Hace apenas un mes, Andrés Felipe y su pareja Mayra Alejandra dejaron atrás Valencia para empezar una nueva vida en Cardenete, un pequeño pueblo de la provincia de Cuenca con apenas 470 habitantes. El cambio no fue fruto del azar, sino el resultado de una decisión consciente, motivada por el deseo de tranquilidad, contacto con la naturaleza y una vida más sostenible. Lo más sorprendente es que ahora pagan solo 250 euros de alquiler por su vivienda.
Ambos, colombianos residentes en España desde hace cuatro años, descubrieron el Proyecto Arraigo -una iniciativa nacional de repoblación rural- a través de ChatGPT. «Solo puse que quería mudarme a un pueblo en España y en cuestión de una hora ya me había contactado una persona», cuenta Andrés. Fue el primer paso hacia una transformación personal y profesional en la que han encontrado mucho más que un nuevo domicilio.
El encanto de lo simple
La decisión de mudarse fue impulsada principalmente por el amor a la naturaleza. «Practicamos senderismo y necesitábamos un entorno que nos permitiera conectar con eso. En Torrent (Valencia) nos sentíamos encerrados», explica. Cuando visitaron por primera vez Cardenete, lo tuvieron claro: «A primera vista nos encantó. Era justo lo que buscábamos».
Andrés trabaja como editor de vídeo y creador de contenido en remoto, mientras que Mayra es desarrolladora web. El teletrabajo ha sido clave para que su integración en el mundo rural fuera posible sin renunciar a su actividad profesional. Y lo mejor es que, a nivel técnico, la experiencia ha sido prácticamente idéntica a la de la ciudad. «La conexión a internet es buena, igual de rápida. La diferencia es que aquí trabajas sin ruido, con más calma».
Una casa por 250 euros
Uno de los aspectos más llamativos de esta historia es el coste de la vivienda. Por solo 250 euros al mes, viven en una casa que, en comparación con los precios de ciudad, resulta casi simbólica. «Hemos visto viviendas a precios muy favorables. Si teletrabajas y quieres ahorrar dinero, definitivamente vete para un pueblo», recomienda Andrés, convencido de que la calidad de vida rural supera con creces la urbana.
La tranquilidad, el silencio y el contacto humano son otros factores que destacan. «En la ciudad todo el mundo va corriendo, cada uno en su mundo. Aquí todo es más colaborativo», añade. La acogida por parte de los vecinos ha sido una grata sorpresa, con regalos, favores desinteresados y un espíritu comunitario que no esperaban encontrar. «Nos han regalado hasta mesas, sillas y comida. Aquí la gente no está pensando en dinero, te ayudan sin esperar nada a cambio», dice.
Un nuevo modelo de repoblación
El caso de Andrés y Mayra no es único. Solo en el mes de septiembre, siete nuevas familias llegaron a pueblos de Cuenca como parte del Proyecto Arraigo, sumando 22 personas más al medio rural. Desde su inicio, el programa ha asentado a 207 personas y 69 familias en la provincia, con el respaldo de la Diputación de Cuenca, el Gobierno de España y los ayuntamientos.
Cardenete, como otros pueblos de la zona, se beneficia de una fórmula basada en el acompañamiento humano y en la conexión entre vivienda, empleo y comunidad. El enfoque es realista. No se buscan idealistas, sino personas dispuestas a comprometerse.
Una vida con más sentido
Aunque Andrés y Mayra no descartan explorar otras zonas de España en el futuro -como Asturias o los Pirineos-, por ahora se sienten plenamente instalados en Cardenete. «Nos imaginamos construyendo un futuro en un pueblo. Aquí es donde nos sentimos más nosotros mismos», aseguran.
Para quienes dudan entre seguir en la ciudad o dar el salto al mundo rural, Andrés lo tiene claro: «Si sienten el llamado, tienen que hacerlo. En la ciudad cada uno está a lo suyo y en el pueblo van a descubrir la integración con otras personas». Y eso, quizás, sea lo más valioso del arraigo. No solo cambiar de lugar, sino encontrar un modo de vida más conectado, más humano y más auténtico.
