La nueva credencial de las Turbas de Cuenca ya se ha convertido, incluso antes de salir a la calle, en uno de los detalles más comentados de esta edición. Más de 2.800 turbos y turbas inscritos lucirán este Viernes Santo un brazalete que marca un antes y un después por una razón muy concreta: por primera vez apuesta por varios colores y se aleja de la línea más clásica de otros años.
Ese giro visual ha hecho que la nueva credencial despierte comentarios, sorpresa y muchas miradas. No es una más. No pasa desapercibida. Y detrás de ella hay además una historia singular: la ha diseñado un niño de solo 12 años.
Sergio, el niño que ha puesto color a una tradición
Sergio Moreno Puerta tiene 12 años y este año se ha convertido en uno de los nombres propios de las Turbas de Cuenca al ser el autor de la nueva credencial. Su vinculación con esta tradición le viene de cerca, desde casa, incluso lo podemos encontrar en el reparto de acreditaciones, una tarea en la que empezó a implicarse casi por casualidad y que terminó convirtiéndose en costumbre.

Esa cercanía con el día a día de las Turbas y su implicación desde pequeño acabaron llevándole a una oportunidad poco habitual: diseñar la credencial de este año. Así explica Sergio cómo llegó la oportunidad que lo cambió todo: “Antonio Garrote llegó y dijo que como este año estaba hecho para los niños pues que si lo podía hacer un niño. Entonces yo me ofrecí y él me dijo que se iba a solicitar en una junta y lo aprobaron”.

La iniciativa resume perfectamente el espíritu de esta edición: abrir espacio a la mirada de los más pequeños y dejar que esa mirada forme parte, de verdad, de la imagen de las Turbas.
Una credencial distinta a todas las anteriores
La novedad no está solo en quién la firma, sino en cómo se ve. Frente a la estética más uniforme habitual de todos los años, Sergio ha apostado por una credencial mucho más viva y reconocible. El año pasado, por ejemplo, predominaban el amarillo y el verde, los colores institucionales de la ONCE. Este año, en cambio, la propuesta cambia por completo.

Sergio explica que no fue algo improvisado. Hubo muchas pruebas detrás: “Realicé muchos diseños, edité mucho con el ordenador y con el móvil. Probé cosas que nos gustaban a los niños como los caramelos, algún juego y este fue el que salió y el que más me gustó”.
Finalmente se decidió por una imagen inspirada en piezas de Lego, después de descartar otras ideas. “Me salió de Minecraft pero no me acabó de convencer. Luego también hice alguno de chuches, pero tampoco me convenció. Y entonces pues se me ocurrió la idea de Lego y quedó bastante bien”.

Tecnología, intuición y muchas horas de prueba
Aunque el resultado ha llamado mucho la atención, Sergio deja claro que todo lo ha ido aprendiendo por su cuenta. “No he hecho nunca clases, pero me gusta mucho la tecnología”, explica.
Su proceso realizado en Canva fue tan sencillo como paciente: “Primero cogí el fondo, entonces luego busqué el escudo de las Turbas y lo fui insertando”. Después llegó uno de los detalles más minuciosos: “Luego lo fui bordeando para que se viera mejor porque si no en negro con los colores no se veía y así ha quedado”.
Romper la tendencia con solo 12 años
Sergio es consciente de que su propuesta ha supuesto un pequeño giro dentro de la estética habitual de las credenciales. Y lo vive con orgullo. “Es una ilusión porque ser el primer niño que hace un brazalete en las Turbas, pues es muy importante para mí”, afirma.

Además, defiende con claridad su apuesta por el color: “siempre han sido de un color, pero este año pues yo me he decantado por hacerlo de colores”. Ese cambio, precisamente, es lo que ha hecho que la credencial se convierta en uno de los temas más comentados entre quienes ya la han visto o recogido.
Una credencial que ha despertado sorpresa y curiosidad
Entre los turbos que han acudido a por su acreditación, la sensación general ha sido de sorpresa. Muchos coinciden en que no la esperaban así, acostumbrados a credenciales de un solo color y con una línea visual más sobria. De esta destacan, sobre todo, su originalidad, lo llamativa que resulta y que es muy distinta a todas las anteriores.

Precisamente por eso, la nueva credencial ha generado conversación. Se sale de lo habitual, introduce un lenguaje visual nuevo y pone sobre la mesa una imagen distinta de las Turbas, desde los ojos de un niño.
Turbo de honor y protagonista inesperado del año
Por si fuera poco, Sergio ha recibido además otro reconocimiento muy especial: este año será turbo de honor. Y lo cuenta con la mezcla de sorpresa y felicidad propia de su edad. “Estoy muy contento porque es una gran responsabilidad para mí ser un turbo de honor”, dice. Y añade: “ser turbo de honor a los 12 años es difícil porque tienes que trabajar mucho, pero bueno, al final se ha dado y estoy muy contento”.

En su entorno, la noticia también ha causado impacto. “Se lo he dicho a mi profesor y a mis compañeros y se han quedado alucinados”, relata. “Y en el colegio… les ha gustado bastante”.
Mucho más que un brazalete
La nueva credencial de las Turbas de Cuenca no es solo una acreditación. Es también una manera de contar que la tradición sigue viva, que puede abrirse a otras miradas y que incluso un niño puede dejar su huella en una cita tan emblemática. Mientras tanto, Sergio solo pide una cosa para estas Turbas: “Yo espero que no llueva porque si no no sale”.

Con sus colores, su aire distinto y su historia detrás, este brazalete ya forma parte de la conversación previa a la Semana Santa conquense. Y quizá ahí esté su mayor valor: en haber conseguido que todo el mundo se detenga un momento a mirarlo.
/Fotos: Néstor Robayna/

























