Hay conciertos que se escuchan y otros que se sienten. El del Huerto de San Esteban pertenece desde hace décadas a esa segunda categoría. Este viernes, a las 20:30 horas, la Iglesia de San Esteban volverá a acoger una de las convocatorias más esperadas por el sentir nazareno de la ciudad, en una cita gratuita y abierta a todos que, como cada año, servirá para abrir de par en par la emoción de la Semana Santa.
No es casualidad que la expectación vuelva a ser máxima. Como resume el secretario de la Hermandad, Carlos Martínez, “es la antesala de la Semana Santa”, una fecha que la ciudad tiene marcada en el calendario y que, año tras año, se ha convertido en un prólogo sentimental de lo que está por venir.
Un concierto nacido en 1991 que iba a ser solo para un año
La historia de este concierto tiene algo de providencial. Nació en 1991 y, según explica Martínez, lo hizo sin vocación inicial de permanencia. “En un principio se hizo solamente para ese año”, recuerda. Sin embargo, la respuesta fue tan extraordinaria que aquella iniciativa acabó echando raíces para convertirse en tradición indispensable.

“Fue tal el éxito”, señala el secretario, que la Hermandad habló con la banda de música para dar continuidad a una cita que hoy forma parte del alma semana-santera conquense. De hecho, aunque esta sea la edición número 36 desde su origen, será el concierto 33, ya que hubo tres años sin celebrarse: dos por la pandemia y uno más, el pasado, por circunstancias ajenas a la Hermandad relacionadas con la banda de música.
La Banda de Cuenca, inseparable del Huerto
Si hay un rasgo que define esta cita, es la fidelidad a la «Banda de Música de Cuenca». La Hermandad prefirió no celebrar el concierto el pasado año antes que organizarlo con otra formación. La razón es clara: “considerábamos que el concierto del Huerto siempre tiene que ser con la Banda de Cuenca, como así se creó”, subraya Martínez.

Ese vínculo no ha hecho más que fortalecerse con el paso del tiempo. En el año 2000, Hermandad y banda formalizaron su hermanamiento, consolidando una unión que en Cuenca se percibe ya como algo natural. “Entendemos que siempre estamos unidos, la Banda de Cuenca y la Hermandad”, afirma el secretario. Una relación que se expresa tanto en el concierto como en la procesión, donde ambas instituciones llevan caminando juntas desde hace casi cuatro décadas.
Una iglesia llena y hasta 700 personas compartiendo emoción
La singularidad de este concierto también reside en su formato. Se celebra en una iglesia, con el paso del Huerto presidiendo desde el altar, entrada libre y la posibilidad de que cualquier nazareno, devoto o aficionado pueda asistir sin más requisito que querer estar.

Para Carlos Martínez, esa es una de las claves de su éxito: “Es una de las características del concierto, que sea gratuito, y en una iglesia y abierto a todo el mundo”. El resultado es una imagen ya habitual: bancos completos, público en pie y una afluencia que impresiona año tras año. “La afluencia de gente es bestial, siempre se llena”, asegura. Las estimaciones apuntan a entre 600 y 700 asistentes.
Novedades: nuevo presentador y estrenos absolutos
La edición de este viernes tan esperado también llegará con algunos alicientes especiales. La principal novedad será el relevo en la presentación del acto. Tras años conduciendo el concierto, Luis Carretero y Ramón Gómez Couso se despidieron en la edición del Centenario, celebrada en 2024. Ahora tomará el testigo Juan Ignacio Cantero, hermano de la Hermandad y pregonero del año pasado.

El concierto dejará además un marcado acento de estreno y juventud creadora. Según adelanta Carlos Martínez a El Digital de Cuenca, habrá “dos estrenos absolutos y un estreno en el concierto”. Uno de ellos llevará la firma de José Luis Torijano dedicado a la Virgen del Amparo de la Hermandad del Resucitado. El otro llegará de la mano del joven compositor conquense José Aguilar con una marcha dedicada a la Verónica del Jueves Santo.
Todo ello en una edición en la que el repertorio crecerá de diez a doce marchas como gesto de agradecimiento de la banda hacia la Hermandad por haber aguardado su regreso tras la imposibilidad de realizarse este acto el año pasado.
Cuando suenan las marchas, Cuenca sabe que ya está aquí
El concierto del Huerto no necesita artificios para emocionar. Le basta con su historia, con su fidelidad a una idea sencilla y con ese ambiente inconfundible que convierte San Esteban en un templo aún más lleno de memoria, música y espera.
Basta con que empiece a sonar una marcha para que la imaginación nazarena haga el resto: entonces, en el recogimiento de la iglesia, muchos vuelven a ver al Huerto en la calle, bailando con esa cadencia única que Cuenca reconoce como propia, mientras el olivo se mece con dulzura al son de San Juan.
Es una de esas estampas que viven en la memoria sentimental de la ciudad, un latido compartido que regresa incluso con los ojos cerrados. Por eso, más que una actividad previa, esta cita se ha ganado a pulso ser uno de los momentos que anuncian de verdad la llegada de la Semana Santa.
Y por eso también, como dice Carlos Martínez, la gente “ya está preparada, ya está a la espera de que se celebre”. Porque hay actos que forman parte del calendario. Y hay otros, como este, que forman parte del alma y del corazón nazareno de Cuenca.
