La nueva obra, donada por la familia, debutará el 14 de marzo en la procesión infantil y guarda un detalle histórico que ha sorprendido a todos. En ocasiones, las grandes historias no nacen en talleres profesionales ni bajo focos, sino en una mesa de casa, entre pruebas, lijas y paciencia. Así ha sido el origen del nuevo paso infantil de San Pedro Apóstol, una obra realizada por Rubén Segovia Guijarro junto a su padre, Jesús Segovia, que ya forma parte del patrimonio de la hermandad.
Rubén ha hablado con El Digital de Cuenca para explicar cómo ha sido el proceso de creación, los meses de trabajo silencioso y el significado personal y familiar que encierra una pieza que, más allá de su tamaño, representa historia, memoria y relevo generacional.
Lo que comenzó como una prueba con una impresora 3D ha terminado convirtiéndose en uno de los proyectos más especiales para la familia. Hace unos años se escanearon en 3D las figuras del paso de San Pedro y se guardaron los archivos. Tiempo después, Rubén recibió una impresora 3D como regalo y decidió hacer una prueba. «Al principio eran piezas sueltas, para ver cómo quedaban. Pero cuando vimos que el resultado era bueno, empezamos a pensar que aquello podía ir más allá».

El proceso no fue sencillo. Imprimir era solo el primer paso. Después llegó el trabajo minucioso: lijado, corrección de imperfecciones, repetición de piezas que no convencían y, finalmente, la policromía. «Queríamos acercarnos lo máximo posible al original, respetarlo en cada detalle. No igualarlo, porque eso es imposible, pero sí hacerlo con el máximo cuidado».
Todo se ha realizado en casa, sin medios profesionales y durante casi un año de trabajo constante. El proyecto ha sido, además, profundamente familiar. Jesús Segovia, padre de Rubén, ha estado implicado desde el primer momento. Vinculado históricamente a la hermandad —ha sido capataz de banceros y miembro de la directiva—, ha aportado experiencia y memoria. «Mientras trabajábamos hablábamos de cómo eran las salidas antiguas, de anécdotas, de cómo se vivía antes. Sin darnos cuenta, estábamos construyendo algo nuevo mientras recordábamos lo de siempre».
Pero si hay un detalle que ha emocionado especialmente a la hermandad es el de los banzos. El paso infantil llevará los originales de 1944, los mismos que se utilizaron cuando la hermandad desfiló por primera vez. Han sido adaptados al nuevo tamaño, pero la madera es la misma. «Pensar que ahora los bisnietos van a cargar lo que llevaron sus bisabuelos tiene mucho significado», explica Rubén. «Es una forma muy bonita de mantener viva la historia».
El momento en que vieron el paso completamente montado fue especialmente simbólico. «Hasta entonces eran piezas sueltas. Pero el día que lo colocamos entero y lo vimos ya terminado, te das cuenta de que es un paso de verdad. Ahí sientes que todo el esfuerzo ha merecido la pena».

La presentación ante la hermandad superó expectativas. La acogida fue entusiasta, y muchos se acercaron a observar los detalles. «Ver esa reacción compensa el año de trabajo».
La familia ha decidido donarlo íntegramente. «No entendíamos hacerlo de otra manera. Nuestra unión con la hermandad viene de siempre y esta es nuestra forma de aportar algo y devolver parte de lo que hemos recibido».
El estreno tendrá lugar el próximo 14 de marzo en la procesión infantil. La ilusión está puesta ahora en los más pequeños. «Este paso está pensado para ellos. Para que vivan la Semana Santa desde dentro y sigan manteniendo ese espíritu nazareno». Y Rubén lo tiene claro: «Cuando lo vea avanzar con los niños debajo, sé que me voy a acordar de todo el año de trabajo».
La historia continúa
No es solo un paso en miniatura. Es memoria compartida, relevo generacional y compromiso con el futuro. En marzo, cuando avance por las calles, no será únicamente una nueva incorporación a la procesión infantil. Será la prueba de que la historia de la hermandad sigue escribiéndose.
Y ahora, les toca a ellos.