El número 1 de una de las hermandades más antiguas de Cuenca: seis décadas de fe y una promesa que podría romper este Miércoles Santo

Fernando Tortajada Saiz, de 81 años, es el hermano más antiguo de la hermandad del Ecce Homo de San Miguel, una de las más antiguas de la Semana Santa de Cuenca

A sus 81 años, Fernando Tortajada Saiz habla de la hermandad del Ecce Homo (de San Miguel) con la serenidad de quien lleva media vida en ella. En realidad, más de media: sesenta años como hermano. Tiene el número uno, el más antiguo de la hermandad, pero él lo relativiza. Lo dice con una humildad que sorprende: para él, ese número no es un honor especial, sino simplemente el paso del tiempo. “En el número 17 se puede ser más devoto y mejor persona”, afirma con la serenidad de quien ha visto pasar seis décadas de fe bajo el capuz.

Lo que sí tiene claro es que el Ecce Homo forma parte de su vida desde la infancia, cuando la tradición familiar lo llevó a ingresar en la hermandad que su padre ya había abrazado antes que él.

Una hermandad que se hereda

La historia de Fernando dentro del Ecce Homo comenzó por tradición familiar. En una época en la que no era habitual inscribir a los niños nada más nacer —entre otras cosas por la dificultad de pagar cuotas—, el relevo se daba de forma natural entre generaciones.

Foto: Fernando Tortajada, hermano más antiguo del Ecce Homo / Néstor Robayna

Primero fue su padre, después su hermano y luego él. Desde entonces, ha pasado prácticamente por todos los papeles posibles dentro de la hermandad: empezó como nazareno de tulipa, fue bancero durante años, ejerció como depositario entre 1973 y 1981, llegó a ser Hermano Mayor y representó a la hermandad en la Junta de Cofradías cargo que dejó por coherencia personal: se negó a desfilar de traje y medalla. «Para presidir, de nazareno. No éramos ninguna autoridad política», sentencia con firmeza.

Además, ha sacado el guión, los faroles de que encabezan la procesión, el farol de cierre. Él mismo lo resume con una frase que mezcla orgullo y humor: “Yo he sacado ya todo menos el hachón infantil”.

Incluso su familia sigue ese mismo camino, su esposa fue Hermana Mayor el año pasado y sus hijos siguen sus pasos. Sin embargo, este año será distinto. Tras un problema de salud en la procesión anterior, los médicos y la familia le piden prudencia. Pero tiene claro que subirá igualmente «aunque sea de paisano”.

Un legado que nació en 1860

La historia de la hermandad, profundamente ligada a la antigua parroquia de San Miguel, es una cronología de resistencia. Aunque sus estatutos actuales reflejan una refundación posterior, sus orígenes se remontan a mediados del siglo XIX.

Foto: Ecce Homo de San Miguel / Néstor Robayna

Fernando recuerda una hermandad «raquítica», muy distinta a la actual:

«En los años 60 había apenas 200 hermanos; salían seis u ocho a cada lado de la imagen. Llevábamos la túnica con cola y así se mantenía el desfile».

En las actas antiguas, recuerda, era habitual leer que no había dinero para realizar determinados proyectos. Ahora la realidad es muy distinta. Eso sí, cree que la Semana Santa ha ganado en espectáculo, pero quizá ha perdido algo de su esencia. “Hay gente que viene a salir como quien va a la vaquilla”, reflexiona.

Lo que el tiempo se llevó: Potencias y recorridos

Fernando aprovecha para reivindicar detalles que el tiempo —o las directivas— borraron. Lamenta la pérdida de las potencias metálicas que el Ecce Homo lucía en su cabeza y que fueron retiradas hace unos veinte años.

Foto: Fernando Tortajada, hermano más antiguo del Ecce Homo / Néstor Robayna

También recuerda cuando cargaban la imagen de la hermandad en camión, como se hace con la Santa Cena o San Pedro. Sin emabargo, el Ecce Homo ahora finaliza su recorrido en San Andrés. «Es una procesión ya muy rara, sí, lógicamente, pero bueno, la hacemos gustosos. Si hemos salido en la fila 200, quedamos 50 al final. Pero bueno, los mejores, los números uno», afirma.

Al preguntarle por el honor de ser el número 1, no solo por terminar el recorrido sino también por estarlo en la lista de la hermandad, Fernando sonríe con una lucidez que impresiona: «No es motivo de orgullo. Cuando recibes el 1, más que en el honor, piensas en que ya estás apuntado para el otro barrio», afirma ante lo inevitable: el paso del tiempo.

Dice que ya no conoce a ninguno de los números uno anteriores. Todos han fallecido. “Supongo que yo estaré también apuntado para un día de estos”, comenta sin dramatismo. Mientras tanto, sigue sintiendo lo mismo cada vez que llega el Miércoles Santo: el peso de una tradición que ha marcado su vida durante seis décadas. Porque para él, por encima de cargos, números o reconocimientos, hay algo que sigue intacto ser hermano del Ecce Homo.

Alba Soledad Moya

Natural de Cuenca. Graduada en Periodismo por la UCLM. Experiencia en medios de comunicación como CMM o La Sexta.
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