De enseñar en EEUU y Corea a emprender en un pueblo de Cuenca: «He vivido en 8 países y esto es lo que soñaba»

Victoria Bautista, mexicana, ha encontrado el hogar que siempre había querido en un pequeño municipio conquense

Después de vivir en ocho países y trabajar en cuatro continentes, Victoria Bautista ha decidido echar raíces en la Serranía de Cuenca. De origen mexicano y madre alemana, su trayectoria vital es tan rica como diversa. Ha vivido en Alemania, Estados Unidos, Emiratos Árabes, Corea del Sur, Zambia, Indonesia, Perú… y ahora, junto a sus dos hijos, ha elegido establecerse en Cañete, un pequeño municipio conquense, gracias al acompañamiento del Proyecto Arraigo.

«Ya estábamos cansados de vivir como foráneos. Aunque seguimos siéndolo aquí, al menos hablamos español y eso ha facilitado mucho la integración», cuenta Victoria. Sus hijos, de 11 y 13 años, han encontrado por fin un lugar donde pertenecer.

Victoria y sus dos hijos / Foto: cedida

Una vida entre mudanzas

Su historia es la de una nómada global. Se formó en Estados Unidos, fue profesora de Primaria y Bachillerato, y su carrera docente la llevó a participar en programas internacionales en países como Abu Dhabi, donde colaboró en la modernización del sistema educativo, y más tarde en Corea del Sur, donde vivió la pandemia. Luego vendrían Zambia y finalmente Bali, buscando siempre «una conexión con la naturaleza» y una vida más tranquila.

Pero fue en España donde finalmente decidió establecerse. «Llegué a Andalucía en 2023, a un pueblo costero llamado Almuñécar. Era bonito, pero demasiado turístico. Yo buscaba algo más auténtico y sostenible», cuenta.

De una revista de avión a un nuevo hogar

Su decisión de trasladarse a un entorno rural comenzó casi por casualidad. «Estaba leyendo una revista en un avión que hablaba sobre los pueblos abandonados en España e Italia, y cómo se intentaban repoblar. Ahí nació el interés», explica. Tras investigar, dio con el Proyecto Arraigo, una iniciativa que facilita la llegada de nuevos vecinos al mundo rural español mediante un acompañamiento personalizado.

«Me sorprendió lo bien organizado que está todo. No se trata solo de mudarte, sino de encontrar el pueblo que encaje con tu proyecto de vida», explica. En su caso, con dos hijos y una vocación educativa clara, Cañete se reveló como la opción ideal, ya que cuenta con escuela, centro de salud y servicios básicos para construir un futuro en comunidad.

Luna, hija de Victoria, en Cañete (Cuenca) / Foto: cedida

«Me enamoré de este lugar. Realmente esto es lo que yo soñaba. Yo quería un sitio donde la gente se conociera, donde nos sintiéramos parte del grupo… Mis hijos van contentos a la escuela, tienen muchos amigos, y la gente es muy buena», asegura. Aunque actualmente reside en Huérguina -un diminuto núcleo cercano- por la «falta de viviendas» en alquiler en Cañete, su implicación con el pueblo es total.

Su hijo Diego / Foto: cedida

Un centro de idiomas

Victoria no ha llegado solo para vivir, sino para aportar. Con una sólida trayectoria en docencia y una familia de emprendedores como inspiración, está preparando la apertura de una escuela de idiomas que irá más allá de las clases convencionales.

«Estoy haciendo un máster en emprendimiento porque quiero hacerlo bien desde el principio. Mi idea es crear un centro comunitario de aprendizaje, no solo una academia de idiomas. También ofreceré formación en informática y quiero integrar herramientas de inteligencia artificial. Y a largo plazo, me gustaría abrir un pequeño café anexo para que sea un lugar de encuentro para todos», explica con entusiasmo.

«Ha sido la mejor decisión»

A pesar de su entusiasmo, Victoria es realista. «El mayor obstáculo ha sido la vivienda. Hay muchas casas vacías, pero muy pocas en alquiler. Nadie se anima a alquilar, y para quienes acabamos de llegar es complicado comprar directamente», advierte. Considera que sería necesario un impulso público para facilitar el acceso al alquiler y permitir así que más personas se asienten en los pueblos.

Foto: cedida

Lejos del consumismo, del ruido y de las ciudades superpobladas, Victoria ha encontrado en Cuenca un lugar donde vivir según sus valores, con más naturaleza, más calma y más conexión con la comunidad. «Este lugar va con nosotros. Ya no quiero lo más moderno ni estar en una ciudad llena de gente. Quiero que mis hijos crezcan con estabilidad, que tengan libertad para moverse, que sientan que pertenecen a un lugar, y aquí lo hemos encontrado», dice.

Cuando se le pregunta qué les diría a otras personas que están pensando en dejar la ciudad por el mundo rural, no lo duda: «Depende de cada uno, pero para nosotros ha sido una de las mejores decisiones. Hay dificultades, sí, pero también mucho por ganar. Al final, se trata de alinear tu forma de vida con lo que realmente valoras».

Un modelo que funciona

El caso de Victoria no es aislado. Gracias al Proyecto Arraigo, más de 200 personas se han asentado en la provincia de Cuenca desde su puesta en marcha. Familias jóvenes, emprendedores y teletrabajadores que comparten una misma meta: construir un futuro en el medio rural.

Con historias como la de Victoria, Cañete y otros pueblos conquenses no solo suman habitantes, sino también proyectos, ilusiones y nuevas oportunidades. Porque, como ella misma resume, «aquí por fin sentimos que podemos echar raíces».

María López

Graduada en Periodismo por la Universidad de Castilla-La Mancha. He pasado por Cadena SER, Castilla-La Mancha Media y El Español.
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