Durante casi tres meses, la antigua alfarería Pedro Mercedes ha demostrado que puede ser mucho más que un edificio cerrado. Este pasado sábado 27 de diciembre, entre las 18:00 y las 21:00 horas, el Centro Cultural y Artístico se despidió con una jornada festiva que pondrá fin a una micro‑temporada marcada por la creación, la participación y la educación cultural. Una despedida que llega con una pregunta incómoda para la ciudad: ¿de verdad Cuenca puede permitirse cerrar de nuevo un espacio así?

Este pasado sábado 27 de diciembre, entre las 18:00 y las 21:00 horas, el Centro Cultural y Artístico Alfarería Pedro Mercedes celebró una jornada festiva para despedir el año y cerrar una micro‑temporada que, durante casi tres meses, ha devuelto la vida cultural a uno de los espacios patrimoniales más singulares de la ciudad. Música, baile y encuentro sirvieron como colofón a una experiencia que ha demostrado, una vez más, el enorme potencial del alfar como motor cultural para Cuenca.
Bajo la gestión de La Mosa Lab, el centro ha desplegado una programación diversa y abierta que ha convertido la antigua alfarería en un lugar de creación, pensamiento y participación ciudadana. Sin embargo, esta despedida no llega acompañada de certezas. Todo lo contrario. Tras el cierre de esta etapa, el edificio volverá a permanecer cerrado en 2026, sin previsión de reapertura por el momento.

No se trata —insisten desde el equipo gestor— de una falta de voluntad o de proyecto. Quienes han trabajado en el CCA Alfarería Pedro Mercedes aseguran haber agotado todas las vías posibles para dar continuidad a la actividad cultural. El cierre indefinido, advierten, supone un riesgo real para la conservación del edificio y del valioso patrimonio material e inmaterial que alberga, además de una pérdida evidente para la vida cultural de la ciudad.
Tres meses de creación y compromiso cultural
Durante este tiempo, el centro ha acogido una intensa programación cultural impulsada tanto desde la propia gestión como por asociaciones, colectivos y profesionales del ámbito artístico y social. Propuestas escénicas, talleres, encuentros de pensamiento y acciones de creación colectiva han encontrado en el alfar un espacio donde desarrollarse de forma abierta y gratuita.
Entre las iniciativas desarrolladas destacan la obra teatral La noche de mis vecinas, de Sofía TT, enmarcada en la III Jornada de Mujeres Creadoras organizada por la Asociación Nosotras; el Atelier de reciclaje de chistes: Se abre el telón y se cae el del medio, impartido por Damián Montesdeoca dentro del proyecto Experimenta; o la undécima sesión de Sagita Magma, centrada en el diálogo «¿Quién contará nuestra historia? Identidad, memoria y márgenes del olvido», con la participación de investigadoras de las universidades Autónoma de Madrid y Sevilla.

La danza y el cuerpo como herramienta de expresión estuvieron presentes en talleres como Articulando el cuerpo vegetal, de Cristina Khai, y Sol Sal, un rito corporal para celebrar el solsticio impartido por Aila Aioa. La memoria colectiva también tuvo su espacio con San Antón imaginado, un taller de dibujo centrado en la historia del barrio, conducido por Berta Heras, Nuria González y Alba Vidal.
El patrimonio explicado a las nuevas generaciones
Uno de los ejes más destacados de esta etapa ha sido el programa de visitas didácticas, una línea de trabajo en la que el equipo gestor ha puesto especial empeño. Desde un enfoque pedagógico, sensible y adaptado a las distintas edades, estas visitas han buscado transmitir al alumnado una visión del patrimonio alejada de lo meramente monumental.
Siguiendo la herencia de Pedro Mercedes, el discurso ha puesto el acento en el patrimonio como forma de vida, como memoria de quienes habitaron y trabajaron el espacio durante siglos y como un misterio capaz de despertar la imaginación colectiva. Pero también como una herramienta para el presente y el futuro.

Además, las visitas han querido convertir a los participantes en protagonistas del hecho artístico, fomentando la creación, la experimentación y la expresión personal a través del cuerpo y las manos, lejos de las pantallas y de lo digital.
Participación educativa y balance final
Numerosos centros educativos de Cuenca han participado en este proyecto, entre ellos el CEIP El Carmen, CEIP Hermanos Valdés, Colegio Sagrada Familia, IES Alfonso VIII, IES San José, IES Hervás y Panduro, así como el Programa de Español para Extranjeros de la Universidad de Castilla‑La Mancha. Otros centros no pudieron sumarse finalmente debido a la falta de tiempo provocada por el cierre del espacio.
En total, 345 personas, desde los 4 años hasta la edad adulta y pertenecientes a todos los niveles educativos —Educación Infantil, Primaria, ESO, Formación Profesional y Universidad— han pasado por el CCA Alfarería Pedro Mercedes durante estos meses.
Una despedida con llamada a la implicación ciudadana
Conscientes de la pérdida que supondría el cierre indefinido del alfar para Cuenca, un grupo de personas ha impulsado una recogida de firmas para intentar evitarlo. La iniciativa pretende visibilizar la preocupación ciudadana y reclamar que este espacio único no quede condenado al abandono y al deterioro.
La experiencia vivida durante estos meses deja una evidencia difícil de ignorar: el CCA Alfarería Pedro Mercedes funciona cuando se abre a la ciudad. La pregunta ya no es si tiene sentido mantenerlo vivo, sino si Cuenca puede permitirse el lujo de perderlo.