El túnel de la Trinidad en Cuenca, «la obra de los faraones»

Primeras sensaciones y nuevas ideas de los vecinos del barrio

No es que vaya a pasar lo del adolescente Marty McFly y su amigo Doc cuando subieron en su flamante DeLorean y viajaron en el tiempo. Pero cuando se atraviesa el túnel de la Trinidad que conecta el Paseo del Huécar con la confluencia de los ríos Huécar y Júcar se apodera del conquense cierta sensación de salto al futuro como la de aquellos dos.

«¡Qué sucia baja hoy el agua!», comenta una vecina mientras se asoma a mirar los patos durante su paseo. «¡No os peleéis granujas!», grita el otro mediando en una pelea de gatos. «¿Has visto lo que han hecho aquí abajo?», se asoman dos desde la subida del Puente. Y así va transcurriendo la vida en el barrio de la Trinidad que luce más verde que nunca desde que finalizaron las obras y ya se atisba ‘la Luz’ al final de la calle Los Tintes.

Carmen

A Carmen le parece que la obra ha quedado muy bien porque ha facilitado el paseo: «Se nota mucho, antes venía gente aquí, pero ahora parece casi una manifestación», enfatiza entre risas mañaneras. Para ella es emocionante que se pueda caminar ¡todo recto! hasta el Recreo Peral por un extremo y hasta el Auditorio por el otro.

Aunque también le pone alguna pega. Le gusta menos que el parque esté «tan estropeado» y hayan cuidado solo la zona próxima al arco. Vaticina que los huecos que hay en el suelo a ambos lados del túnel se presten a ser un foco de «acumulación de basura y pintadas», lo cual según considera va a exigir mucho mantenimiento. Y por último, advierte los problemas con los colectores que han provocado recientes inundaciones en la zona: «Antes ya se inundaban los garajes de estos vecinos y ahora se inundan más, no lo han arreglado».

Javier

La expresión de Javier, periódico y smartphone en mano, lo dice todo. Solo tiene tres cosas que añadir y las tres entre exclamaciones: «¡Me parece una obra formidable!»; «¡Por fin se ha hecho!»; «¡Enhorabuena a quien haya tenido la idea!». Su espíritu deportivo agradece sin duda el esfuerzo.

Alejandro

Alejandro es un argentino residente en Cuenca que ha trabajado durante muchos años en el mundo de los medios de comunicación en varios países de América. La obra le parece «divertida», eso sí, mientras no se hayan gastado más de lo que se tenían que gastar. A partir de ahora su nuevo deseo es limpiar de grafitis la ciudad. Le sale su espíritu más combativo cuando aprovecha para recordar a los políticos que sirvan a los ciudadanos con honestidad ofreciendo servicios como este y eviten caer en sistemas corruptos o abusos de poder.

Miguel Ángel

Miguel Ángel se coloca en la parte trasera del túnel para reclamar que se ponga una imagen en la hornacina que ha quedado por la parte trasera: de la Virgen de la Luz, de San Julián, o un escudo típico con ladrillos tipo árabe que exprese el sentir del conquense. «Llevamos tiempo pidiendo esta obra, pero no está en condiciones», expresa con pesar.

En su opinión, la ladera está demasiado inclinada y debería haber unas barandilla para evitar que los niños se caigan y corran el peligro de precipitarse al río. Le consta que los vecinos ya lo han denunciado. Además, no entiende el significado de los huecos en el suelo que «acabarán llenándose de basura» ni de las escaleras que «se comen parte del pasillo».

Juan Manuel y José

Juan Manuel y José vienen del sur. Visitan Cuenca procedentes de Motril, Granada, y defienden la «simbiosis de naturaleza» que tiene la ciudad entre la parte antigua y la nueva: «No puede ser que lo hayan conseguido pensándolo, simplemente al azar y ha salido perfecto», ironiza Juan Manuel con su acento andaluz característico, y continúa la broma: «No sé si podéis morir de éxito porque empezamos a ver muchos candaditos en el puente San Pablo». Es de la opinión de que hay que dejar que la naturaleza siga su curso y no se vea mucho la mano del hombre: «Esto tiene su vida propia, solo hay que dejar que la fauna y la flora hagan el resto».

Vicente

La objeción de Vicente tiene que ver con las declaraciones de Saray Portillo, la nueva coordinadora de concejales, cuando habló de la satisfacción ciudadana: «En este caso no lo diría por la inundación, pues sabía que se inundaba antes de hacer la obra y sigue inundándose».

No es que esté en contra, ni mucho menos, reconoce que ha quedado precioso, pero cree que el orden no ha sido el correcto a la hora de dedicar este dinero al túnel cuando hay otras cosas que necesitan una atención prioritaria. «Me parece como las obras de los faraones, que es enorme comparado con algunas necesidades de la capital», y así zanja la cuestión.

Almudena Collado

Redactora de El Digital de Cuenca. Nacida en Cuenca. Más de 10 años de experiencia en medios de comunicación en radio y televisión como Cadena COPE, CMM y profesora de Onda Radio en Universidad Francisco de Vitoria.
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