Cuenca acompaña con hondo sentir nazareno el solemne traslado de la Vera Cruz a la Catedral

La imagen ha partido a las 17 horas desde San Pedro en un acto de profundo recogimiento, presidido por primera vez por la Junta de Cofradías y acompañado únicamente por el tambor bronco, la campana y el rezo de las Cinco Llagas

Cuenca ha vuelto a encontrarse este domingo con una de esas estampas que no necesitan aparato para conmover. Ha bastado la presencia de la Vera Cruz, el peso de los hombros, el sonido seco del tambor bronco, la campana y el recogimiento de las calles altas para que el solemne traslado hasta la Catedral haya dejado una escena de hondo sentimiento nazareno y de esa sobriedad tan propia de la ciudad cuando la fe sale al encuentro de la ciudad.

El traslado ha comenzado a las 17 horas en la iglesia de San Pedro, sede canónica de la Hermandad. Desde allí, la imagen ha avanzado por la propia calle de San Pedro para descender hasta la Ronda de Julián Romero, a la que el cortejo ha accedido por el pasadizo situado junto a la parada de autobús. Después, la Vera Cruz ha alcanzado la Plaza Mayor para culminar su recorrido en la Catedral, donde ya ha quedado dispuesta para aguardar su salida procesional del próximo Lunes Santo.

Lejos de cualquier exceso, el traslado ha vuelto a apoyarse en lo esencial, y ahí ha encontrado precisamente su fuerza: en la oración compartida y en ese silencio de Cuenca que, cuando acompaña a sus imágenes, dice tanto como cualquier música.

La fuerza de una solemnidad desnuda

La Vera Cruz no es llevada sobre andas procesionales como viene siendo habitual en Semana Santa. Las andas son conducidas por la mañana desde la nave de la sede hasta la Catedral. Esa circunstancia acentúa y diferencia todavía más el carácter desnudo y penitencial del acto, centrado por completo en la imagen, en los portadores y en la devoción con la que se ha desarrollado todo el recorrido.

Foto: Traslado vera cruz/ Néstor Robayna

El acompañamiento ha sido de una austeridad absoluta. Un tambor bronco, tocado por el hermano Alejandro Pernías, ha marcado el pulso del traslado, mientras una campana ha terminado de subrayar el tono severo y orante del cortejo. Nada ha roto esa atmósfera de recogimiento envuelta por el incienso. Nada ha distraído de lo verdaderamente importante. En esa sencillez ha residido buena parte de la emoción de la tarde.

Primera presidencia de la Junta de Cofradías

Además, este traslado ha tenido un significado especial por haber estado presidido por primera vez por la Junta de Cofradías, un hecho que ha reforzado el peso de una cita cada vez más asentada dentro de la Cuaresma conquense. Sin perder su naturaleza íntima y devocional, el acto ha ganado así una dimensión institucional que confirma el lugar que ha ido conquistando con el paso de los años.

También ha quedado patente esa consolidación en la respuesta de los participantes. Un total de 25 banceros han tomado parte en el traslado, distribuidos en cinco turnos de cinco portadores. La organización se ha realizado este año por primera vez mediante un formulario difundido a través del canal de WhatsApp de la hermandad, en sustitución del sistema telefónico de años anteriores. Una vez cubiertas las plazas, se cerró la inscripción. Además, la hermandad ha invitado a participar en su traslado a las hermandades con las que comparte espacio: San Pedro, Bautismo, Ecce-Homo, Negación de San Pedro y Cristo de los Almendrones.

El rezo que ha marcado cada relevo

Pero si algo ha dado sentido profundo al traslado ha sido, una vez más, el Rezo de las Cinco Llagas de Cristo, que se ha ido desarrollando a lo largo del recorrido y que ha sido dirigido por el consiliario José María Martínez Cardete. Cada una de las llagas ha marcado el relevo de los banceros, de manera que el caminar de la Vera Cruz ha avanzado acompasado por la oración, uniendo esfuerzo físico, devoción y meditación sobre la Pasión.

Foto: Traslado vera cruz/ Néstor Robayna

Ese ha sido seguramente uno de los rasgos más conmovedores del traslado: la forma en que cada cambio de hombros ha dejado de ser un gesto meramente práctico para convertirse también en una expresión de fe. La oración ha ido sosteniendo el paso de la imagen, y el traslado ha discurrido como una auténtica meditación en movimiento por las calles del barrio alto, en una de esas escenas que Cuenca entiende de una manera muy suya, sin necesidad de explicaciones.

Una escena de fe en las calles altas

La Vera Cruz ha llegado así a la Catedral envuelta en ese clima de respeto y emoción contenida que tan bien define el sentimiento nazareno conquense. En un traslado concebido desde la sobriedad, el tambor bronco, la campana, la oración y el silencio han bastado para sostener toda la hondura del momento.

El solemne traslado ha vuelto a dejar, en definitiva, una de esas imágenes que permanecen. La de Cuenca hecha calle y recogimiento. La de la fe vivida sin estridencias. La de la Vera Cruz avanzando hacia la Catedral entre hombros, oración y respeto, donde aguardará ya hasta su salida procesional del próximo Lunes Santo. Y la de una ciudad que ha sabido reconocer, una vez más, que también en la austeridad de sus ritos late con fuerza el sentimiento nazareno.

Alba Soledad Moya

Natural de Cuenca. Graduada en Periodismo por la UCLM. Experiencia en medios de comunicación como CMM o La Sexta.
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