Esther Chumillas, ejemplo de superación en Cuenca tras convivir casi tres décadas con un daño cerebral

La conquense, afectada por una meningitis cuando tenía 13 años, ha logrado terminar dos carreras, aprobar una oposición y formar una familia gracias a su esfuerzo y al apoyo de la Asociación de Daño Cerebral de Cuenca

Cuenca tiene en Esther Chumillas uno de esos ejemplos de fortaleza que convierten la adversidad en una lección de vida. A sus 42 años, esta profesora conquense ha conseguido abrirse camino personal y profesionalmente después de que una meningitis, cuando solo tenía 13 años, cambiara para siempre su realidad.

La enfermedad le arrebató entonces la capacidad de ver, de moverse e incluso las ganas de seguir adelante. Su adolescencia quedó marcada por un antes y un después que la obligó a iniciar un largo proceso de adaptación a una nueva vida. Sin embargo, lejos de rendirse, Esther ha hecho de la constancia y la lucha diaria sus principales herramientas para avanzar.

Uno de los momentos que recuerda como decisivos en su recuperación fue la visita al hospital de su gran ídolo futbolístico, Fernando Hierro, entonces jugador del Real Madrid. Según relata, aquel encuentro supuso un punto de inflexión emocional. “Fue a verme al hospital y, en ese momento, hice el primer amago de levantarme. De ahí a un mes, recuperé la vista que tengo”, explica.

Con el paso del tiempo, los médicos le diagnosticaron agnosia visual, un trastorno perceptivo derivado del daño cerebral que le impide reconocer e interpretar con normalidad los estímulos visuales. “Solo reconozco lo que reconoce la parte izquierda del cerebro. Veo por trozos”, resume Esther sobre una patología poco frecuente y muy incapacitante en la vida cotidiana.

En ese recorrido, la Asociación de Daño Cerebral de Cuenca se convirtió en un apoyo decisivo. Esther encontró allí respuestas, acompañamiento y herramientas para afrontar una realidad en la que, como ella misma reconoce, no encajaba “dentro de ningún sitio”. Gracias a la terapia ocupacional y al trabajo constante, logró recuperar autonomía y aprender estrategias para desenvolverse en tareas básicas del día a día.

Ese esfuerzo le permitió no solo reconstruir su rutina, sino también culminar dos carreras universitarias, aprobar una oposición para ejercer como maestra de Pedagogía Terapéutica y afrontar otro gran reto personal: la maternidad. “No tenía ni idea de cómo hacer cosas muy básicas, como organizar la ropa de mi hijo. Si no tengo un orden constante, no soy capaz de reconocer esas tareas”, explica.

Con ayuda profesional y familiar, Esther ha ido venciendo barreras que parecían insalvables, desde aprender recorridos cotidianos como el camino al supermercado o al colegio de su hijo, hasta mantener su carrera docente. En la actualidad, sigue peleando para lograr una adaptación adecuada de su puesto de trabajo.

Su historia se ha convertido en Cuenca en un testimonio de resiliencia y en un altavoz para visibilizar la realidad de las personas con daño cerebral sobrevenido. Lejos del victimismo, Esther lanza un mensaje de realismo y esperanza a quienes atraviesan una situación similar: “No hay que rendirse. Tienes que pasar tu duelo, porque la vida sigue, aunque no sea de la misma manera”.

En una provincia donde asociaciones y familias sostienen buena parte del acompañamiento a quienes padecen estas lesiones, la experiencia de Esther Chumillas demuestra que la recuperación no siempre consiste en volver a ser quien se era, sino en aprender a seguir adelante con nuevas reglas, nuevas dificultades y la misma voluntad de vivir.

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