El reciente debate en el Congreso de los Diputados sobre la prohibición del burka y el niqab en espacios públicos ha vuelto a situar en el foco la vestimenta de las mujeres musulmanas. Sin embargo, en Cuenca, la realidad cotidiana dista mucho del escenario planteado en el hemiciclo.
“Aquí ni tú ni yo hemos visto a ninguna mujer con burka o niqab”, afirma Ibtissam El Hammani, presidenta de la Asociación de Mujeres Musulmanas de Cuenca en una conversación con El Digital de Cuenca. “La vestimenta más habitual es el hijab, que deja la cara descubierta y permite reconocer perfectamente a la persona”.
La propuesta, impulsada por Vox y apoyada por el Partido Popular, finalmente fue rechazada en la Cámara Baja. Pero más allá del resultado parlamentario, el debate ha generado inquietud en parte de la comunidad musulmana local.
Una asociación centrada en la integración
La Asociación de Mujeres Musulmanas de Cuenca nació en 2010 con el objetivo de facilitar la integración de mujeres inmigrantes en la provincia. Actualmente, unas 15 mujeres participan de forma habitual en sus actividades.
“Damos clases de castellano, hacemos acompañamiento a mujeres que acaban de llegar, vamos con ellas al médico o a hacer gestiones administrativas”, explica su presidenta. “El idioma es una barrera muy grande cuando vienes de fuera, y lo que intentamos es que puedan integrarse mejor y sentirse parte de la sociedad”.
El trabajo diario de la asociación tiene poco que ver con debates ideológicos. Sin embargo, cuando la vestimenta islámica entra en la agenda política, sienten que les afecta directamente.
Diferencias y matices: hijab, niqab y burka
Ibtissam insiste en que existe mucha confusión sobre los distintos tipos de prendas:
“El hijab es el pañuelo que cubre el cabello, pero deja la cara al descubierto. Es lo que más se usa aquí. El niqab cubre el rostro dejando solo los ojos visibles. Y el burka es la vestimenta completa, que cubre todo el cuerpo y la cara”.
Según explica, ni el niqab ni el burka forman parte de la realidad habitual en Cuenca. “Yo no he visto a nadie aquí con burka ni con niqab”, recalca.
“Lo llevamos por decisión propia”
Uno de los puntos que más subraya es la libertad individual. “Todas las mujeres que llevamos hijab lo hacemos por decisión propia. Nadie nos obliga. Es una elección personal basada en nuestra creencia”.
Para ella, el problema surge cuando desde fuera se presupone que hay imposición. “Muchas veces se piensa que el padre o el marido obligan, pero en el islam, si haces algo tiene que ser por convicción. Si no, no tiene sentido”.
La presidenta de la asociación también subraya que el debate se centra casi exclusivamente en la mujer, cuando —recuerda— en el islam existen pautas de vestimenta tanto para hombres como para mujeres.
“También el hombre tiene su vestimenta, igual que la mujer. Solo que ese tema no se toca. Se centran más en la mujer porque es un tema polémico”, afirma. A su juicio, algunos discursos políticos “lo que hacen es generar y crear problemas y odio”, en torno a una cuestión que, insiste, “no pone en riesgo ni amenaza a nadie”.

Frente a esa visión, defiende que el uso del hijab responde a una decisión personal y religiosa. “La mujer musulmana cuando se pone el hijab lo hace por su decisión propia. Está feliz, es su libertad y hace una cosa por su creencia. No es por satisfacer a nadie”.
Recientemente durante un acto en Madrid sobre el futuro del progresismo, el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, calificó el burka de “salvajada” y “animalada”, y defendió que ninguna izquierda laica debería tolerar que se «invisibilice a las mujeres de esa manera».
Asimismo, al ser preguntada por la propuesta debatida en el Congreso, la presidenta de la asociación insiste en que la clave está en la libertad individual. “Una persona cuando se pone una vestimenta que ha elegido, prohibírsela es quitarle un derecho. Es discriminar a esa persona y quitarle el derecho de decidir cómo quiere vestirse”, señala.
En ese sentido, vincula el debate con el discurso feminista que, a su juicio, se utiliza en ocasiones para justificar la prohibición. “Se habla mucho de derechos de la mujer, de feminismo y todo eso, pero si prohíben esa vestimenta, a lo mejor esas mujeres no iban a salir a la calle”, advierte.
Para ella, impedir el uso de determinadas prendas no supondría una liberación, sino una limitación de la libertad personal de quienes han decidido llevarlas por convicción propia.
Una cuestión que precisamente se ha planteado en el último pleno del Ayuntamiento de Cuenca del mes de febrero donde se ha rechazado la moción presentada por el Grupo Municipal VOX que proponía regular el acceso a las dependencias municipales en casos de ocultación integral del rostro, incluyendo prendas como el niqab, el burka u otras similares. En la misma sesión plenaria se debatió una segunda moción de VOX para prohibir el uso del velo islámico en la enseñanza pública obligatoria.
La presión en la calle
Más allá del plano político, Ibtissam reconoce que estos debates tienen un efecto en el día a día.
“Crean odio en la sociedad. Aunque estés integrada y bien, cuando la gente escucha estas cosas en la tele empiezan a crear otro ambiente”, afirma. “Vas por la calle y sientes todos los ojos encima tuyo. Es muy incómodo”, añade.
Asegura que muchas mujeres han recibido comentarios como “vete a tu país”, incluso algunas que tienen nacionalidad española. “Hay musulmanas españolas nacidas aquí. ¿A dónde se tienen que ir?”.
También menciona dificultades en el ámbito laboral. “En entrevistas de trabajo, a veces te descartan solo por llevar hijab, aunque tengas más formación que otra persona”.
Más problemas que la vestimenta
La presidenta de la asociación considera que el foco político está mal orientado. “Tenemos problemas más importantes: la vivienda, el trabajo, la situación de los jóvenes… y siempre se vuelve a la vestimenta de la mujer musulmana”.
A su juicio, estos debates generan más polarización que soluciones. “No ponen en riesgo a nadie. Lo que generan es más racismo y más islamofobia”.
Un llamamiento a la empatía
Lejos de confrontaciones partidistas, Ibtissam lanza un mensaje de convivencia. “La mujer musulmana es igual que cualquier otra mujer. Su forma de vestir no significa que sea menos que nadie”, afirma. “Lo que pido es empatía. Que se acerquen a nosotras antes de juzgar. Preguntar y que dejen a las mujeres musulmanas en general que decidan sobre sus vidas, sus vestimentas, sus gustos y lo que quieran hacer con su vida”.