Ni el cielo puede con los diablos: el estruendo de 1.500 años que hace temblar a un municipio de Cuenca

Ni la lluvia frena, ni el frío frenan una de las tradiciones más sobrecogedoras de España, donde el estruendo de los cencerros, la danza ancestral y la devoción popular se funden en honor a San Blás

Almonacid del Marquesado se ha entregado un año más a San Blas como solo sabe hacerlo: con ruido, color, emoción y una fidelidad absoluta a una tradición que se transmite desde hace siglos. La Endiablada ha vivido su día grande envuelta en una climatología cambiante que, lejos de frenar la celebración, ha añadido épica a una procesión que ha vuelto a estremecer a vecinos y visitantes.

El rito comienza en la plaza

La jornada ha arrancado en la plaza con las danzantas como protagonistas. Ataviadas con sus trajes tradicionales, han abierto la celebración con dos bailes ancestrales que funcionan como umbral simbólico de la fiesta.

Foto: Bailes de las danzantes antes de la procesión de San Blas en Almonacid del Marquesado / Néstor Robayna

Primero, la danza del “cordón”, en la que se han dispuesto circularmente sosteniendo cintas que se han trenzado alrededor de un largo madero central. Después, “la culebra”, una coreografía viva y serpenteante en la que las danzantas han ido saliendo de la formación para adoptar una disposición lineal sinuosa, regresando finalmente a su posición inicial.

Tras los bailes, danzantas, dulzainas y tambores han iniciado el recorrido hacia la parroquia, seguidos por los diablos, que han marcado el paso con el inconfundible sonido de sus cencerros.

Una explosión de sonido y color dentro del templo

Uno de los momentos clave se ha vivido con la entrada de todos en la parroquia. El estallido de los cencerros y el impacto visual de los trajes de los diablos han provocado una auténtica explosión sensorial que ha hecho temblar el templo, encogiendo el corazón de los almonacideños o «gangorros», tal y como se les conoce.

Foto: Los diablos entran en la parroquia y se sitúan frente a San Blas / Néstor Robayna

De forma puntual, a las 12:30 en punto, San Blas ha salido de la Parroquia de Santiago Apóstol entre el estruendo de los cencerros y los gritos de “¡Viva San Blas!” lanzados por los diablos, que han roto el silencio de la plaza. Justo en ese instante, la lluvia ha hecho acto de presencia tras una mañana sin precipitaciones, empañando brevemente el momento. Sin embargo, pocos minutos después, como si de un milagro se tratara, el sol ha vuelto a asomar devolviendo la luz a las calles y permitiendo que la procesión continuara con normalidad.

Más de una hora de júbilo por las calles

Durante la procesión, los diablos han vuelto a ser el alma desbordada del recorrido. Delante de la imagen de San Blas y portando en este día la mitra episcopal en su recuerdo, han danzado y saltado sin descanso, lanzándose en carreras a gran velocidad por las calles del pueblo, profiriendo vítores cargados de emoción y realizando un esfuerzo extraordinario. Cada salto, cada carrera y cada grito de “¡Viva San Blas!” ha sido una muestra de devoción física y visceral, una entrega total al patrón que convierte la Endiablada en una experiencia difícil de olvidar.

Foto: Los diablos corren en la procesión de San Blas de Almonacid del Marquesado / Néstor Robayna

Tras la imagen de San Blas han marchado las danzantas, mientras las calles de Almonacid del Marquesado se han llenado de júbilo, música y visitantes, a pesar de la climatología adversa. La procesión ha recorrido el pueblo durante más de una hora, convirtiendo cada rincón en un escenario de devoción y tradición.

“Es una fiesta que siempre se celebra, haga el tiempo que haga”

El alcalde de Almonacid del Marquesado y presidente de la Diputación de Cuenca, Álvaro Martínez Chana, ha destacado que la fiesta ha transcurrido con normalidad pese a la lluvia: “Salvo el tiempo, que está siendo un poco distinto, no estamos acostumbrados a que llueva, la fiesta va transcurriendo como siempre, guardando y respetando esa tradición tan antigua que se nos ha transmitido durante siglos a través de la tradición oral”.

Preguntado sobre la afluencia de público de este año, que parece que ha sido menor por las condiciones climatológicas, Chana ha señalado que el mal tiempo no ha sido un freno para la gente de Almonacid: «Es una fiesta que independientemente del tiempo siempre se celebra. Atrae a muchos visitantes de todo el país y del extranjero. Los diablos y las danzantas están preparados para todo”.

Foto: Los diablos reciben a San Blas antes de salir en procesión / Néstor Robayna

Aunque tanto la Candelaria como San Blas constituyen los dos grandes pilares de la Endiablada, el alcalde ha reconocido que el 3 de febrero tiene un pulso especial: “San Blas tiene un toque distinto. Parece que los diablos recobran energía y lo hacen con más fuerza”.

La procesión de San Blas es, sin lugar a dudas, su momento favorito: «Ver a esos diablos saltando y danzando por la calle es algo que, aunque lo veas durante años, nunca se acaba de asimilar. Siempre emociona”.

La emoción vuelve a la iglesia

Tras más de una hora de procesión multitudinaria y estremecedora, ha tenido lugar la misa. Al finalizar la parroquia de Santiago Apóstol se llena por completo. Las danzantas permanecen frente al altar, mientras los diablos vuelven a entrar en el templo haciendo sonar con fuerza sus cencerros y avanzando con la porra en alto. El estruendo vuelve a sobrecoger a los asistentes hasta que, poco a poco, el ruido se detiene y deja paso a uno de los momentos más solemnes y simbólicos de la Endiablada: la danza del arado.

Foto: Baile del «arao» de las danzantas de Almonacid del Marquesado / Néstor Robayna

Acompañadas por el sonido de sus castañuelas, las danzantas comienzan a bailar mientras una voz entona la canción del arado. Una a una, van ofreciendo piezas de madera al palillero, que las recibe y las va ensamblando con precisión hasta formar el arado completo. Cuando la estructura queda terminada, el palillero se une a la danza y todos bailan con energía ante la imagen de San Blas, mientras los diablos aplauden de una forma particular: haciendo sonar sus cencerros.

El rito continúa con la intervención de la alcaldesa de las danzantas, que comienza a recitar los dichos, cargados de tradición, emoción y, en algunos casos, con un punto de humor. Tras cada intervención, las danzantas vuelven a danzar y a ofrecerlos simbólicamente a la figura de San Blas, siempre acompañadas por el sonido constante de los cencerros. La emoción se apodera del templo y no faltan las lágrimas entre los asistentes.

Foto: Las danzantas ofrecen dichos a San Blas / Néstor Robayna

Finalmente, tras una última recitación, los diablos se arrodillan ante San Blas y el silencio se impone por unos instantes en la parroquia. Poco después, el sonido de los cencerros vuelve a romperlo todo: los diablos se levantan, reanudan la danza y pasan uno tras otro frente a la imagen del santo, cerrando un ritual que combina devoción, esfuerzo físico y una emoción difícil de contener.

Rumbo al Interés Turístico Nacional

Consultado por este medio, Martínez Chana ha confirmado que el objetivo es que la Endiablada sea nuevamente declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional: «Ya lo fue desde 1969 durante décadas. Ahora hemos presentado un dossier muy completo y esperamos que la Junta lo valide pronto y que el Ministerio lo ratifique”.

Foto: Los diablos se arrodillan ante San Blas / Néstor Robayna

Y ha concluido con rotundidad: “Por impacto y repercusión mediática, no solo en España sino en todo el mundo, esta fiesta lo merece. Hay muy pocas que se puedan igualar. Ese reconocimiento está escrito para la Endiablada”.

Cuando la tarde comienza a caer, los cencerros se apagan poco a poco y el silencio vuelve a ocupar las calles de Almonacid del Marquesado. Los diablos se despiden hasta el próximo año con la certeza de haber cumplido de nuevo con su cometido: sacar a sus imágenes, honrarlas con danzas imposibles y mantener viva una tradición que no entiende de calendarios ni de meteorología.

La Endiablada se siente en el pecho cuando los cencerros retumban dentro de la iglesia, en los saltos incansables de los diablos, en el trenzar paciente de las cintas y en los vítores que acompañan al santo protector de la garganta y patrón del municipio. Mientras haya quienes se vistan de diablo, quienes dancen y quienes esperen en las calles, San Blas seguirá saliendo puntual, y Almonacid seguirá su tradición de más de quince siglos de antigüedad.

Alba Soledad Moya

Natural de Cuenca. Graduada en Periodismo por la UCLM. Experiencia en medios de comunicación como CMM o La Sexta.
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