A las 18:00 horas, los diablos de la Endiablada de Almonacid del Marquesado han salido de su sede rumbo al cementerio en uno de los actos más simbólicos —y menos conocidos— de la fiesta. Ataviados con sus característicos trajes y cencerros, han recorrido las calles del municipio hasta llegar al camposanto, donde han rezado un padre nuestro para después volver de nuevo a su sede. Un recorrido que no será el último del día, ya que a las 20:00 horas volverán a salir haciendo sonar sus cencerros por última vez en este 2026.

Un recuerdo para los que ya no están
La visita al cementerio tiene un profundo significado para los participantes. Tal y como explica Julián Sánchez Martínez, palillero e investigador de la Endiablada, el acto sirve para honrar a quienes fueron diablos y ya han fallecido.
El vínculo con la Endiablada, asegura, no termina con el cargo ni con la vida. «Los diablos son diablos el tiempo que les toca o que pueden, pero digamos que el ser diablo es una cosa que te marca de por vida». De hecho, cuando uno de ellos fallece, toda la Endiablada lo acompaña hasta el cementerio el día del entierro.
Determinar desde cuándo se realiza esta visita resulta casi imposible. Como ocurre con muchos elementos de la Endiablada, su origen se pierde en el tiempo. Según el investigador, se trata de un rito añadido con el paso de los siglos, que combina elementos de una fiesta originalmente pagana con un sentimiento religioso posterior.

De las enmascaradas paganas al cristianismo
La Endiablada forma parte del grupo de las enmascaradas invernales, celebraciones que hunden sus raíces en épocas muy anteriores al cristianismo. «Se originan en tiempos anteriores a los romanos incluso», apunta Sánchez, quien recuerda su relación con fiestas como las saturnales (honraban a Saturno con banquetes, regalos y una inversión de roles sociales durante el solsticio de invierno) o las lupercales (fiestas romanas de fertilidad y purificación consagradas al dios Luperco, caracterizadas por ritos de iniciación salvajes y considerados precursores de San Valentín).
Con el paso del tiempo, estos rituales se cristianizaron hasta convertirse en una fiesta cristianizada.
La fiesta aún no termina
Aunque la visita al cementerio marca uno de los momentos más solemnes, la Endiablada todavía tiene recorrido. Esta tarde, a las 20:00 horas, los diablos volverán a salir recorriendo las calles del municipio, poniendo punto y final a la Endiablada.
No obstante, el día 4 de febrero es festivo en Almonacid del Marquesado y es conocido como «San Blasillo». Las danzantas recorrerán el municipio durante toda la mañana haciendo sus tradicionales paloteos, dejando claro que la Endiablada no se limita a un par de días, sino que se vive como un ciclo que une memoria, tradición y comunidad.
