Un proyecto de la Sierra de Cuenca brilla en una final nacional sin renunciar a su esencia: «Quiero seguir siendo pequeño»

El impulsor de La Cabra Tira al Monte regresó de la final nacional con 3.000 euros y se plantea seguir adelante con la mejora prevista para su explotación, aun teniendo que recurrir a ahorros

Rodrigo González Garrido, gerente de La Cabra Tira al Monte y vecino de Villalba de la Sierra, ya ha vuelto de Madrid tras defender su proyecto el pasado martes 17 de marzo en la final nacional de Tierra de Oportunidades, el programa impulsado por CaixaBank.

No logró colarse entre los siete proyectos que optaban al premio máximo de 6.000 euros, pero sí salió reforzado de una experiencia que, según cuenta, le dejó buenas sensaciones, reconocimiento del público y un premio de 3.000 euros.

Foto: Rodrigo González, La Cabra Tira al Monte en la final de Tierra de Oportunidades

“No me seleccionaron entre los siete mejores, pero se me dio muy bien, lo hice muy bien, dije todo lo que tenía que decir”, resume Rodrigo, satisfecho por haber estado a la altura en una cita que reunía a algunos de los proyectos rurales más potentes del país.

“Yo quiero seguir siendo pequeño”

Ese fue, precisamente, el mensaje que marcó su intervención y que, según relata, conectó con la gente. Frente al discurso habitual del crecimiento, Rodrigo defendió otra forma de entender el emprendimiento rural.

“Yo no quiero crecer, yo quiero quedarme como estoy, ser feliz y disfrutar de mis animales”, explicó durante su exposición, una idea que despertó aplausos entre los asistentes.

Foto: Rodrigo González, La Cabra Tira al Monte en la final de Tierra de Oportunidades

El ganadero conquense dejó claro que no está dispuesto a perder la esencia de su proyecto por aumentar volumen o entrar en una dinámica empresarial ajena a su filosofía. “Quiero seguir siendo pequeño y quiero vivir tranquilo y sin jaleos”, afirma con felicidad.

Un discurso que gustó… pero que quizá no encajaba con el jurado

Rodrigo tiene claro que su defensa fue honesta y coherente, aunque también entiende que esa visión no era la que más podía seducir al organizador del certamen.

“Lo daba un banco, y obviamente, lo que quieren son proyectos grandes que tengan que invertir”, reflexiona. En su caso, la apuesta sigue siendo otra: ganadería extensiva, elaboración artesanal y calidad por encima del crecimiento.

Rodrigo González, propietario de La Cabra Tira al Monte/ Néstor Robayna

“No quiero perder la esencia de mi negocio, porque creo que si me hiciera mucho más grande se desvirtuaría un poquito”, señala. Su modelo pasa por seguir elaborando productos “de calidad y hechos por mí».

Aunque no subió al grupo de cabeza, Rodrigo sí se marchó con una sensación cercana a la de haber cumplido objetivo. Entre los 20 finalistas, siete se repartían los premios mayores de 6.000 euros y los otros trece recibían 3.000. En ese sentido, él mismo lo resume así: “Me quedé en el segundo puesto, así que genial”.

Más allá del dinero, se queda con haber defendido bien su proyecto en un formato exigente. “Yo lo que quería era que me saliera bien, que no me quedara en blanco”, cuenta. Y lo consiguió: “Las preguntas las contesté tranquilamente, bien, todo perfecto”.

De Madrid, con aplausos… y con nuevos clientes

La experiencia, además, no terminó en el escenario. Tras las exposiciones se organizó una especie de mercado o muestra en la que los asistentes pudieron probar productos de los finalistas, entre ellos los quesos de La Cabra Tira al Monte.

Y ahí, asegura, volvió a notar el respaldo del público. “Estuvimos una hora que no di a basto de cortar y la gente probando”, recuerda. La acogida fue muy positiva: “Gustó mucho, la verdad es que sí”, reconoce.

Esa visibilidad ya ha tenido incluso un efecto práctico para el negocio. “Algún cliente me he llevado”, dice con satisfacción. Un premio añadido que, en un proyecto pequeño y artesanal, vale casi tanto como el reconocimiento institucional.

Rodrigo González, propietario de La Cabra Tira al Monte/ Néstor Robayna

Rodrigo también pone en valor el ambiente vivido durante el certamen y el nivel del resto de participantes. Lejos de volver frustrado, habla de una experiencia enriquecedora en lo personal y en lo profesional. “Era un día y medio fuera de tu rutina con otra gente de otros proyectos rurales que eran la hostia”, addmite.

Todos, dice, compartían un rasgo común: proyectos nacidos en pueblos pequeños, levantados por gente pequeña, pero con ideas muy potentes detrás.

Los 3.000 euros no cambian el plan: toca “apretarse el cinturón”

En la previa del concurso, Rodrigo ya avanzó que el objetivo del premio era claro: invertir en la instalación de placas solares para reducir el gasto en combustible, un problema que arrastra en el día a día de la explotación.

Ahora, con la mitad del importe que aspiraba a conseguir, el plan sigue en pie, aunque con más esfuerzo por delante. “La idea es la misma”, asegura. Eso sí, reconoce que tendrá que ajustar cuentas: “Con los 3.000 tiraré por ahí y lo que me falte, pues apretando el cinturón y tirando de ahorritos”.

Porque si algo tiene claro es que el proyecto debe seguir avanzando sin traicionar su forma de trabajar. Y también porque, tal y como él mismo resume, “tal y como está la gasolina, no puede uno estar con historias».

Rodrigo no ganó el gran premio nacional, pero sí logró algo que a veces vale más: salir del escenario sabiendo que fue él mismo, que defendió su proyecto sin disfrazarlo y que su manera de entender el mundo rural sigue teniendo sentido.

No quiso vender un crecimiento imposible ni maquillar su realidad. Apostó por decir que prefiere seguir pequeño, feliz y cerca de sus animales. Y quizá por eso no convenció del todo al jurado, pero sí al público. Y también, probablemente, a más de un futuro cliente.

Alba Soledad Moya

Natural de Cuenca. Graduada en Periodismo por la UCLM. Experiencia en medios de comunicación como CMM o La Sexta.
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