De temporero a tallista, cómo un vendimiador conquense acaba diseñando la mesa de un chef Michelín

Los posacubiertos del Restaurante Casas Colgadas llevan sus vetas de artista

El apellido de Diego Serrano trae inevitablemente a la mente el de los otros dos hermanos que han aportado tanto al panorama cultural y artístico de la ciudad de Cuenca, pues su hermana Paula ha puesto la música al conocido programa de Estival Cuenca. En este caso, Diego es el artesano de la madera, y concretamente de la madera de olivo, desde hace casi dos años.

Se vende por redes y por la difusión que le regalan los grandes chefs de esta ciudad como Jesús Segura: «Fue él quien me vio en Instagram y me contactó. Le regalé una cuchara que le gustó mucho y luego ya me pidió un par de cosillas. Me dijo: ‘esto me vendría bien y lo que te apetezca hacer a ti’. Pero una de las cosas me cuadró más y se lo hice». Así fue como nacieron los posacubiertos de madera de olivo de Cuenca para el chef Michelín en el Restaurante Casas Colgadas, caracterizados por su hendidura en medio para encajar el cuchillo: «Hicimos pruebas midiéndolo todo y puliéndole bien para que quedara de pie y no se cayera».

La metre de Casas Colgadas muestra la creación de Diego Serrano/ Néstor Robaina
Andrea enseña la forma correcta de colocar el cuchillo en la ranura/ Néstor Robaina

En su cuenta @d.serrano.art enseña todo tipo de elementos realizados con madera de olivo que consigue a las afueras de Cuenca: «Entré en la venta de leña y me di cuenta que había pino, sabino, encina…, pero cuando vi los cachitos de olivo pensé que había que aprovecharlo para algo mejor». Las vetas del olivo son un dibujo realmente inspirador para este artista solitario que se gana la vida de temporero en otras ciudades norteñas y países frontera: «Me voy a Asturias a recoger kiwis y vengo de Francia de vendimiar».

Solo cuenta con sus manos y su materia prima para disfrutar de lo que todavía hoy es su hobby. «Tú vas lijando y vas viendo cómo aparecen, ni siquiera sabes con qué te vas a encontrar cuando vas puliendo. Y luego… ¡sorpresa! Es muy satisfactorio ver el proceso y llegó un punto en que esto me gustaba mucho», narraba en el plano emocional. Se pierde entre la sequedad y la humedad de las piezas, soñando con los años de antigüedad del árbol e intuyendo obras de arte a través de las grietas de la corteza. «Yo dibujo, pinto, hago tatuajes, en verdad hago de todo» (risas). Serrano confesó que tiene un amigo que le enseña técnicas para hacerlo mejor, aunque la base se la dio la carrera que empezó a estudiar de Bellas Artes.

Diego Serrano explica su obra artística a El Digital de Cuenca entre una campaña y otra como temporero/ Néstor Robaina

ME GUSTA BAÑARME EN VERANO EN LOS RÍOS DE CUENCA Y A VECES EN INVIERNO

La tierra le tira mucho: «Yo vivo enamorado de Cuenca, de los ríos, las rocas, me gusta escalar, bañarme en verano y a veces en invierno, subir por las sendas…, pero luego ciertas cosas no las aprecian tanto en comparación con otros lugares, ja, ja, ja».

No vive de esto, entre otras cosas porque le gusta rememorar otros tiempos donde se llevaba más el trueque y los acuerdos entre las personas: «Si te gusta algo de lo que hago yo, pues igual a mí me gusta algo de lo que haces tú y lo podemos cambiar. Jesús por ejemplo me conecta con gente». Así, reveló que lo hace «por gusto» más que otra cosa, disfrutando de su pequeño taller casero en sus ratos libres. De hecho, su primera furgoneta camperizada con madera le sirvió para familiarizarse con las herramientas del taladro y la radial hasta que quedó habitable.

Sus cucharas las dibuja primero para ver cómo van a ser: «¡Tienen algo! Quedan tan suaves al tacto…». Y expresó con franqueza: «Dibujar es algo como terapéutico para mí. Cada persona tiene su forma de meditar o conectar con la vida o consigo mismo, algunos dando un paseo, otros estando al sol, pues a mí me pasa dibujando mucho. Me encuentro, me veo ahí. Y luego ya tengo el dibujo como base de todo».

Vive yendo y viniendo, y no ve el momento de asumir un encargo más largo en un mismo sitio: «Un día me vio un hombre mirando los trozos de olivo que iba a recoger y cuando le conté me dijo que era el dueño de un restaurante y me dio su número, pero nunca le hablé»… Lo que sí va aprovechar son los mercadillos pequeños de las fiestas de los pueblos: «Alguna vez he vendido alguna cosilla y ha caído algo» (risas). Siempre es interesante la inquietud artística latente en la ciudad con inesperados conatos de éxito como en este caso.

Más información sobre el ático del Hotel Alfonso VIII en www.restaurantelaterraza.es y en su página de Facebook o cuenta de Instagram.

Almudena Collado

Redactora de El Digital de Cuenca. Nacida en Cuenca. Más de 10 años de experiencia en medios de comunicación en radio y televisión como Cadena COPE, CMM y profesora de Onda Radio en Universidad Francisco de Vitoria.
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