El 18 de agosto de 2024 se echó la llave a una puerta que llevaba abierta cuatro décadas. Ese día no cerró solo un bar. En este pueblo de Cuenca se apagó el lugar donde los vecinos se encontraban a diario, donde se celebraban cumpleaños improvisados, donde se comentaba la cosecha, el tiempo o las fiestas. Se cerró, en definitiva, el salón de estar de todo un pueblo.
Durante dos años, sus 130 habitantes no tuvieron dónde tomar un café sin salir del municipio. La persiana bajada del único bar no era solo la imagen de un negocio inactivo, sino la de una rutina rota.
Este sábado 28 de febrero a las 12 horas esa persiana volverá a subir. El pequeño municipio conquense, recupera así su único establecimiento hostelero tras dos años de silencio y después de más de cuarenta años de historia familiar. Lo que reabre no es solo un negocio: es el principal punto de encuentro de un pueblo que necesitaba volver a reunirse.
El municipio, situado en la provincia de Cuenca y con 130 habitantes según los últimos datos municipales, recupera así su único establecimiento hostelero después de que cerrara en 2024 tras cuatro décadas de actividad familiar.
“Estaba el pueblo muerto. No venía nadie ya, no había bar, no venía nadie”, resume Chelo, la última persona que lo regentó junto a su familia.
40 años detrás de la barra
El bar —conocido como Bar Cruz— abrió hace aproximadamente cuatro décadas. Primero lo llevaron los suegros de Chelo. Cuando se jubilaron, ella y su pareja tomaron el relevo durante 20 años.
“El bar siempre ha sido un punto de encuentro, donde se juntaban los amigos”, explica. “Cuando lo cerramos, la gente lo echó mucho de menos. Para un pueblo tan pequeño es muy duro quedarse sin bar”.

El cierre se produjo en 2024 y recuerda que fue duro para ella, ya que echaba de menos el establecimiento donde dedicó parte de su vida. Desde entonces, el municipio se quedó sin ningún establecimiento abierto. “Venían a la fiesta o a la procesión y se iban”, señalando como reflejo de que ya no había nada que les retuviera.
Paradójicamente, tras la pandemia el negocio había vivido uno de sus mejores momentos. “En 2021 y 2022 fue un bombazo. Me llamaban los lunes para reservar para el fin de semana”, señala.
“Más que un negocio, hace una labor social”
El alcalde de El Hito, José Esteban Pérez, reconoce que nunca se habían visto en esa situación. “En el pueblo siempre ha habido algún bar abierto. Perderlo de la noche a la mañana fue un palo”, explica.
Aunque el establecimiento es de titularidad privada, su cierre tuvo consecuencias colectivas. “Más que un negocio, en un pueblo tan pequeño el bar hace labor social. Es lugar de encuentro, donde se comparten noticias, se organizan actividades… dinamiza la vida diaria”.

La ausencia también se notó en el ámbito turístico. El municipio recibe visitantes atraídos por su entorno natural como la Laguna de El Hito,una reserva natural que ocupa casi un 17% de la totalidad de la superficie del municipio, así como también por sus festividades, y el bar era un servicio añadido. “Las casas rurales hacían reservas, después de un concierto o una exposición la gente se quedaba a tomar algo. Cuando cerró, muchos eventos quedaban deslucidos porque no había dónde ir después”.
Durante estos dos años, añade, incluso hubo vecinos que acudían menos al pueblo. “Se notó bastante. Por eso la noticia de la reapertura se ha recibido con los brazos abiertos” confiando en que va a suponer “un impulso a la economía y va a dinamizar el pueblo”.
Una apuesta desde el pueblo de al lado
Detrás de la reapertura está Victorio Pedroche, hostelero con 27 años de experiencia y natural de la vecina localidad de Montalbo. La oportunidad surgió de manera casi natural.
“Llevo toda la vida en la hostelería y me llamaron para preguntarme si me interesaba alquilarlo. Con la familia siempre me he llevado bien y pensé que, antes de que lo cogiera cualquiera, me lo quedaba yo”, explica.
Pedroche no oculta que el reto no es sencillo, pero le mueve un sentimiento de ilusión por ayudar a la localidad. “Esto es más ilusión e intentar ayudar a un pueblo con pocos habitantes para que tenga más alegría”. Con ello, el nombre del local será ‘Bar Vitorio’, que es como le conocen en la zona.

La implicación vecinal ya se ha dejado notar incluso antes de abrir. “Han venido a ayudarme a subir los congeladores. Los antiguos dueños también me están ayudando en todo lo posible”, asegura.
Su idea es abrir todos los días y mantener el espíritu del establecimiento. De cara a la inauguración, prefiere un formato cercano. De cara a la jornada inaugural se muestra esperanzado: “espero que se dé muy bien”, señala Pedroche.
Recuperar la vida cotidiana
En un municipio de apenas 130 habitantes, el bar no es solo un lugar donde servir bebidas. Es el espacio donde se cruzan generaciones, donde se mantiene la conversación diaria y donde el pueblo se reconoce a sí mismo.
“Que vuelva a abrir es que el pueblo se anima un poco”, resume Chelo. Este sábado 28 de febrero no se inaugura únicamente un negocio. En El Hito se vuelve a encender una luz que llevaba dos años apagada. Y, con ella, la rutina compartida de un pueblo que necesitaba recuperar su lugar de encuentro.
