Hay empates que saben a poco y otros que, aunque no rematan la faena con una victoria, se celebran como una conquista. El que logró el REBI Cuenca en la pista de Pitiu Rochel, con ese 28-28 final, pertenece sin duda a los segundos. Porque no fue un punto cualquiera. Fue un punto de fe, de resistencia, de memoria y de carácter. Un punto que conecta directamente con aquel Alicante que ya forma parte de la historia conquense, el escenario donde el club escribió una de sus páginas más grandes al meterse por primera vez en una final de la Copa del Rey, tumbando nada menos que a Bidasoa y Granollers.
También lo recordaban muchos de los aficionados que se desplazaron hasta tierras alicantinas. Lo hacían con la emoción de quien vuelve a un lugar sagrado. Y durante varias fases del encuentro, incluso, se escucharon más las gargantas de los conquenses que las de la parroquia local. No era para menos. Había cuentas pendientes con la carretera, con la Liga Asobal y con una estadística que pesaba demasiado: el REBI Cuenca no puntuaba fuera de casa desde febrero de 2025, cuando arrancó un botín en Benidorm. Desde entonces, solo derrotas lejos de El Sargal. Hasta ahora.

No empezó bien la tarde. Más bien todo lo contrario. El conjunto de Lidio Jiménez arrancó con demasiadas imprecisiones, atascado en ataque y concediendo facilidades. Lo aprovechó Alicante para abrir brecha desde el inicio. Borja Mendes firmó el 4-2 en el minuto 5 tras tres errores consecutivos de los visitantes, dejando claro que al REBI le esperaba una tarde de sufrimiento. Aun así, el equipo no se cayó. Perbela igualó a cinco en el minuto 9, aunque la oportunidad de ponerse por delante se esfumó con una parada de Domenech al propio extremo.
El partido entró entonces en un tramo incómodo para los conquenses. Parker colocó el 8-6 en el 15’ tras otro fallo de Vinicius, pero el brasileño se rehízo poco después para poner el 10-10 al contragolpe en el minuto 20. Fue un espejismo, porque Alicante siguió encontrando petróleo en los rechaces y en cada pérdida visitante. Montoya, precisamente tras un balón suelto, anotó el 12-10 y obligó a Lidio Jiménez a detener el choque con un tiempo muerto. Su equipo ya acumulaba demasiadas imprecisiones y necesitaba volver al partido antes de que la herida se hiciera mayor.
Pero Alicante siguió castigando. Torrico puso el 13-10 en el 24’, Borragán castigó a puerta vacía con el 15-11 en el 25’, aprovechando la inferioridad y la apuesta conquense por atacar sin portero, y poco después Montoya estableció el 16-12, coincidiendo además con la segunda exclusión de Tavares. Pintaban bastos para el REBI Cuenca. Sin embargo, el equipo encontró un último hilo de vida antes del descanso y se agarró a él con fuerza. Barreto, desde los siete metros, dejó el 17-14 al intermedio y mantuvo abiertas las opciones.

La segunda mitad arrancó con una novedad clave: Tonicher apareció en portería por Arguillas. Y aunque Parker devolvió la máxima con el 18-14 nada más comenzar, algo empezó a cambiar. Cuenca se hizo más duro atrás, más paciente, más competitivo. Alicante seguía mandando, sí, pero ya no dominaba con la misma comodidad. Lima, desde los siete metros tras un gran rechace recogido por Álvaro Martín, acercó a los suyos hasta el 19-18 en el minuto 36.
Era el momento de dar el zarpazo, pero aún quedaba mucho por remar. Antúnez hizo el 20-19 a puerta vacía en el 40’, en una acción que llegaba después de dos errores de lanzamiento de Lima y Toth, con exclusión para este último por lanzar a la cara de Domenech. Ahí apareció por primera vez de verdad la figura que iba a sostener la rebelión del REBI: Tonicher. Detuvo un siete metros y comenzó a crecer hasta convertirse en un muro y en el alma de la remontada, aunque el equipo no supo aprovechar del todo algunas de sus intervenciones.
Con 21-20, Alicante pidió tiempo muerto en el 45’. El partido era ya una batalla de nervios. Tonicher volvió a detener un siete metros, pero en la siguiente acción llegó otro castigo: exclusión de Álvaro y Borragán, desde los siete metros, firmó el 22-20. Parecía que cada vez que Cuenca rozaba el empate, surgía un detalle para devolverle al alambre. Pero esta vez no iba a rendirse.
Tonicher emerge para Cuenca
Porque Tonicher siguió en plan estrella. Parada tras parada, sostuvo al equipo hasta que por fin cayó el premio. Toth anotó en el 48 el 22-22, culminando una persecución larguísima. Y entonces sí, el REBI Cuenca vio la puerta abierta. En el 49’, tras tiempo muerto de Lidio Jiménez, llegó un golazo de cadera de Lima para poner el 22-23, la única ventaja conquense en todo el partido. Fue un instante breve, pero enorme. El premio al sufrimiento, la prueba de que el equipo había sido capaz de levantarse de todo.
La reacción local no tardó. Parker devolvió el mando con el 24-23 en el 51’ y Borragán amplió hasta el 25-23 en el 54’, obligando a Lidio a consumir su tercer y último tiempo muerto. El REBI atacó entonces con siete, a tumba abierta, jugándoselo todo. Ya no había cálculo ni red. Solo corazón.
Y ahí, en ese terreno donde se deciden los partidos que dejan huella, Cuenca volvió a responder. No se soltó de la cuerda. No dejó de creer. Con el partido ardiendo, Toth firmó el 27-27 en el 58’ y llevó el desenlace a un intercambio de golpes, de tensión y de pulmones vacíos. Hasta que llegó la última secuencia: falta en ataque de Mendes y el definitivo 28-28.
Un punto que sabe a mucho
Un empate. Sí. Solo un empate, dirán algunos. Pero no. Fue bastante más que eso. Fue el final de una larga sequía fuera de casa, el premio a la resistencia de un equipo que supo sufrir, recomponerse y competir hasta el último aliento. Fue, también, un guiño del destino en un lugar especial, en esa Alicante donde el REBI Cuenca ya había sido feliz de verdad. Y fue un regalo para esos aficionados que viajaron para sostener a los suyos y que acabaron encontrando recompensa.

Porque hay pistas que traen recuerdos. Y hay partidos que reavivan el alma. En Pitiu Rochel, el REBI Cuenca no levantó un título ni selló una clasificación histórica. Pero conquistó algo que también tiene valor: volver a puntuar lejos de casa, volver a creer y volver a sentirse capaz de cualquier cosa.
Antes se había quedado cerca a domicilio, pero esta vez sumó para llegar a los 15 puntos y seguir cogiendo oxígeno respecto al descenso.
Ficha técnica:
28.- Horneo EÓN Alicante (17+11): Domenech; Robledo (1), Borragán (8, 2 p), Oliver, Augusto Moreno, Parker (7) y Teixeira (1) -siete inicial- Montoya (3), Méndez (2), Torriko (3, 1 p), Escobedo (1), Barreto (2, 1 p), Sancho y Failde (ps).
28.- REBI Cuenca (14+14): Arguillas; Aldini (2), Manuel Lima (8, 4 p), Antúnez (3), Espinosa, Perbelini (2) y Fede Pizarro (2) -siete inicial-. Bertoldo (2), Nacho Pizarro (1), Tavares (1), Álvaro Martín (1), Alfonso Mendes (1), Toth (5), Matos de la Paz y Tonicher (ps).
Árbitros: Murillo Castro y García Sánchez (Comité andaluz). Excluyeron a Augusto Moreno (2), Parker y Oliver por el Horneo EÓN, y a Tavares, Nacho Pizarro, Toth, Álvaro Martín y Perbelini por el REBI Cuenca.
Marcador cada cinco minutos: 3-2, 5-5, 8-7, 10-10, 14-11, 17-14 -descanso-, 19-17, 20-19, 21-20, 22-23, 26-24 y 28-28.
Incidencias: Encuentro correspondiente a la vigésima jornada de la Liga Nexus Energía Asobal disputado en el pabellón Pitiu Rochel de Alicante ante 1.300 espectadores.