Desde El Digital de Cuenca hablamos con Tomás Mercedes, hijo del célebre alfarero Pedro mercedes, que expresa con claridad la preocupación compartida por muchos conquenses ande la decadencia yu cierre des especio dedicado a este artista conquense.
¿Cómo está viviendo la familia de Pedro Mercedes esta situación?
Con resignación, pero también con esperanza. Entendemos que los procedimientos administrativos requieren tiempo, pero no deja de ser frustrante ver cómo un espacio tan simbólico permanece cerrado tanto tiempo. Sobre todo, cuando hay voluntad política, financiación y un proyecto ya consolidado. Es doloroso ver el horno de Pedro en silencio.
¿Cuál era el objetivo del alfar cuando se reabrió en 2022?
Que no fuera un museo muerto, sino un espacio vivo. Un lugar donde se respirará barro, creación, encuentro, formación… Y así fue: se convirtió en un hogar para artistas, en una referencia cultural, en un punto de encuentro para ciudadanos y visitantes. Se logró algo muy especial. Por eso este parón es tan incomprensible.

La gestión del espacio por Lamosa fue muy bien valorada. ¿Qué destacaría de esa etapa?
Todo. Su capacidad para dinamizar el espacio, para atraer a jóvenes, para conectar tradición con contemporaneidad. En los casi dos años que estuvo abierto, se hicieron talleres, exposiciones, residencias artísticas, visitas guiadas… Más de 6.000 personas pasaron por allí. Y todo eso ahora está parado por un trámite.
¿Se os ha informado desde el Ayuntamiento o desde la concejalía de Cultura?
Sabemos que tienen voluntad de reabrirlo. Lo han dicho públicamente: «Tenemos el dinero y las ganas, pero falta un informe burocrático». Pero cuando se han anunciado fechas como «primavera» o «antes del verano», y luego no se cumplen, uno empieza a perder la confianza. Lo que pedimos es que se agilicen los trámites, que se priorice un lugar tan importante.
¿Por qué considera que este cierre trasciende lo cultural?
Porque Pedro Mercedes no es solo un artista: es parte del alma de Cuenca. El alfares memoria, es identidad, es una oportunidad para enseñar a las nuevas generaciones lo que fuimos y lo que podemos seguir siendo. No es solo una sala de exposiciones: es el horno donde nació una forma de mirar el arte. Mantenerlo cerrado es como taparlos ojos a la ciudad.

¿Qué pediría a las instituciones implicadas?
Partiendo de la buena voluntad demostrada por nuestro Ayuntamiento, que tratende trabajar con más agilidad y sensibilidad. Que entiendan que los espacios culturalesno pueden depender de expedientes eternos. Que este alfar no es propiedad deninguna administración: es patrimonio de toda Cuenca. Y que cada mes cerrado es unaoportunidad perdida para la educación, el turismo, la vida cultural…
¿Cree que se reabrirá pronto?
Quiero pensar que sí. Sobre todo, tras lo comentado ayer, en este mismo periódico por la concejal de Cultura, https://eldigitaldecuenca.com/2025/08/02/la-burocracia-retrasa-la-apertura-de-este-centro-cultural-en-cuenca/
Mientras tanto, cada día que pasa es un día más de silencio. Y Pedro Mercedes no creó para el silencio: creó para que su arte siguiera inspirando. Desde la familia estamos intentando que así sea, con acciones y exposiciones fuera de Cuenca. En la Casa Museo Don Bosco de Ronda, por ejemplo, hay obra permanente suya, y recientemente se celebró una exposición. Que ha dado lugar a un nuevo encuentro cultural en preparación, en el que participará el Ayuntamiento de Ronda —posiblemente con presencia de su alcaldesa— y los Salesianos, propietarios de la casa.
En ese contexto se hablará del vínculo entre Cuenca, Ronda y la comunidad salesiana, que también forma parte de la historia de Pedro. Además, en Valencia estamos en trámites para ceder piezas al Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias «González Martí», y próximamente se hará un acto oficial de presentación donde se mencionará expresamente a Cuenca y al alfar como origen del artista.
Todo esto demuestra que el legado sigue vivo y proyectándose, pero también que estamos perdiendo una oportunidad: cuando alguien se interesa, quiere venir y descubre que el espacio está cerrado, duele.
Porque el horno sigue encendido simbólicamente, pero necesita volver a respirar en su lugar natural.