Cuenca se adueña del alma de Toledo: el rugido de las Turbas y el eco del Miserere hacen historia en El Greco

No fue solo un concierto; fue el abrazo eterno entre la vanguardia y el sentimiento de un pueblo que llevó su madrugada más sagrada a la capital regional

El pasado sábado, el Palacio de Congresos «El Greco» de Toledo dejó de ser un simple auditorio para transformarse en el epicentro de un viaje emocional que sacudió los cinco sentidos de cada espectador. Bajo la batuta del prestigioso compositor Manuel Marvizón, el espectáculo inmersivo de la Semana Santa de la región logró un lleno absoluto, agotando las mil localidades disponibles en una atmósfera cargada de incienso, luces y un misticismo que pocos esperaban.

La ambiciosa idea de Marvizón fue la de fusionar lo más sagrado de nuestra tierra en un solo escenario. El auditorio vibró con la fuerza de los tambores de Hellín y Tobarra, la solemnidad de Ciudad Real y el desgarro de las saetas. El público contuvo el aliento cuando el alma de Cuenca entró en escena a través de sus Turbas y las voces celestiales del Coro del Conservatorio.

Fue un despliegue donde el aroma del incienso, las túnicas de gala y una iluminación mística permitieron que la tradición no solo se escuchara, sino que se pudiera oler, ver y, sobre todo, sentir.

Foto: Concierto ‘Siente Castilla-La Mancha, los cinco sentidos de la Semana Santa‘ 

Un mes de «deberes» para una armonía perfecta

Este hito no fue fruto del azar. Mientras que la idea global se gestó hace un año, el trabajo específico con el Coro del Conservatorio de Cuenca fue una labor de precisión. Según explica su director, Jesús Mercado, la Junta de Comunidades contactó con ellos buscando la música más relevante de la Pasión conquense: el Miserere.

Tras el contacto directo entre Marvizón y la secretaria del coro, Luz Caruda, Jesús Mercado asumió la batuta de los ensayos. «Estuvimos preparándolo aproximadamente durante un mes», relata Mercado. El desafío era integrar las voces blancas en un puzle sinfónico complejo, trabajando sobre las partituras que el propio Marvizón enviaba desde Sevilla.

Tras los preparativos, el pasado sábado la expedición de Cuenca: diez turbos y el Coro del Conservatorio al completo pusieron rumbo a Toledo con el corazón en un puño. No hubo margen para el descanso; nada más llegar, se encerraron en el auditorio para un ensayo general donde se ajustó cada golpe de baqueta y cada soplo de clarín para que el sistema de sonido hiciera justicia a la realidad de la calle.

El pellizco de Cuenca que rompió los esquemas

Entre los turbos que acudieron para representar el rugido de la madrugada se encontraba Sergio Moreno, de la emblemática familia de «Los Patacos». Para él, estar allí era un tributo a su tatarabuelo, Bernabé Aguilar, y a todos los que forjaron las Turbas de Cuenca.

Foto: Turbos en el backstage del concierto ‘Siente Castilla-La Mancha, los cinco sentidos de la Semana Santa‘ 

El silencio se rompió de forma violenta con el lamento de los clarines, seguido por el rugido de los tambores que descendían por las escaleras hacia el escenario. El sonido, potenciado por un sistema envolvente, tal y como relata Sergio Moreno a El Digital de Cuenca, dejó a los asistentes estupefactos.

En ese instante, con las imágenes de Nuestro Padre Jesús proyectadas, Toledo se trasladó a Cuenca en un viaje sensorial. Muchos sacaron sus teléfonos móviles por puro instinto, mientras en el ambiente solo se escuchaba un murmullo de asombro: «Los Turbos, son los de Cuenca», recuerda Sergio.

El momento cumbre llegó cuando las Turbas «reventaron» el canto del Miserere del Coro del Conservatorio, fundiendo el estruendo con la delicadeza de las voces. «Fue una sensación muy bonita», confiesa el director Jesús Mercado, quien destaca la gratitud de la organización al ver los «deberes bien hechos».

El Coro del Conservatorio, también entonó el Stabat Mater y demostró su versatilidad interpretando el Ave Verum de Mozart junto a la orquesta del concierto y cerrando con una obra coral que unió a todos los participantes del evento. «Fue una experiencia muy gratificante, dejamos una buenísima impresión», afirma Mercado, reconociendo que, a pesar del cansancio de toda una jornada fuera de casa, el grupo ya está «deseando repetir».

Foto: Turbos y Coro del Conservatorio en el backstage del concierto ‘Siente Castilla-La Mancha, los cinco sentidos de la Semana Santa‘ 

Un sentimiento que Sergio Moreno suscribe con la misma emoción, describiéndolo como un auténtico «pelotazo» que superó todas las expectativas: «Fue algo apoteósico e indescriptible; ni las autoridades ni nosotros mismos esperábamos un impacto de estas características».

Lo que nadie pudo prever —ni el público, ni las autoridades, ni los propios protagonistas— fue el impacto sísmico que provocaría la presencia de Cuenca en aquel escenario.

Cuando el silencio se hace nudo en la garganta

El resultado fue una explosión de aplausos que se prolongó durante más de dos minutos, deteniendo el espectáculo ante una emoción desbordada que nadie quería que acabase. No era solo ruido; era el reconocimiento a una forma de sentir que nació en Cuenca y que ese sábado conquistó la capital regional. «Fue algo sublime, maravilloso… no nos oíamos ni a nosotros mismos», confiesa Sergio, aún impactado por lo vivido.

Ahora, con el eco de los tambores aún latiendo bajo la piel, queda la certeza de que lo vivido en Toledo ha marcado un antes y un después. Porque este espectáculo ha logrado lo que parecía imposible: elevar el sentimiento más visceral de nuestra tierra a la categoría de obra maestra. Cuenca no solo llevó su tradición a un escenario; demostró que su madrugada más sagrada es, en esencia, uno de los actos culturales más potentes y conmovedores.

Alba Soledad Moya

Natural de Cuenca. Graduada en Periodismo por la UCLM. Experiencia en medios de comunicación como CMM o La Sexta.
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