Las fiestas del barrio de Casablanca ya son una realidad. La plaza de Santa Ana acogió este viernes el acto inaugural de unas celebraciones que arrancaron con reconocimientos a quienes han contribuido a engrandecer la historia del barrio y con un pregón en el que la memoria, la convivencia y el orgullo de pertenencia fueron los grandes protagonistas. El periodista de El Digital de Cuenca, Rafael Torres Muelas, fue el encargado de abrir oficialmente unos festejos que continuarán durante todo el fin de semana. Las autoridades no asistieron por los tres días de luto por el fallecimientos de Isidoro Gómez Cavero, enterrado este pasado jueves.
El barrio de Casablanca volvió a demostrar que sus fiestas son mucho más que un programa de actividades. Vecinos y representantes del movimiento vecinal se dieron cita en la plaza de Santa Ana para participar en un acto cargado de simbolismo que sirvió para dar el pistoletazo de salida a las celebraciones en honor a Santa Ana.
Un homenaje a la historia del barrio
La jornada comenzó con el descubrimiento de una placa en memoria de D. Juan Martínez de Aguilar, propietario de la histórica Casona de Casablanca. La iniciativa, promovida por la Asociación de Vecinos de Casablanca junto al Ayuntamiento de Cuenca, quiso reconocer la figura de una persona estrechamente vinculada a la historia del barrio.
Posteriormente, la presidenta de la Asociación de Vecinos de Casablanca, Mari Carmen Checa, condujo un acto que continuó con la coronación de la Corte Juvenil e Infantil y un reconocimiento a quienes, a lo largo de los años, han tenido el privilegio de pronunciar el pregón.
El recuerdo se extendió también a los pregoneros fallecidos que forman parte de la historia de estas fiestas. Los familiares de Francisco Alarcón y José Ignacio Albentosa recogieron las distinciones en su memoria, mientras que la esposa de Domingo Alfaro recibió el reconocimiento dedicado al que fuera también pregonero de Casablanca.
Un pregón construido desde los recuerdos
El momento central de la tarde llegó con el pregón pronunciado por el periodista Rafael Torres Muelas, que desde el inicio explicó que, aunque nunca ha vivido en Casablanca, el barrio sí ha formado parte de su vida desde la infancia.
Su intervención se convirtió en un recorrido sentimental por algunos de los lugares más representativos del barrio y de la memoria colectiva de muchos conquenses. El antiguo paso a nivel ocupó buena parte del discurso, evocando aquellas esperas frente a las barreras bajadas, el sonido del silbato de la locomotora o el repique de la campana que anunciaba la llegada del tren.

También recordó los paseos hacia el campo Obispo La Plana para jugar los partidos con el equipo del San José Obrero, las visitas al desaparecido bar Cañamares —conocido popularmente como el de la Pilarica—, las verbenas del parque del Vivero durante las fiestas de San Julián, las cabalgatas de Reyes por la avenida de Reyes Católicos, el camino diario hasta el instituto Fernando Zóbel o las tardes de feria atravesando el barrio rumbo a la plaza de toros.
No faltaron referencias a la parroquia de Santa Ana y a la vinculación del templo con la Hermandad de la Borriquilla y la Madre Esperanza, así como a la propia plaza de Santa Ana, convertida durante décadas en punto de encuentro para las familias del barrio.
Reivindicación del movimiento vecinal
Antes de comenzar ese recorrido por los recuerdos, el pregonero quiso detenerse para agradecer la confianza depositada por la Asociación de Vecinos de Casablanca y dedicar unas palabras al trabajo que realizan las asociaciones vecinales de Cuenca.
Torres Muelas destacó la labor altruista de quienes dedican su tiempo a escuchar las necesidades de sus vecinos, reclamar mejoras para sus barrios, organizar actividades y fortalecer la convivencia, asegurando que «hacer barrio es otra manera de querer a Cuenca».
El periodista tampoco olvidó algunos de los retos pendientes de Casablanca, como la situación de los antiguos terrenos ferroviarios o el deterioro del edificio del antiguo bar Cañamares, cuestiones que forman parte de las reivindicaciones históricas del barrio.
El valor de pertenecer a un barrio
El tramo final del pregón estuvo marcado por una defensa del papel que desempeñan los barrios en la construcción de la ciudad. Rafael Torres Muelas recordó «que la grandeza de Cuenca no reside únicamente en su patrimonio monumental, sino también en lugares donde varias generaciones han crecido, hecho amigos y compartido buena parte de sus vidas».
Con ese mensaje de unidad y convivencia declaró oficialmente inauguradas las fiestas entre vivas a Santa Ana, al barrio de Casablanca y a Cuenca, poniendo el broche a un pregón que fue recibido con un largo aplauso por los asistentes.
La primera jornada concluyó con el concierto de la Asociación Musical Virgen de la Luz – Banda de Música de Cuenca, dentro del ciclo Cuenca Cultura a Cielo Abierto, una actuación que contó con la participación de la bailarina Selkis Nuit y que puso el cierre a una noche en la que la emoción dio paso a la música.

Unas fiestas que miran al futuro sin olvidar sus raíces
Con el pregón ya pronunciado y las fiestas oficialmente inauguradas, Casablanca inicia varios días de convivencia, tradición y participación vecinal. La jornada inaugural dejó claro que el verdadero patrimonio del barrio sigue siendo su gente, capaz de mantener vivo un sentimiento de pertenencia que se transmite de generación en generación y que convierte estas fiestas en una de las citas más entrañables del calendario estival de Cuenca.
/Fotos de Néstor Robayna/


















































































































































