo guion de siempre: el de una ciudad que ha sabido mirar al futuro sin dejar de sostener el peso hermoso de su pasado. Entre acordes recién nacidos, metales que han brillado por primera vez y la sobriedad de un crespón negro, Cuenca ha vuelto a encontrarse consigo misma en ese instante fugaz donde todo —la fe, el arte y la memoria— ha cobrado sentido.

/Fotos de Néstor Robayna/

Rafael Torres

Nacido en Cuenca. Estudiante del Grado de Periodismo en 4 ° curso en la Facultad de Comunicación de Cuenca
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