Durante años, la carnicería de un pueblo de la provincia de Cuenca permaneció cerrada. Para los vecinos, sobre todo los mayores, la ausencia de este servicio suponía perder un punto de encuentro y una rutina diaria. El pasado 7 de febrero, esa puerta volvió a abrirse. Detrás del mostrador estaba Nohelia Maurelia, venezolana, embarazada de casi ocho meses, con ilusión y nervios por un reto que no solo significaba abrir un negocio, sino también contribuir a la vida de Saelices.
Maurelia reconoce que la decisión no fue fácil. Aun así, se sintió atraída por la oportunidad. Admitió que el reto era grande y que tuvo miedo, pero que al final la experiencia ha sido positiva y gratificante. “Era un reto muy grande… tenía miedo, claro que tenía miedo, pero ha sido bien”, recordaba, reconociendo la mezcla de incertidumbre y oportunidad que suponía abrir un negocio en un lugar que no conocía.
De Venezuela al País Vasco… y luego a Saelices
La trayectoria de Maurelia en el comercio comenzó en Venezuela, donde fue gerente de dos supermercados. Su jefe le enseñó la importancia de conocer todas las áreas para poder gestionar un negocio: carnicería, charcutería, panadería, fruta… todo debía dominarlo para poder liderar.
“Trabajé año y medio en un supermercado de charcutería y luego año y medio en otro de carnicería, charcutería y un poco de caja también. En Venezuela fui gerente de dos supermercados y tenía un jefe que me decía siempre que había que aprender de todo para poder mandar. Por eso aprendí carnicería, panadería, fruta… todo para poder llevar el supermercado como tal”, explica.
Tras llegar a España, trabajó durante siete años y medio en Baracaldo, en el País Vasco, acumulando experiencia en supermercados, charcutería, carnicería y caja.
A pesar de su experiencia, encontrar vivienda se convirtió en un problema. Tras más de dos años sin éxito, la familia buscó alternativas. Fue entonces cuando una amiga le habló del Proyecto Arraigo, promovido por la Diputación de Cuenca para atraer población a municipios despoblados.
Maurelia investigó el proyecto, completó el formulario y fue contactada por los responsables. En la conversación descubrió que Saelices llevaba años sin carnicería. “Me dijeron que en el pueblo llevaban años sin carnicería… Hablé con el antiguo dueño del local, vinimos en agosto y quedamos flechados”, contaba sobre su primera visita a Saelices. La decisión fue inmediata: en el mismo día confirmaron que se mudaban, con el proyecto de la carnicería ya en marcha y la oferta de trabajo para su marido asegurada.
Flechados por Saelices
Antes de esa visita, la familia no conocía la provincia de Cuenca ni el municipio. Maurelia recuerda que antes de llegar no estaba muy convencida, pero al conocer Saelices, todo cambió: la decisión de mudarse fue inmediata.
Lo que más le impactó fue la cercanía del pueblo y el trato humano. Explicó que en Venezuela estaban acostumbrados a saludarse constantemente, a la cercanía con los vecinos, y que aquí encontró ese mismo sentimiento. Reconoce que quedaron “fechados”, lo que fue algo determinante para ellos.
La alcaldesa Paloma Jiménez y Gabriela, responsable del Proyecto Arraigo, acompañaron a la familia en cada paso, facilitando los trámites y la financiación.
“Aquí es como estar en casa. En Venezuela estamos acostumbrados a decir ‘buenos días’, ‘hola’. Paloma ha sido parte fundamental de todo esto, igual Gabriela, que estuvieron de la mano contigo llevando este proceso” destacando que sin la figura de la alcaldesa de la localidad no se hubieran mudado a la localidad.
En este sentido Maurelia explica que la entrega de la regidora local es “total buscando como mecanismo de que las cosas sean más fáciles de llevar y de solucionar”.
El papel del Ayuntamiento de Saelices ha sido clave en la llegada de Noelia y su familia. Paloma Jiménez, alcaldesa del municipio, destaca que la iniciativa forma parte del Proyecto Arraigo, que busca fijar población en municipios despoblados. “Desde la primera edición somos parte de él. Lo que ha supuesto en Saelices es que nuevas familias se asienten y nuevos negocios se abran”, explica, subrayando la importancia de atraer población joven y mantener activos servicios esenciales, como la panadería o la carnicería, cerradas durante años.

La alcaldesa valora especialmente la acogida de las familias: “Saelices es un pueblo muy acogedor. Desde el primer momento recibimos a las familias con los brazos abiertos, y aunque somos apenas 500 habitantes, ofrecemos servicios como escuela infantil, comedor escolar y actividades extraescolares, además del carisma de nuestra gente”. Jiménez recalca que la implicación del Ayuntamiento no termina con la instalación: acompaña a los nuevos vecinos en trámites, ayudas, búsqueda de vivienda y locales para sus negocios. “Desde el minuto cero estamos a su disposición para cualquier necesidad administrativa o subvención”, apunta.
En el caso de Noelia, la alcaldesa recuerda cómo su familia se adaptó rápidamente. La primera visita incluyó la vivienda, la carnicería y el trabajo de su marido. “Se fueron con todo estructurado, y luego se adaptaron perfectamente al pueblo y a la gente. La comunidad no puede estar más encantada. Ya no se quieren ir”, señala Jiménez. Para la regidora, la instalación de nuevos negocios y familias tiene un efecto multiplicador: “Este tipo de aperturas generan un efecto llamada para otros emprendedores y son claves en la lucha contra la despoblación. Queremos dar todas las oportunidades a quien quiera desarrollar su proyecto de vida en Saelices”.
Acogida de vecinos y apoyo familiar
La apertura del negocio fue celebrada por la comunidad. Desde el primer día, los vecinos acudieron a dar la bienvenida y a comprar. Para Nohelia, la experiencia fue emocionante: la gente respondió con entusiasmo, e incluso su propia familia, que estaba en Bilbao, viajó casi todos los fines de semana para ayudar con el local, sobre todo durante el embarazo de Nohelia.

“El día de la inauguración vino muchísima gente a darnos la bienvenida, a darnos la enhorabuena, que tengamos suerte comprando. La gente de verdad ha apoyado muchísimo. Ha sido un trabajo en equipo: hasta mi familia, que estaba en Bilbao, me ayudó casi todos los fines de semana a dejar el local en óptimas condiciones. Ha sido un trabajo en equipo de verdad”, contó.
Los primeros días superaron todas las expectativas. La carnicería recibió a clientes constantes y la rutina se recuperó rápidamente. Algunos vecinos volvieron varias veces solo para asegurarse de poder adquirir productos que antes no tenían a mano.
Más que un negocio: un servicio comunitario
Nohelia ha adaptado los horarios de la carnicería para facilitar la vida a los vecinos mayores y a quienes dependen del transporte público o de familiares. Abre domingos y extiende la atención para que todos puedan acceder al servicio.
El embarazo de Nohelia también da un significado especial a su estancia: contribuir al crecimiento de la población local. Además, la familia ha experimentado una mejora en calidad de vida y salud desde que se trasladó a Saelices.

“Mi hija se ha adaptado muy bien, mi marido duerme mejor… yo llevo un embarazo tranquilo. Todo ha sido más fácil aquí que en la ciudad”, reconocía.
La hija de Nohelia se adaptó rápidamente, y su marido y ella disfrutaron de una vida más tranquila que en la ciudad.
Mirando al futuro
La familia planea asentarse de manera permanente. Quieren comprar casa y quedarse en Saelices por muchos años, ofreciendo un servicio que la comunidad necesitaba y recuperando la rutina que durante tanto tiempo había desaparecido.
La carnicería de Nohelia no es solo un negocio: es una historia de adaptación, comunidad y ilusión, que devuelve vida a un pueblo que llevaba años esperando noticias como esta.