El ganadero César García se merece arrasar por el cortometraje de Arturo Mombiedro «Las ovejas del planeta Tierra«. Ya lo avisó el cineasta a este periódico, pero comprobarlo in situ es otro cantar. Carismático, comunicador, apasionado con lo que le da de comer… Juntos, una fotografía irrepetible. Separados, el deseo de volver a verlos en acción.
«¿Empezamos?», le preguntó César. «¡Siempre hemos empezado!», le contestó Arturo. Y en este plan empezaba la conversación. Sin nervios, sin impostar, al natural. Como ganadero está pensando en la cena de Nochebuena, pero como actor quiere conseguir más votos para ver cómo el campo triunfa en la gran pantalla. Algo que no será muy difícil con la creatividad Mombiedro a sus espaldas, cuyos outfits son igual de llamativos que las coloridas numeraciones de ovejas y corderos en sus blancas pieles lanosas. «Para no armarse un follón», explicó al buen entendedor. El spray ayuda a saber si ha habido algún problema en el parto cuando paren muchas o si hay gemelas.


«Ellas ya saben que hay invitados, hasta yo me he echado colonia y me extrañan ahora mismo. ¡Atila, ven! Este es un ansioso para mamar». Las 160 ovejas del aprisco disfrutaban del heno esa mañana de octubre y de la mirada urbanita que se colaba en sus dominios. En total, más de 1.000 cabezas de ganado.
«¿Y qué te parece el proyecto con Arturo?». «¡De categoría! Vamos triunfando, ¿sabes? De momento estamos teniendo muchos seguidores, nos parece que vamos a ganar siempre y alguna vez no vamos a ganar», pensaba en alto. «¿Las redes sociales las lleva usted?». «¿Pero cómo me dices de usted?», llamó la atención ante semejante algarabía de balidos. Imposible aclararse con el trato.


Esta es la historia de amor entre Arturo y César, cuatro años de relación padre-hijo por mediación de un amigo en común. Al segundo, su pasado en ASAJA le ha posicionado con conocimiento de causa en ADECCU, la Asociación en Defensa del Campo de Cuenca. Al primero, desde Mombi-Entretiéneme no han dejado de lloverle reconocimientos. Resulta fácil darse cuenta de los talentos que comparten ambos en el mundo de la comunicación: «Un día se presentó aquí el colega con un traje blanco, cuatro clavos colgando de las orejas y unas gafas naranjas, y yo por seguir el rollo grabo lo que haga falta y me adapto a lo que él necesite» (risas). El resultado fue el corto seleccionado y un puñado de reels que se difunden como la pólvora en las redes para la promoción.


A esta extravagante pareja no le detiene el barro de la lluvia ni la ventisca a cielo abierto a la hora de descalzarse o desnudarse. «Hace fresco, pero no se coge frío», exclamó García haciendo alarde de tener grasa de reserva en la barriga. Están centrados en su faena, la de actor y director, dando de mamar a los corderillos en el biberón de un sobrino y cortando leña con hacha, sobrados de interés y ganas.
«El cine es de mentira, pero es de verdad, porque este escenario no se puede fingir en una ciudad y los animales no se comportan igual», reflexionaba Mombiedro ya de vuelta a la capital. «¡Qué te haces famoso, César!» (ja, ja, ja).


A Mombiedro las ideas no se le acaban ni tampoco los proyectos, porque ya tiene entre manos el próximo rodaje con Rosario Pardo. Estas ovejas le están dando al joven conquense más alegrías de las que esperaba cuando empezó sus estudios como farmacéutico o cuando montó la productora hace ya dos décadas. Puede que las camisas retro de César y la realidad del campo español cámara en mano escondan alguna sorpresa más pronto que tarde. Quizá sea también la hora del lector de escribir a los extraterrestes para emprender el viaje despojándose de todo lo mundano y sin tantas «apreturas«.


























































































