Este miércoles se celebra el Día Internacional de la Mujer Médica y Cuenca tiene un nombre propio al que mirar. Cristina Díaz del Arco, médica conquense con apenas 37 años y una brillante trayectoria clínica, docente e investigadora, y reconocida con varios premios nacionales, representa a una generación de mujeres que han hecho de la ciencia y la medicina su vocación sin olvidar de dónde vienen.
Una vocación que empezó en el instituto
La historia de Cristina Díaz del Arco comienza en Cuenca, en las aulas del Instituto Alfonso VIII, donde una profesora de Biología marcó el rumbo de su futuro. “Me encantaba la biología y cómo la explicaba”, recuerda. Fue ahí, durante los últimos años de instituto, cuando decidió orientarse hacia las Ciencias de la Salud, aunque sin tener todavía claro que la medicina sería su destino final.
“La vocación no fue inmediata ni idealizada”, explica. A su interés por la ciencia se sumaban también inquietudes por la música, la literatura y las letras, pero poco a poco fue tomando decisiones que la llevaron a decantarse por una carrera que le permitía entender el cuerpo humano y la enfermedad desde su base.
De Cuenca a la Complutense
Cristina inició la carrera de Medicina en 2007 en la Universidad Complutense de Madrid, atraída por lo que entonces ofrecía una gran capital: oportunidades, diversidad y un entorno universitario ligado a la investigación. “Quería salir, ver mundo, conocer gente distinta”, afirma, aunque con la perspectiva del tiempo reconoce que universidades como la de Castilla-La Mancha, en Albacete, ofrecen hoy una formación médica de altísimo nivel.
Durante la carrera, su interés se inclinó claramente hacia las asignaturas más biológicas y básicas, como histología o anatomía, frente a las especialidades clínicas más tradicionales. Una inclinación que acabaría marcando su futuro profesional.

La verdadera vocación llegó durante la residencia. Cristina eligió Anatomía Patológica, una especialidad clave pero poco conocida, centrada en el diagnóstico de enfermedades a través del estudio de tejidos y células al microscopio. “Es ver la enfermedad en su esencia”, explica. Una disciplina que, además, actúa como puente entre la práctica clínica y la investigación: «Mi trabajo es estar en el hospital con mi microscopio diagnosticando biopsias».
Finalizó su residencia en 2018 y desde entonces trabaja como médica adjunta en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, donde combina la actividad asistencial con la docencia universitaria y la investigación.
Excelencia investigadora
A pesar de su juventud, Díaz ya cuenta con el reconocimiento de las instituciones más prestigiosas del país. Su trabajo investigador, centrado principalmente en el cáncer gástrico, le ha valido importantes reconocimientos. En 2023, se doctoró y su tesis recibió la calificación de «cum laude», un Premio Nacional de la Real Academia de Medicina y el Premio Margarita Salas del Ayuntamiento de Madrid en Ciencias de la Salud, demostrando que el talento conquense puede competir en igualdad de condiciones en ciencia y conocimiento.
Unos galardones que, según subraya, ponen en valor la investigación clínica que se realiza desde los hospitales. “No trabajo en un gran centro de investigación, investigo cuando puedo, por las tardes o los fines de semana”, señala, destacando el esfuerzo y la vocación que hay detrás de cada estudio.
Sin embargo, Cristina huye de la imagen del investigador encerrado en una torre de marfil. «Soy médico al final; mi trabajo es estar en el hospital diagnosticando biopsias de 8 a 3». La investigación, asegura, la hace de forma altruista: «La hago cuando puedo, por las tardes y los fines de semana, con la amabilidad de mis compañeros y muy pocos recursos».
Liderazgo femenino: un cambio pendiente en puestos de dirección
Según un comunicado oficial del Instituto Nacional de Estadística (INE) publicado en 2024, la profesión médica en España ha pasado a ser mayoritariamente femenina, algo que se ha fortalecido en la última década: las mujeres superan en número a los hombres entre los médicos colegiados activos, una inversión respecto a hace 10 años cuando predominaban los hombres, con una diferencia de casi 20 puntos porcentuales a favor de las mujeres según estos últimos datos.
En este sentido, el informe WOMEDS que investiga, visibiliza y monitoriza la brecha y los segos de género en la profesión médica en España, en sus últimos datos de 2023 refleja que más de la mitad de los médicos en España son mujeres, alrededor del 58%. Además, indica que en las facultades de medicina la proporción de mujeres pasó del 65,7% en 2015 al 69,4% en 2020 y en la práctica asistencial pública representan el 60%.
Sin embargo, solo alrededor del 27,6 % de los jefes de departamento en hospitales son mujeres, lo que evidencia una brecha en los puestos de liderazgo clínico.En el ámbito académico universitario, únicamente alrededor del 26 % de los jefes de departamento académico y el 27 % de decanos de facultades de medicina son mujeres.
Para Cristina Díaz del Arco, es una realidad que hay que mirar de frente porque aunque cada vez hay más mujeres en puestos de liderazgo sigue habiendo un retraso estructural que no siempre responde a discriminación directa sino a dinámicas profesionales complejas donde factores como la maternidad y los cuidados pesan más y por eso ella insiste en que esa mayoría numérica de médicas tiene que verse reflejada también en quienes lideran y toman decisiones para que la medicina sea no solo un espacio de vocación y ciencia sino un espacio de igualdad real.
Orgullo conquense y visión crítica de la sanidad local
Aunque vive en la capital por las oportunidades de investigación y docencia que le ofrece un gran hospital universitario, Cristina sigue ejerciendo de conquense. Destaca su pertenencia a varias hermandades de Semana Santa y valora, ahora con la distancia, la potencia artística, cultural y patrimonial de Cuenca, su ciudad natal.
Al preguntarle por la actualidad sanitaria de Cuenca, su análisis es directo y profesional: celebra las instanalciones modernas y planificadas desde cero del nuevo Hospital Universitario, pero le disgusta su ubicación: «En una ciudad donde se puede ir a casi todas partes andando, sacarlo tanto puede complicarse si no hay una buena red de transporte público».
El «exilio» oncológico: una deuda pendiente con el paciente conquense
Uno de los puntos de la entrevista aborda una realidad que afecta a cientos de familias en la provincia: la necesidad de desplazarse a Albacete o Valencia para recibir tratamiento tras el fin del convenio con el Instituto Valenciano de Oncología (IVO). Cristina Díaz del Arco, como experta en cáncer, es tajante sobre la falta de servicios de radioterapia: «El tratamiento básico debería estar lo más local posible para facilitar que el paciente normalice su vida. No es solo curarles, es que no tengan que volverse en una ambulancia desde Albacete tras sentirse mal por un tratamiento».
Para la doctora, la medicina no solo consiste en aplicar fármacos o radiación, sino en permitir que el paciente normalice su vida y viva con su enfermedad de la forma más cómoda posible
Mensaje a futuro
Cristina admite lidiar con el síndrome del impostor y el perfeccionismo, sintiendo que «nunca es suficiente» a pesar de los premios y de todo su esfuerzo: da clases en la universidad, se dedica a la investigación clínica, trabaja en el hospital… Su reto actual no es solo diagnosticar, sino enseñar y divulgar. Quiere que las niñas se acerquen a la ciencia y, en un futuro, le encantaría devolver a Cuenca parte de lo aprendido: «Colaborar con los patólogos de allí de manera altruista sería algo maravilloso».
En este Día Internacional de la Mujer Médica, la historia de Cristina es un mensaje de orgullo para Cuenca y para todas las mujeres que eligen la ciencia para transformar vidas.
