El alma detrás del cierre del hospital que ha marcado una época en Cuenca

Urgenciólogos, celadores y gerentes relatan más de seis décadas de historias, emociones y dedicación en el hospital Virgen de la Luz

Corría el año 1964 cuando un nuevo espacio sanitario abría sus puertas en la capital. Lleno de ilusión y de esperanza, nadie podía imaginar la evolución que tendría ni lo esencial que llegaría a ser en la vida de los conquenses. La Residencia Sanitaria ‘Virgen de la Luz’ nacía con la misión de mejorar la asistencia, la docencia y la investigación, y con el paso de los años se fue consolidando como un referente provincial.

Más de seis décadas cuidando vidas

Desde su inauguración, el hospital ha sido testigo de historias humanas que se entrelazan con su propia evolución: de médicos que comenzaron su carrera entre sus pasillos, de celadores y auxiliares que acompañaron a generaciones de pacientes, de profesionales que hicieron del servicio y la dedicación su razón de ser. Cada ampliación, cada nuevo servicio, cada reforma no solo transformaba el edificio, sino también la experiencia de quienes trabajaban y se atendían en él.

El edificio principal, con sus áreas de hospitalización, quirófano y urgencias, comunicaba con otros dos espacios que albergaban administración, investigación y consultas externas, conformando un entramado que durante más de seis décadas que ha cuidado a miles de personas y salvado innumerables vidas. En cada rincón, desde la lavandería hasta la centralita, se han forjado vínculos que hoy forman parte de la memoria del hospital.

El final de una etapa y el inicio de otra

Desde este viernes 19 de diciembre, mientras se cierra un capítulo histórico y el Hospital Universitario de Cuenca abre sus puertas, la ciudad se despide del Virgen de la Luz con gratitud, recuerdos y la certeza de que el legado humano y profesional que aquí se ha construido seguirá vivo en cada gesto de cuidado, en cada historia compartida y en cada paciente atendido.

La gestión como motor del cambio

En ese recorrido por la historia reciente del hospital, la gestión también ha sido una pieza clave para entender su evolución.

Manuel Tordera llegó al Hospital Virgen de la Luz en 2010 como gerente, procedente de los Servicios Centrales de Toledo, donde trabajaba ligado principalmente a la atención primaria. Su llegada marcó el inicio de una etapa de transición, apertura y coordinación entre profesionales de distintas áreas. “Los primeros pasos fueron conocer a los profesionales, escuchar sus problemas y empezar a intentar solucionarlos dentro del guion que nos daba el SESCAM”, recuerda a El Digital de Cuenca.

Durante su gerencia, Tordera se enfrentó a retos técnicos y organizativos, como la implantación del código ICTUS y la dotación de equipamientos innovadores. Su enfoque siempre fue integrador: unificar a los distintos equipos del hospital, desde médicos y enfermeros hasta personal de cocina, mantenimiento o lavandería, para lograr que todos trabajaran coordinados. “Sin uno, sin otro, las cosas son problemáticas. En aquella época se trabajó en ese sentido bastante bien”, subraya.

Su etapa al frente del hospital coincidió con momentos clave de la historia de la provincia en el ámbito sanitario, como la colocación de la primera piedra del nuevo hospital en 2011, un proyecto que veía como un salto cualitativo y cuantitativo para la sanidad conquense.

“Hay que mirar siempre el futuro porque este hospital es del siglo XXI ya, ya no es un hospital del siglo pasado”, afirma Tordera, recordando los enormes cambios que ha vivido la sanidad conquense.

Foto: Manuel Tordera, ex gerente del Hospital Virgen de la Luz/ Néstor Robaina

“El cambio es tremendo. El cambio ha sido un salto al futuro cualitativo y cuantitativo”, añade, destacando cómo la modernización de las infraestructuras y la incorporación de nuevas técnicas transforman la atención a los pacientes.

Del mismo modo, Manuel destaca cómo la medicina ha cambiado: intervenciones que antes requerían largas hospitalizaciones ahora son ambulatorias, y la infraestructura del nuevo hospital permite aplicar técnicas y equipamientos de última generación, como robots quirúrgicos y quirófanos modernos.

A pesar de su jubilación en 2021, Tordera siguió vinculado al hospital y participó activamente en el complejo proceso de traslado al nuevo Hospital Universitario de Cuenca algo que llena de satisfacción porque contaran con él para este traslado. Describe la coordinación como un trabajo “complejo”, pero al mismo tiempo “rápido” con una dedicación de varias personas que han trabajado en “cuerpo y alma” en diferentes aspectos como pueden ser la revisión de instalaciones, planificación de consultas, traslado de laboratorios, farmacia, cafeterías y atención a los pacientes para garantizar que todo funcionara sin interrupciones. “A ese equipo humano le pongo un diez”, señala.

Manuel no oculta la carga emocional de despedirse del Virgen de la Luz: “Es la casa de unos, con compañeros que llevan 20 o 30 años trabajando allí. El espíritu va a ser el mismo, porque son los mismos profesionales lo que pasa es que el antiguo siempre te da un poco de pena como cuando te mudas de casa, pero también es muy agradable porque es un cambio a mejor, no a peor”.

Finalmente, deja un mensaje de confianza y esperanza tanto para los profesionales como para los ciudadanos: el equipo humano permanece, la infraestructura es moderna y la sanidad conquense seguirá avanzando. “A los ciudadanos les diría que no se apenen” porque aunque haya dejado el antiguo Virgen de la Luz muchos buenos momentos Tordera resalta que “no duden de que este nuevo hospital les va a dar unos momentos mejores, inclusive, del anterior, porque está más dotado con profesionales más modernos”, concluye.

Pero si hay un lugar donde se han vivido las emociones más intensas, ese ha sido sin duda el día a día asistencial.

Cuando el hospital es algo más que un trabajo

Juan Ramón Toledo llegó al Hospital Virgen de la Luz en enero de 1992. Natural de Tarancón, se trasladó a Cuenca con muchas ganas de trabajar y durante 34 años ha desarrollado toda su carrera profesional en este centro. Especialista y doctor en Medicina Interna, ha trabajado tanto en medicina interna como en urgencias, formando y guiando a generaciones de médicos jóvenes.

Para Juan Ramón, el Virgen de la Luz ha sido mucho más que un lugar de trabajo: “El hospital ha sido mi casa, ha sido mi centro de aprendizaje médico, mi refugio, un sitio de orgullo y donde he transmitido mis conocimientos a los más jóvenes”. Recuerda con cariño la rutina diaria, la convivencia con colegas y el espíritu familiar que siempre reinó en el hospital.

A lo largo de su trayectoria, Juan Ramón tuvo referentes que marcaron su carrera: el doctor José Nieto en medicina interna, Rubén Paz en urgencias, Joaquín del Amo en traumatología y Félix González en neurología. “De ellos he aprendido mucho”, dice, destacando la importancia de la formación continua y de la transmisión de conocimientos a los médicos más jóvenes.

Entre los hitos de su carrera, recuerda especialmente la gestión de urgencias durante la pandemia de COVID-19, cuando su servicio asumió un papel crucial en la atención a pacientes graves ante la escasez de recursos en la provincia: “Fuimos uno de los pocos hospitales que echamos un pie hacia adelante para afrontar esta situación”.

Juan Ramón destaca la transformación del hospital a lo largo de los años: desde un edificio antiguo hasta la preparación del nuevo Hospital Universitario de Cuenca. “Vamos a dar un salto cualitativo en la sanidad para los conquenses”, afirma. Considera que la calidad del servicio ofrecido siempre ha sido excelente, comparable a la de grandes hospitales de España.

El cierre del Virgen de la Luz le genera emociones intensas, más aún si se tiene en cuenta que las urgencias han sido de los últimos servicios en trasladarse dentro del calendario de planificación al nuevo Hospital Universitario de Cuenca. El jefe de sección de urgencias recuerda como cuando se fue el último paciente, aquel día fue un punto de inflexión ya que sintió que se cerraba un círculo en su trayectoria profesional. “Estoy muy triste. Hice un vídeo para mí recorriendo todas las dependencias ya vacías y se me saltaban las lágrimas porque he vivido mucho más tiempo allí que en mi casa y por supuesto estoy muy agradecido por haber vivido de todo eso”.

Además, resalta que es un sitio donde se ha encontrado muy “a gusto” y donde al ponerse la bata, pasar la puerta e incorporarse a su puesto de trabajo, dejaba los problemas a un lado “como si fuera un incentivo en mi vida”.

Juan Ramón confía en la nueva etapa que representa el Hospital Universitario donde se presenta un “cambio radical con muchos médicos jóvenes” con el objetivo de que “los jóvenes que se vayan incorporando tengan que echar un paso adelante” algo que destaca “están haciendo”. Juan Ramón pone en valor la figura del actual gerente, José Antonio Ballesteros como la persona que ha capitaneado todo este cambio y considera que el nuevo Hospital Universitario de Cuenca va a ser un “cambio total” donde considera que los profesionales que lo integran deben estar a la altura del edificio construido.

A su juicio, no cree que haya mejor hospital en España y prácticamente en Europa de estas características. Asimismo, asegura que los urgenciólogos y el personal sanitario seguirán trabajando con la misma dedicación y cercanía hacia los pacientes.

Su mensaje es de seguridad y continuidad: “No duden que seguimos igual y las nuevas generaciones que vienen están aprendiendo de nosotros la manera de enfocar la profesión médica y que seguirán orgullosos de todos nosotros, de los urgenciólogos y sobre todo de todos los hospitales generales”.

Los pilares silenciosos del hospital

Más allá de médicos y gestores, el hospital se ha sostenido durante décadas gracias a profesionales cuya labor muchas veces pasa desapercibida.

Mari Ángeles Martínez, conocida también como Marian, llegó al Hospital Virgen de la Luz en el verano de 1993 y desde entonces ha desarrollado toda su carrera vinculada a este centro. Comenzó trabajando en Lencería, donde pasó 22 años, y posteriormente accedió al puesto de celadora y luego a la centralita del hospital, lo que le permitió conocer en profundidad todos los servicios.

Durante su etapa en la centralita, Marian descubrió otra forma de cuidar, menos visible pero igual de necesaria. Al otro lado del teléfono atendía a personas mayores que llamaban buscando orientación, ayuda o simplemente alguien que les escuchara. “Hay mucha gente perdida, que no sabe a quién acudir”, explica. Por las mañanas, la centralita canaliza llamadas internas entre servicios y consultas de usuarios que buscan localizar secretarías o hablar con familiares ingresados. Pero por las tardes, cuando el hospital se calma, muchas llamadas tienen otro trasfondo: la soledad.

Personas que viven solas, que no se encuentran bien o que dudan si deben acudir al médico o a urgencias. En esos momentos, Marian y sus compañeros ofrecían algo más que información: ofrecían calma, escucha y calor humano. “A veces solo necesitan que alguien les escuche”, cuenta, recordando cómo, tras hablar con ellos y tranquilizarlos, muchos se quedaban en casa. Un servicio discreto, poco conocido, que también combate la soledad y demuestra que el hospital cuida incluso cuando nadie cruza sus puertas.

Foto: Mari Ángeles/ Cedida

Finalmente, asumió hace un año la jefatura de personal subalterno, supervisando a los celadores y el personal de apoyo en el hospital.

Para Marian, el Virgen de la Luz ha sido un lugar donde maduró profesional y personalmente: se casó, tuvo a sus dos hijos y vivió la rutina diaria de un hospital con fuerte sentido de equipo y camaradería. Destaca la unión entre compañeros y la cercanía con los jefes que tuvo, como Ángel Casero y Julián Muñoz, de quienes aprendió mucho.

Marian resalta la importancia de los celadores como el primer contacto del paciente con el hospital: “Un hospital es un engranaje, y el primer engranaje es un celador”. Los celadores acompañan a los pacientes, apoyan al personal sanitario y se encargan de la logística del hospital, incluyendo el traslado y montaje del nuevo edificio. Subraya la humanidad que se mantiene en el trabajo, cuidando y acompañando a los pacientes con cercanía y empatía, incluso en situaciones complicadas como la pandemia de COVID-19.

Marian recuerda cómo, recién llegada como celadora, tuvo que enfrentarse a la crisis sanitaria: “Era como ir a la guerra, pero el poder acompañar a la gente, que no se sintiera sola, fue muy gratificante y positivo”. Esta experiencia reforzó su valoración de la calidad humana y el compromiso de todo el personal del hospital.

El cierre del Virgen de la Luz genera en Marian emociones encontradas: pena por abandonar un edificio lleno de recuerdos y vivencias, pero ilusión por el nuevo hospital, más moderno, espacioso y cómodo. Resalta la organización y la coordinación del equipo durante el traslado, donde los celadores desempeñaron un papel clave en el desmontaje, transporte y montaje de los servicios.

Marian también subraya la evolución que ha vivido la sanidad conquense a lo largo de los años, paralela al crecimiento del propio hospital. Recuerda cómo el Virgen de la Luz fue ampliándose para responder a nuevas necesidades y cómo ese camino culmina ahora en el Hospital Universitario de Cuenca. “Este impresiona mucho”, reconoce, destacando la magnitud y la belleza del nuevo edificio, que ha generado ilusión entre los profesionales. Aunque desde fuera pueda parecer complejo, asegura que su funcionamiento es sencillo y práctico: “En cuanto conoces el eje central, conoces todo el hospital; al final son cuatro pasillos”. Una idea que transmite tranquilidad y confianza ante una nueva etapa que, aunque distinta, sigue pensada para facilitar el trabajo de los profesionales y la atención a los pacientes.

Destaca el incremento de personal y la mejora de los servicios, garantizando que el hospital siga prestando atención con cercanía, profesionalidad y humanidad.

Marian quiere agradecer a todos los compañeros y superiores con los que ha trabajado, así como resaltar el valor de cada trabajador del hospital: “Sé que tengo una gran responsabilidad, pero también tengo una gran dedicación. Intentaré siempre tomar las mejores decisiones por el bien de todos. Si tengo que rectificar, estoy siempre para escuchar y mejorar lo que podamos”. Su visión del hospital es la de un lugar de esfuerzo, solidaridad y compromiso, donde cada persona es valorada y necesaria.

El cierre que se hizo con respeto

El cierre definitivo del Virgen de la Luz y la apertura del nuevo Hospital Universitario han tenido en José Antonio Ballesteros a su principal coordinador.

El actual gerente del Área Integrada de Cuenca, José Antonio Ballesteros, vivió aquel día de despedir el Virgen de la Luz como un auténtico desbordamiento emocional. Un cierre cargado de nostalgia, pero también la culminación de un horizonte largamente soñado. Reconoce que para él, como para tantos profesionales, las horas del pasado viernes 19 de diciembre fueron siendo intensas: “Hemos pensado y soñado mucho con este día”, afirma, subrayando que nada ha sido improvisado. El Hospital Virgen de la Luz, insiste, no se podía cerrar “de un portazo”. Tras más de seis décadas de servicio, merecía una despedida a la altura de lo que ha significado para Cuenca. “Me gusta decir que se jubila”, explica, porque ha dado todo lo que tenía y se ha despedido lleno de sentimiento, gratitud y reconocimiento por parte de quienes lo han habitado profesionalmente durante años.

Foto: José Antonio Ballesteros, gerente del Área Integrada de Cuenca / Néstor Robaina

Ballesteros pone el acento en que este proceso no ha sido obra de una sola persona ni de una decisión puntual, sino el resultado de un trabajo colectivo y milimétrico en el que han participado más de dos mil profesionales. Un proyecto pensado durante años, diseñado paso a paso, con tiempos estratégicos marcados desde mucho antes de que comenzara el traslado. Desde la creación de una oficina técnica con perfiles muy diversos —ingenieros, personal de suministros, celadores— hasta un centro coordinador que ha trabajado durante más de quince meses exclusivamente en el proceso de mudanza, cada detalle ha sido planificado para que nada fallara. Especialmente delicada ha sido, subraya, la semana del cierre definitivo: “No estamos hablando de una caravana mediática. Esto era una cosa muy seria, nos lo hemos planteado como algo muy serio, son pacientes enfermos, responsabilidad, por tanto, de este gerente y de cuantos están trabajando con él”, remarca, insistiendo en la enorme responsabilidad que ha supuesto garantizar que todo se hiciera con rigor, respeto y seguridad.

José Antonio Ballesteros
Foto: José Antonio Ballesteros, gerente del Área Integrada de Cuenca / Néstor Robaina

Su relación con el Hospital Virgen de la Luz es también profundamente personal. Ballesteros llegó a Cuenca en 1999 como residente de Medicina de Familia, junto a quien entonces era su novia y hoy es su mujer. Aquí se formó, aquí decidió quedarse y aquí comenzó un camino profesional que nunca había imaginado ligado a la gestión. Fue el entonces gerente, Jesús Val, quien confió en él para dar el salto, iniciando una trayectoria que, con el paso del tiempo, le ha llevado a capitanear uno de los momentos más importantes de la sanidad conquense. “No estoy cumpliendo un sueño, porque jamás tuve este sueño”, confiesa con sinceridad. “Estoy viviendo una vida que no había imaginado, pero que me parece maravillosa”.

Desde agosto de 2023 ejerce como gerente, un periodo que define como los mejores meses de su vida profesional. Lejos de resultar un reto ingrato, asegura que liderar el cierre del Virgen de la Luz y la apertura del nuevo Hospital Universitario ha sido una experiencia tan exigente como gratificante, gracias a un equipo volcado y al respaldo institucional recibido. También reivindica con orgullo la trayectoria del hospital que se despide: un centro bien posicionado en los rankings, con una asistencia sanitaria de gran calidad y un balance claramente positivo para la ciudadanía. “La gente debe sentirse muy orgullosa de lo que ha sido el Hospital Virgen de la Luz”, afirma, reconociendo que, aunque la medicina no es una ciencia exacta, las experiencias positivas han sido abrumadoramente mayoritarias.

Foto: José Antonio Ballesteros, gerente del Área Integrada de Cuenca / Néstor Robaina

Con el testigo ya en manos del Hospital Universitario de Cuenca, Ballesteros mira al futuro con optimismo. Defiende que la nueva infraestructura permitirá crecer en prestaciones, tecnología y recursos humanos, algo que el antiguo edificio ya no podía asumir. Un proyecto estratégico no solo para la ciudad, sino para toda la provincia e incluso para la región. Su mensaje final a los ciudadanos es claro y tranquilizador: Cuenca cuenta con una sanidad sólida, con profesionales comprometidos y con un hospital moderno preparado para seguir creciendo.

Ricardo Vega

Conquense de adopción. Graduado en periodismo por la Universidad de Castilla-La Mancha y con experiencia en medios como CMM, Agencia EFE y Las Noticias de Cuenca.
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