Que le gusta al conquense un chándal nadie lo pone en duda. Pero los más vitales se enfundan en su ropa deportiva a primera hora del día aprovechando el fresco y siguen la linde de la Ronda Oeste. Desde la rotonda del Centro Comercial hasta el Hospital Virgen de la Luz se comprueba el goteo de peregrinos que circulan por esta ruta, apodada del colesterol en la región por razones obvias. Entre medias, los parques, el río Júcar y otros viandantes que comparten objetivo saludable además de camiseta fosforita como está mandado.




Los más vergonzosos como Mari Cruz salen a andar por aquello de cumplir los 10.000 pasos dichosos y, por supuesto, escuchando la radio. Félix no falta a su cita con el paseo matutino, le gusta recorrer la Ronda de punta a punta simplemente por el hecho de hacer deporte en la ciudad: «Hombre, hay veces que prefiero otras zonas más apartadas, pero voy cambiando y camino por la Ronda cuando busco algo más urbano». Charo sale a caminar todos los días con su pareja de la mano. Y a Fernando se le ve como pez en el agua: «No tengo otra cosa que hacer», así que viene casi todos los días porque piensa que «es el sitio ideal para pasear».
Otros tantos se comen el mundo ya de buena mañana. A Enrique le gusta la caza y la pesca y no quiere perder la forma, así que sale también casi todos los días. Va caminando hasta el Hospital Universitario y vuelve, por la mañana y por la tarde. Además, lo compagina con el cuidado de su madre que tiene 84 años, con quien también baja a pasear a la Ronda: «No lo hacemos por el colesterol», se desdice entre risas.

Sorpresa cuando Juan confiesa que sigue El Digital de Cuenca por las redes sociales. Sale una hora y media todas las mañanas sobre las 9:00 horas: «Desde hace años se le llama la ruta del colesterol, pero yo lo hago porque tengo azúcar y la enfermera me lo recomienda». A veces, también camina por la playa artificial buscando más sombra, pero reconoce que «está muy bien pasear hasta el Hospital nuevo y pasar el rato».

«Conquenses habrá muchos», pero como dice José María, «yo he venido a vivir a Cuenca porque he querido». Y así es como habla de la ciudad: «Tenemos buenos sitios para caminar, para descansar y para vivir». Tiene obligación de andar todos los días por prescripción médica, pero el paseo por la Ronda y Reyes Católicos no se lo quita nadie por puro placer.

Como un Sansón más, los guantes le dan la fuerza. A Fernando le gusta salir a dar paseos y le parece fenomenal que exista esta posibilidad bordeando la ciudad. Lo hace para que su cuerpo esté activo y el sitio le parece fantástico, sobre todo, para el invierno: «Tiene unas aceras hermosas y mucho sol, unas vistas bonitas». Suele hacer el recorrido tres o cuatro veces por semana porque otras tres sale con la bici y se va por la carretera que va a la Ciudad Encantada. Un claro ejemplo de que no se puede subestimar la jubilación.

Lo de mantenerse en forma tan solo es una excusa para Choni y Angelita. Lo que quieren es juntarse y hablar de sus cosas: «Nos sirve de terapia», y se ríen a carcajadas. Dan la vuelta en República Argentina y echan la mañana.

Con su periódico y su móvil a prueba de quinta generación, Abilio sale por la Ronda Oeste casi todos los días. Su nombre al final acaba siendo un motivo más interesante de conversación mañanera que el propio colesterol: «Mi mujer no lo encuentra en ningún almanaque y dice que no tengo santo, pero yo lo vi una vez», sonríe con picardía.

Tampoco se le escapa un día a Elvira para salir a andar hacia el Hospital, aunque haga más calor ahora: «Tengo un poquitín de azúcar nada más, pero desde que camino he adelgazado, estoy mejor y las piernas no me duelen». Además completa su plan fitness con clases de natación. Toda una deportista para su edad.

Los últimos dos bajan cada día desde la Plaza Mayor y pasan por la U. Pero María Isabel y José Vicente no acaban ahí la ruta, luego en la Ronda Oeste suben por la Fuente del Oro y otras veces van por el Hospital hasta San Antón. «Me veo muy bien ahora para andar que he perdido muchos kilos», dice orgullosa ella. «Enhorabuena por el reportaje», contesta amablemente él que señala a su mujer para hacerla protagonista del momento.

Y así es como, paso a paso, rotonda a rotonda, se respira cada día la ruta del colesterol en la Ronda Oeste. A través de un puñado de gestos y palabras se puede aportar un aliciente al más desganado.
