Hay vocaciones que se eligen y otras que simplemente han nacido con uno. José Aguilar, Pepe para todos, ha hablado con el Digital de Cuenca , y pertenece a ese segundo grupo. A sus 17 años no ha recordado un solo momento de su vida sin partituras sobre la mesa, sin ensayos, sin acordes sonando en casa. De hecho, ha aprendido antes a leer música que a leer palabras.
El próximo 20 de marzo, este joven compositor de Cuenca estrenará su cuarta obra para banda, la marcha procesional Caída del Silencio, que podrá escucharse por primera vez en la ciudad dentro del decano de los Conciertos de Marchas Procesionales, el tradicional Concierto del Huerto de San Esteban, una de las citas musicales más emblemáticas de la Cuaresma conquense.

Tres estrenos y una obra pendiente
A pesar de su juventud, Pepe Aguilar ya ha podido hablar de estrenos en plural. Sus obras estrenadas han sido: Sonidos del Huécar, dedicado a la familia Martínez Alfaro, estrenado el 24 de agosto de 2024. Del Peso al Calvario, estrenada el 8 de marzo de 2025 en el concierto de inicio de Cuaresma por la Unión Musical Ciudad de Albacete. Caída del Silencio, marcha procesional dedicada a Jesús Caído y la Verónica del Jueves Santo, que se estrenará el 20 de marzo en el Concierto del Huerto de San Esteban, considerado el decano de los conciertos de marchas procesionales en la ciudad.
Además, tiene una obra pendiente de estreno: Músico Entre Hoces, un pasodoble dedicado a Juan Carlos Aguilar Arias, su padre. «Cada obra tiene un significado muy especial para mí», ha explicado con serenidad.

La música como herencia y forma de vida
Hablar de Pepe Aguilar es también hablar de una familia profundamente ligada a la música. Es hijo de Juan Carlos Aguilar Arias, compositor, clarinetista y director durante más de dos décadas de la Banda de Música de Cuenca.
Su madre, Rosana González Huerta, es maestra y también música de clarinete en la misma formación. Crecido entre ensayos, conciertos y partituras, Pepe no ha concebido la vida sin sonidos.
«Aprendí antes a leer música que a leer palabras.»
Jamás le ha pedido a su madre dejar la música. La música ha estado siempre tan presente que su aprendizaje se ha adelantado incluso al escolar. «No tengo recuerdos de una casa sin partituras».

Del piano al saxofón
Sus primeros pasos han sido con el piano, aunque pronto ha sentido una fuerte atracción por los instrumentos de viento. Ha querido tocar el clarinete, pero su corta edad lo ha llevado finalmente al saxofón soprano, instrumento con el que ha comenzado una formación que ha continuado en el conservatorio. Actualmente cursa sexto de enseñanzas profesionales, con la intención de seguir estudiando y acceder en el futuro a estudios superiores, siempre ligado a la composición.
El descubrimiento de la composición
El interés por componer ha surgido casi por intuición, durante una de sus primeras clases de armonía. «Nos pusieron un ejercicio sin explicarnos nada y, por lógica, lo he hecho. Solo he tenido un fallo. Ahí ha empezado todo».
Desde entonces, el estudio de las reglas, el análisis de grandes compositores y el entendimiento del porqué de cada norma han marcado su forma de crear. «Te das cuenta de que todo tiene sentido. Es impresionante».
La crítica que más importa
Si hay una opinión que ha pesado especialmente en su evolución es la de su padre. «Hemos discutido mucho por correcciones», reconoce. «Pero es porque quiere sacar lo mejor de mí, y yo también». Una exigencia constante que ha ayudado a moldear su carácter musical y su forma de entender este arte.

Músico y nazareno
Pepe no duda cuando se le pregunta cómo se define: músico y nazareno. La Semana Santa siempre ha estado presente en su familia y, siempre que la música se lo ha permitido, ha participado activamente con sus hermandades.
Un futuro por escribir
Con cuatro obras para banda —tres ya estrenadas y una pendiente— y muchas más en mente, Pepe Aguilar tiene claro que esto no ha hecho más que empezar.
Mientras tanto, Cuenca se prepara para escuchar, en uno de sus conciertos más históricos, la música de alguien que no recuerda cuándo ha empezado a amar este arte… porque, sencillamente, siempre ha vivido dentro de ella.






















