De Cuenca a las pantallas con Malu Zamora: cine contra el silencio y un festival para cambiar miradas

La cineasta y periodista sigue triunfando

La periodista y cineasta de Cuenca Malu Zamora prepara el estreno de su largometraje La carta de Óscar, una película que aborda el acoso escolar desde una mirada íntima y social, y que ya ha cosechado numerosos reconocimientos y selecciones en festivales antes de su estreno oficial. Paralelamente, impulsa el FICDIMEV – Festival Internacional de Cine y Documental a favor de la Infancia, la Mujer y la Educación en Valencia, cuya primera edición se celebrará el 3 de septiembre de 2026.

Hablamos con ella sobre cine, compromiso y la paradoja de crear desde fuera de su propia tierra.

La cineasta que transforma el dolor en conciencia social

Periodista, cineasta y activista cultural, María Luz Zamora estrenará después del verano su esperado largometraje La carta de Óscar, una obra centrada en el bullying que conecta directamente con familias, educadores y jóvenes. Al mismo tiempo, ultima los preparativos del FICDIMEV, un nuevo espacio cultural con vocación social y educativa.

Conversamos con ella sobre su trayectoria, sus proyectos y su deseo de tender puentes entre el cine y la transformación social.


— María Luz, estás a punto de estrenar La carta de Óscar. ¿Cómo nace este proyecto?

Nace de una necesidad personal y social. El bullying sigue siendo una realidad silenciada que afecta a miles de niños y familias. Cuando conocí esta historia sentí que debía contarla, no desde el sensacionalismo, sino desde la empatía. Quería crear una película que acompañara, que ayudara a comprender y que pudiera servir como herramienta de prevención.

— La película ya ha recibido numerosos reconocimientos antes de su estreno oficial. ¿Qué significa eso para ti?

Es muy emocionante y, sobre todo, alentador. Cuando un proyecto con un mensaje tan delicado conecta con jurados y programadores de festivales, sientes que no estás sola. Para mí es la confirmación de que estas historias importan y de que el cine social tiene su espacio.

— ¿Qué encontrarán los espectadores cuando vean La carta de Óscar?

Una historia dura, sí, pero también profundamente humana. Habla del dolor, pero también del amor, del recuerdo y de la responsabilidad colectiva. Me gustaría que el público salga del cine con más preguntas que respuestas y con una mirada más atenta hacia su entorno.

— Paralelamente lanzas el FICDIMEV. ¿Cómo surge esta iniciativa?

Surge del deseo de crear un espacio estable para el cine comprometido. El FICDIMEV nace para dar visibilidad a obras que hablan de infancia, educación e igualdad, y para conectar a creadores, docentes y público. Y, sobre todo, para ofrecer un lugar al cine de autor e independiente.

No quería un festival al uso, sino una plataforma de conciencia social.

— El estreno del festival será el 3 de septiembre de 2026 en Valencia. ¿Qué puede esperar el público?

Puede esperar cine con propósito. Documentales y películas que invitan a reflexionar, así como encuentros con profesionales de la industria: actores, cineastas, productores y distribuidores. La idea es que el festival no termine cuando se apagan las luces de la sala, sino que continúe en las conversaciones posteriores.

— ¿Por qué Valencia como punto de partida?

Porque desde el primer momento encontré allí mayor receptividad y voluntad de colaboración. Además, siento Valencia como mi propia casa. Pasé buena parte de mi infancia allí, con mis abuelos, que me criaron con poco dinero pero con mucho amor. Es la ciudad del mar, de la luz bonita, del sol, de los helados, de la horchata, de las Fallas, de los castillos de arena…

Desde nuestro “mare”, esperamos crecer y extender el proyecto a otros territorios.

— ¿Está siendo difícil poner el festival en marcha?

Bastante. Un festival necesita una estructura mínima, apoyos institucionales y compromiso real. En Valencia, de momento, se están dando esas condiciones. Siempre nos hemos sentido muy arropados por la ciudad y por su concejal de Cultura, José Luis Moreno, que desde el primer momento nos abrió las puertas del Ayuntamiento con cariño y ganas de colaborar.

Creo que la cultura debe ser independiente y estar al servicio del bien común. Hoy más que nunca es necesario que las administraciones apoyen las iniciativas culturales de la ciudadanía.

— Eres conquense y, sin embargo, ni La carta de Óscar ni tu cortometraje Si me ven llorando han tenido todavía recorrido en salas o circuitos educativos en Cuenca. ¿Cómo vives esta situación?

Con tristeza, aunque si te soy sincera, ya casi acostumbrada. Me habría encantado que Cuenca fuese de las primeras ciudades en acoger la película o en impulsar un circuito educativo con el cortometraje. Son trabajos pensados precisamente para generar diálogo en colegios, institutos y espacios culturales.

A veces cuesta entender por qué proyectos con este enfoque social encuentran más apoyo fuera que en casa.

— También resulta llamativo que el FICDIMEV arranque en Valencia y no en Cuenca.

Sí, es una paradoja. Las instituciones deberían apoyar cualquier iniciativa cultural que sume a la ciudad, independientemente de quién la impulse. Más aún en ciudades pequeñas como Cuenca, donde este tipo de propuestas son escasas. Pero, desgraciadamente, no siempre ocurre así.

— ¿Has planteado alguna iniciativa cultural al Ayuntamiento de Cuenca?

Por supuesto. No he renunciado a Cuenca. De hecho, hace unos días mantuve una reunión con la concejala de Cultura y estamos explorando la posibilidad de poner en marcha algún proyecto conjunto. Ojalá sea el primer paso para que tanto mis trabajos como el festival puedan tener presencia allí. Sería maravilloso devolver a mi ciudad parte de todo lo que me ha dado.

— ¿Podemos conocer algún detalle?

(Ríe) No. Siempre que desde la productora presentamos una propuesta mantenemos una confidencialidad estricta y pedimos a las instituciones la misma. Nuestro trabajo es creativo y no se puede permitir que presentes un proyecto y luego esa iniciativa la desarrollen otros con el respaldo de las mismas instituciones. No solo es poco elegante, sino que tampoco es ético.

Todo lo que hacemos nace de ideas registradas y de mucho esfuerzo.

— Como periodista y cineasta, ¿sientes una responsabilidad especial al contar estas historias?

Muchísima. Quienes trabajamos con la palabra y la imagen tenemos una responsabilidad ética. El cine puede entretener, pero también puede educar, acompañar y sanar. Intento que cada proyecto tenga un propósito claro.

— ¿Qué les dirías a las familias y educadores que vean la película?

Que acudan con el corazón abierto. Y que después hablen, pregunten y escuchen. El bullying se combate con diálogo, presencia y comunidad. Ojalá La carta de Óscar sea el punto de partida de muchas conversaciones necesarias.

— Para terminar, ¿qué sueñas para el futuro?

Sueño con seguir contando historias que importen, con ver crecer el FICDIMEV año tras año y con lograr que el cine llegue a más aulas y más hogares. Y, sobre todo, sueño con un mundo donde ningún niño tenga que escribir una carta desde el dolor.

Carlos Massó

Graduado en Periodismo y Diplomado en Trabajo Social. Natural de Carrascosa de Haro vive y disfruta de Cuenca, donde nació en un bonito año como fue el 1988. Informar, trabajar, luchar y soñar.
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