Cuenca vivirá este sábado 21 de febrero una de las citas musicales más esperadas del calendario cofrade. El Concierto de Inicio de la Cuaresma 2026 reunirá sobre el escenario del Teatro Auditorio a la Sociedad Filarmónica de Nuestra Señora de la Oliva de Salteras, una formación histórica que llega a la ciudad con el cartel de entradas agotadas y la promesa de una velada inolvidable.
En conversación con El Digital de Cuenca, su director musical, José Peña Rubio, desgrana las claves de un concierto que marcará el inicio de la Cuaresma conquense y que ha despertado una enorme expectación entre el público.

Con 113 años de historia, La Oliva de Salteras es una de las bandas más antiguas y prestigiosas de Andalucía. Referente absoluto de la música procesional, acompaña cada Semana Santa a nueve hermandades de Sevilla capital y a tres de la provincia, destacando no solo por su nivel artístico, sino por su profunda conexión con el sentimiento cofrade.
Peña Rubio insiste en que el verdadero patrimonio de la Sociedad Filarmónica de Nuestra Señora de la Oliva de Salteras no se mide únicamente en años de historia o en prestigio musical, sino en las personas que la conforman. Detrás de cada concierto hay muchísimo trabajo, compromiso y una forma de entender la música desde el compañerismo, el respeto y la responsabilidad colectiva.

«Los conquenses se van a encontrar con un concierto de marchas procesionales muy seleccionado de nuestro repertorio, junto a dos marchas procesionales de Cuenca», explica Peña Rubio. El programa incluirá además dos composiciones del reconocido compositor José Alberto Pina, entre ellas la marcha Promesas, que se escuchará por primera vez en Cuenca y que contará con la presencia del propio autor dirigiendo la obra.
La formación, compuesta por 85 músicos, atraviesa un momento de especial madurez. «Es una banda que está a un altísimo nivel tanto musical como humano. Creo que pondremos en Cuenca todo nuestro arte, nuestro saber y nuestra música para que puedan disfrutar de este concierto», señala su director.
Más allá de su labor al frente del atril, José Peña Rubio entiende la dirección musical como una responsabilidad educativa y de continuidad. En este sentido, destaca la importancia de la formación interna, del trabajo con los jóvenes y del relevo generacional como pilares fundamentales para que la banda siga manteniendo su identidad y su nivel artístico en las próximas décadas.
Peña Rubio reconoce también su admiración por la Semana Santa conquense, a la que ha conocido a través de imágenes y documentación. «He visto que es una Semana Santa muy potente, con muchísima calidad y una gran pasión por parte de los nazarenos», afirma.

La llegada de La Oliva a Cuenca ha sido posible gracias a la mediación del presidente de la Junta de Cofradías de la Semana Santa de Cuenca, Jorge Sánchez Albendea, cuyo interés ha sido determinante para cerrar esta actuación tan esperada. Desde la formación sevillana se valora especialmente la implicación y la cercanía mostradas desde el primer momento por la organización conquense.
La actuación en el Teatro Auditorio es vivida por La Oliva de Salteras como algo más que un compromiso musical. Supone también un gesto de agradecimiento a una ciudad que ha abierto sus puertas a la música procesional y que ha respondido con entusiasmo, llenando el recinto días antes del concierto.
Con el Teatro Auditorio lleno, el mensaje del director es claro y directo al público conquense: «Que disfruten de la interpretación. Para nosotros va a ser una cita muy especial. Vamos con muchísimas ganas y esperamos que este concierto sirva para disfrutar de la música procesional y para preparar la Cuaresma y el cuerpo nazareno».
José Peña Rubio confía además en que esta cita no sea un hecho aislado. El director se muestra convencido de que la música procesional es un lenguaje común que une territorios, tradiciones y sentimientos, y expresa su deseo de que este concierto sea el inicio de una relación duradera entre La Oliva de Salteras y la ciudad de Cuenca.
Cuenca se dispone así a abrir la Cuaresma con una noche cargada de emoción, historia y excelencia musical, de la mano de una banda centenaria que no solo interpreta marchas, sino que transmite valores, compromiso y una forma muy concreta de entender la música y la Semana Santa.