El milagro musical de Cuenca

El director de la JOC desvela el secreto de la expansión musical conquense

No se le olvidará, cuando estudiaba en el Conservatorio Superior de Música de Madrid, escuchar a sus profesores sorprenderse al preguntar procedencias: «¿Pero qué pasa en Cuenca?». Manuel Murgui sabía que si iba mucha gente de Cuenca a estudiar allí no era por cercanía geográfica, sino por una cuestión cultural. Enseguida se dio cuenta de que cuando al conquense le «pica el gusanillo» de la música no se pasa nunca, y de casta le viene al galgo. Su padre, que era fan del Dúo Dinámico, tenía un dúo y llegó a tocar la guitarra en una actuación con el gran José Luis Perales. Su casa estaba llena de micrófonos, cassettes, discos… Cuando entró el piano de cola por la puerta ya supieron lo que le esperaba al niño.

El artisteo de finales del XX y el Conservatorio le caló en los huesos

Manuel Murgui, director de la Joven Orquesta de Música/ Néstor Robaina

Acude a la entrevista vestido de director con gesto de director. El actual líder de la Joven Orquesta de Cuenca considera que fue a partir de la segunda mitad del siglo XX cuando despegó la pasión musical en Cuenca, a raíz de la llegada de algunos artistas como Fernando Zóbel y poetas, y al estar situada entre Madrid y Valencia. «No deja de ser un sitio pequeñito, con unos alrededores y una ciudad pintoresca, bonita, tranquila», y piensa que la llegada del Museo de Arte Abstracto atrajo a otros artistas musicales a Cuenca. Sin embargo, el punto de inflexión fue la creación del Conservatorio a finales de los 70. Cierto que había tradición musical anterior, pero el Conservatorio hizo que mucha gente tomara la música como algo cultural y eso hizo que se extendiera muchísimo.

Manuel Murgui, director de la Joven Orquesta de Música/ Néstor Robaina

Personalmente cuenta que su padre fue el responsable de todo, pues era un gran aficionado a la música desde muy joven y pronto formó un dúo con un compañero suyo. «Los dúos estaban de moda en aquella época, era cuando estaba empezando el Dúo Dinámico» y luego tuvo cierta relación, cuando empezó también a hacerse popular y conseguir fama, con José Luis Perales, incluso alguna vez coincidieron en algún escenario: «Mi padre tocaba y él estaba empezando con sus canciones».

Padre guitarrista e hijo pianista de una familia de cinco hermanos, y los cinco han pasado por el Conservatorio: «¡Eso era imprescindible en mi casa!», ha afirmado con melancolía. «En casa siempre había música, tocadiscos, cassettes…, cada vez que mi padre tenía ocasión compraba discos nuevos, clásicos o modernos, y había altavoces, cables y micrófonos por todas partes».

Pero su padre sabía que la guitarra es un instrumento complicado para dedicarse a ser solista y fue a comprar un piano para su hermana mayor. «Yo era bastante jovencito y esta anécdota no la recuerdo, pero mi madre cuenta que un día mi hermana no estaba en casa y escuchó que alguien estaba tocando el himno de España, ¡tú fíjate, en el piano! Se quedó pensando: pero si mi hija no está, ¿quién está tocando? Y entonces fue a ver y estaba yo ahí con un dedo (ja, ja, ja)». De nuevo entre risas lo reconoce: aunque no le había enseñado nadie, cuando su hermana no estaba le encantaba ir al piano a tocar las notas y observar cómo sonaba aquello. El padre tuvo claro quién iba a ser la siguiente promesa.

El milagro de la JOC: ¡Yo de mayor quiero ser director!

De pequeño su abuelo Manuel le inculcó la música clásica en los programas de televisión y su abuela la zarzuela. Cuando iba a pasar un rato con ellos el fin de semana le ponían los conciertos del maestro García Asensio con la Orquesta de Radio Televisión España: «Yo veía al hombre ahí dirigiendo en la tele y decía ¡pues yo de mayor quiero ser director! (ja, ja, ja)». Y entre carcajadas avanzaba la conversación sobre el verdadero culpable de su nombre.

A sus profesores les llamaba la atención que hubiera tantos músicos que viniesen de Cuenca, porque al ser una ciudad tan pequeña la proporción debía ser mucho menor. Hay un dato que no deja de sorprenderle y es que haya un conservatorio profesional, varias escuelas y academias privadas y la Escuela Municipal de Música pese a que la natalidad disminuye. De hecho, confirma que en la Escuela muchas de las solicitudes son de adultos, confirmando la tendencia creciente en los últimos años de aprender música en edad de jubilación: «Eso en un conservatorio no suele ser posible, pero aquí sí y que siga creciendo la demanda de estudios musicales, ya sean profesionales o amateur, es un indicativo interesante». 

Además, se ha mostrado orgulloso de su labor como director en la Joven Orquesta porque «han salido músicos muy buenos, algunos de ellos en orquestas o conservatorios importantes del mundo, y en España también en orquestas muy renombradas». Para él un ejemplo muy evidente del «milagro» es que no hay ciudades en España con una orquesta permanente de jóvenes que ensayen todas las semanas desde el año 92 ininterrumpidamente funcionando. Incluso en ciudades grandes muchas veces esas orquestas son temporales: «La propia Joven Orquesta Nacional de España (Jonde) funciona por temporadas, hacen unos cuantos conciertos y se disuelve la orquesta, aunque siga existiendo como entidad». Hasta le llegan peticiones de países lejanos, pese a la complicación de asistir cada semana.

Del «Cervantes» Tomás Luis de Victoria al «extraterrestre» de Bach

Si se pidiera a la Inteligencia Artificial que condensara en una docena de páginas la historia de la música, eso sí, con la supervisión de un megalómano experto, se comprobaría que gran parte del repertorio ha resonado alguna vez entre las hoces de Cuenca. Dentro de la primera etapa, el Renacimiento, no se puede pasar por alto a Josquin des Prés y al gran Tomás Luis de Victoria. En la etapa del Barroco no falta la Pasión según San Mateo y el Concierto de Brandeburgo del inigualable Bach y las Cuatro Estaciones de Vivaldi. La tercera época del Clasicismo la encabezan Mozart, Haydn y Beethoven. Después ya se entra en el Romanticismo con Schubert, Berlioz, Schumann y Brahms. Los nacionalismos posteriores los representan Wagner con Tristán e Isolda, Bruckner, Mahler con Resurrección, Sibelius, Tchaikovsky con El Lago de los Cisnes y Rimsky-Kórsakov con Scheherezade. La sexta etapa impresionista y modernista la definen Debussy, Ravel, Strauss (sinfonía alpina), Stravinsky (la constelación de la primavera), Manuel de Falla (sombrero de tres picos y noches en los jardines de España), Schönberg (noche transfigurada) y Bizet (Carmen). Y finalmente para las vanguardias del siglo XX quedan por nombrar a Shostakovich, Rachmaninov y Berg (a la memoria de un ángel). 

Enlace a la lista de YouTube Music de las obras seleccionadas

«Estoy totalmente de acuerdo con todo. De hecho, a pesar de dirigir una orquesta de estudiantes y algunos muy jovencitos, hemos interpretado gran parte de ese repertorio porque siempre procuro que los chavales se acerquen al grandísimo repertorio orquestal», y con ese entusiasmo ha comparado a Victoria con Cervantes o Velázquez por ser uno de los mayores artistas de España de todos los tiempos pese al desconocimiento general, «¡un fenómeno!».

En su opinión, la referencia para la mayoría de los músicos es Bach: «Es como el Messi del fútbol, o sea, una cosa rara, no entiendo muy bien de dónde salió este hombre, yo a veces a los alumnos les digo que era extraterrestre, que lo que hacía no era humano, simplemente la cantidad de música que escribió es inasequible para cualquier persona», lo cual sigue siendo un misterio.

Sin embargo, la música clásica ha ido evolucionando con el paso del tiempo, al principio se consolidó con mucha complejidad, pero ahora la tendencia es al contrario, se va facilitando a la par que la vida es un poco diferente. «¿Quién aguanta a Mahler? (Risas). Ya la novena de Beethoven, que es mucho más accesible, hay gente que dice: ¡Madre mía, voy a estar escuchando una obra solo en todo el concierto! Bueno, claro, pero una grandísima, ¿no? Y súper variada obra». Así es como se divierte Murgui en la entrevista. Todos estos grandísimos músicos le parecen insuperables y no cree que en la historia de la humanidad se vuelva a repetir algo tan tremendo como lo que dejaron ellos.

«Mis niños»

Por último, no es que tuviera idea de dar clase, pero desde que ejerce su profesión como profesor ha cogido mucho cariño a los niños. Tenía 23 años cuando le propusieron dar una asignatura de piano complementario en el Conservatorio: «Tengo 88 notas, no hay un instrumento con un registro tan grande y con los 10 dedos puedo hacer muchas cosas», se dijo a sí mismo, así que empezó como docente mientras continuaba sus estudios en Madrid. Lo de trabajar en la Escuela fue parecido, una oportunidad: «Me gustaban mucho los niños, los juegos musicales y todas esas bromas. A veces me ponía en el piano a tocar cosas de broma para los alumnos en lenguaje musical y así fue como le cogí el gustillo, tanto que el último día de clase me dio pena despedirme de mis niños (ja, ja, ja)».

Solo dos hermanos de la familia Murgui han acabado dedicándose profesionalmente a la música, pero es Manuel, profesor de la Escuela Municipal de Música y director de la Joven Orquesta de Cuenca, quien seguirá dando buena cuenta de la expansión musical en esta ciudad y esa pasión correrá por sus venas durante muchos años más.

Almudena Collado

Redactora de El Digital de Cuenca. Nacida en Cuenca. Más de 10 años de experiencia en medios de comunicación en radio y televisión como Cadena COPE, CMM y profesora de Onda Radio en Universidad Francisco de Vitoria.
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