Un cómico catellanomanchego regresa a Cuenca, esta vez como protagonista, con un espectáculo propio en el Auditorio José Luis Perales el 5 de marzo dentro del Gachas Comedy, una cita que tiene un significado especial para él. La capital conquense no es una ciudad más en su trayectoria: vivió aquí tres años y fue, asegura, donde comenzó a despertar su inquietud artística.
Se trata de Fran Pati, cómico de La Roda, que celebra diez años sobre los escenarios con Y tú, ¿tienes pueblo?, un show que recoge parte de sus mejores textos y suma nuevas historias e improvisaciones.
“Me hace muchísima ilusión. Yo no había salido nunca de casa y con 18 años me vine a estudiar a Cuenca”, recuerda en una entrevista con El Digital de Cuenca. Estudió Gráfica Publicitaria en la Escuela de Arte Cruz Novillo, y entre clases, pisos compartidos, cuestas interminables y nevadas imposibles, empezó a descubrir su vocación. “Le tengo mucho cariño porque un poco la vena artística me nació en Cuenca”.
Diez años de comedia y un estilo que encontró su camino
Fran Pati celebra ahora una década sobre los escenarios con Y tú, ¿tienes pueblo?, un espectáculo que recoge parte de sus mejores textos y suma nuevas historias e improvisaciones. Pero su humor, explica, no fue algo premeditado desde el principio.

“Cuando empiezas intentas buscar un estilo, pero al final el estilo te encuentra a ti”. Sus primeros pasos profesionales llegaron con Cuatro motes manchegos, un show con el que recorrió buena parte de Castilla-La Mancha y donde empezó a consolidar una comedia costumbrista, muy pegada al día a día.
Eso sí, se desmarca de ciertos clichés con este espectáculo que trae a la capital. “No es el típico humor del paleto perdido en la ciudad. Es todo lo contrario, alguien de pueblo que se adapta perfectamente a la ciudad, pero que está acostumbrado a unas costumbres que chocan con ella”. Ahí, en esa comparación, nace gran parte de su comedia.
El pueblo como identidad compartida
El título del espectáculo funciona casi como una llamada directa al espectador. “El enfoque ha sido centrarnos mucho en el propio nombre: Y tú, ¿tienes pueblo?. Eso despierta un patriotismo rural que hace que la gente se desplace”.
Aunque el show no habla exclusivamente del pueblo, sí parte de esa base. Fran pone ejemplos sencillos pero reconocibles: “En el pueblo entro a tomar café y el camarero ya sabe lo que quiero. En la ciudad tengo que elegir el tamaño del vaso, 200 tipos de café y me ponen el nombre en el vaso y digo ‘si ya he venido tres veces, ¿no te acuerdas?’”, explica con humor para añadir “que luego parece que los del pueblo somos tontos, pero yo creo que lo estáis haciendo más complicado vosotros”.

Para él, lo mejor de tener pueblo es claro: “La tranquilidad. El pueblo da comodidad y en mi caso, por la familia y los amigos de siempre. Las amistades en las ciudades pues van y vienen, todo va muy deprisa y entonces el pueblo a mí me da eso, me da esa desconexión, esa tranquilidad y los amigos, amigos de verdad y la familia”.

Además pone un ejemplo particular y es que en Madrid se desplaza a la mayoría de sitios andando o mediante un taxi o el metro, mientras que en el pueblo, a pesar de que es un espacio más reducido se decanta por coger el coche para ir a hacer un recado hasta tan cotidiano como es ir a la panadería.
De hecho, muchos espectadores le agradecen esa nostalgia que despierta. “Gente que se fue con 16 años de su pueblo y ahora tiene 70 me da las gracias por recordarles esas cosas”.
Improvisación con medida
Aunque la interacción con el público está presente, aclara que su espectáculo no es un formato basado únicamente en la improvisación. “El 80 o 85% es texto mío. Son mis aventuras”.

Las intervenciones con el público están justificadas dentro del relato: cuando habla de mascotas, de pueblos pequeños o de ligar en las verbenas, busca casos reales entre los asistentes que conecten con lo que está contando.
Un guiño especial a Cuenca
Para esta cita en el Auditorio, Fran ya está preparando referencias específicas a su etapa conquense. “Creo que le debo un pequeño homenaje a la ciudad”. Preguntado por las cosas qué más cariño guarda responde con humor que “hay cosas que con tanta fiesta igual se me han olvidado”.
Pero bromas aparte, recuerda sus primeros botellones en el casco antiguo, las cuestas imposibles y las nevadas que complicaban la subida hasta casa. Pero también destaca el ambiente cultural que vivió entonces.
“Es una ciudad que te inspira artísticamente. Mucha gente debería conocerla más”. Con especial cariño recuerda celebraciones tan arraigadas en el calendario como son las Ferias y Fiestas de San Mateo o las Turbas.
La comedia como bálsamo
En un contexto social marcado por la incertidumbre y la polarización, Fran defiende el humor en directo como un espacio necesario. “La gente agradece ese bálsamo de la comedia” diferenciando el humor a través de redes sociales y el físico del que lamenta la perspectiva política que le quieren dar algunas personas para lo que señala que el show es “para que nos relajemos todos un poco”.
Reconoce, no obstante, que las redes sociales han cambiado parte del ecosistema del humor, donde no siempre se entiende el contexto de la comedia. Aun así, subraya que la mayoría del público entiende que el objetivo es hacer reír y desconectar.

Justificando el buen momento que vive el gremio destaca cómo desde la pandemia ha aumentado la necesidad de consumir comedia, y los resultados se reflejan en la gran afluencia de público a los teatros: algunos compañeros como Juan Dávila han llenado salas con hasta 16.000 espectadores, récords inéditos en España. Para él, la comedia permite reír y relajarse, sin necesidad de tomársela demasiado en serio.
A quienes todavía dudan, les lanza un mensaje claro: “La gente viene muchas veces sin saber quién soy y sale queriendo repetir. Que no se lo pierdan, porque no saben cuándo será la próxima vez”.
Diez años después de empezar en los escenarios, Fran Pati regresa a una ciudad que fue clave en su historia personal. Esta vez, lo hace con micrófono en mano y con la intención de devolver, en forma de risas, parte de lo que Cuenca le dio.