La música tradicional como lugar de origen, de memoria y de regreso. Así entiende su camino artístico María Sánchez García, con raíces en Carboneras de Guadazaón (Cuenca), que actualmente forma parte de la banda de Carlos Núñez. Formada en el ámbito clásico, su trayectoria conecta territorio, identidad y escenario, llevando la música de raíz a nuevos públicos sin perder el vínculo con la tierra.
¿Cómo recuerdas tu primer contacto con la música tradicional en Carboneras de Guadazaón?
Mi primer acercamiento a la música tradicional llegó gracias a mi trabajo con Carlos Núñez. Con él viví mi primera experiencia con la música celta y tradicional, y la guardo como un momento muy auténtico y especial. La música tradicional siempre nos conecta con nuestras raíces y nos transporta a casa, y en mi caso Carboneras de Guadazaón tiene parte de esa sensación de «hogar», pues parte de mi familia es de allí.
¿Qué papel ha tenido tu pueblo en tu identidad musical?
Aunque nací y crecí en Rubí (Barcelona), Carboneras de Guadazaón siempre ha sido un lugar muy especial para mí, porque es el pueblo de mi abuela y donde vive parte de mi familia. La música tradicional forma parte de la vida cotidiana y nace de la tierra, la memoria y las personas. En ese origen está la esencia de la música de raíz, y es eso lo que siempre intento tener presente cuando toco.

¿Cuándo y por qué decidiste que el violín sería tu instrumento?
Empecé a tocar el violín con 8 años y desde el primer momento sentí una conexión muy fuerte con él. Me atrapó su capacidad de cantar y de expresar, y también su versatilidad. Con el tiempo se convirtió en una extensión de mi voz, y de forma muy natural fui incorporando también el canto como parte esencial de mi manera de expresarme.
Formación y trayectoria
¿Cómo fue tu proceso de aprendizaje con el violín?
Ha sido un camino largo y muy diverso. Me formé en la ESMUC, donde hice la carrera superior de violín clásico, y después continué con un máster en Gante, Bélgica. Esa etapa me dio una base técnica sólida, pero gran parte de lo que he aprendido ha venido del directo: de los escenarios, de tocar con otros músicos y de abrirme a distintos lenguajes y estilos. Ahora, con Carlos Núñez, toco el violín con técnica de estilo tradicional y música celta, y esa experiencia también ha sido clave para dar forma a mi identidad artística.
¿Qué dificultades encontraste al dedicarte a la música tradicional fuera de su territorio más habitual?
Más que dificultades, lo he vivido como una experiencia muy enriquecedora. Mover músicas de raíz fuera de su contexto habitual te permite descubrir nuevas piezas, crear diálogos con otros públicos y comprobar en primera persona cómo ese lenguaje emocional conecta con el espectador.
¿Hubo algún momento clave que marcara un antes y un después en tu carrera?
Sin duda, entrar a formar parte de la banda de Carlos Núñez marcó un punto de inflexión en mi vida. Tanto Carlos como todo su equipo y la banda —Xurxo, Itsaso, Pancho y Jon— me han acogido y acompañado con una generosidad enorme. Tocar y aprender a su lado es un privilegio inmenso, y me siento muy agradecida y afortunada por esta experiencia.

Experiencia con Carlos Núñez
¿Cómo llegaste a formar parte del grupo de Carlos Núñez?
Los conocí cuando vinieron a tocar a Rubí, mi ciudad, y tuve la oportunidad de subir al escenario con ellos para interpretar algunos temas. Ese mismo verano recibí una llamada para ir a probar con la banda y poco a poco fueron llegando más conciertos y el proyecto fue creciendo de manera muy natural.
¿Qué ha supuesto para ti, a nivel personal y profesional, trabajar con él?
Ha sido una experiencia transformadora. Carlos ha sido un gran maestro y compartir escenario con él y con su banda me ha enseñado muchísimo. Carlos me ha abierto las puertas al mundo de la música celta, que viniendo del ámbito clásico no tenía tan presente, y me ha permitido explorarlo desde dentro. A nivel personal y profesional ha sido un aprendizaje enorme, y además me ha ofrecido la oportunidad de tocar en directo, que es lo que más amo en el mundo, y de seguir explorando tanto el violín como la voz.
¿Qué aprendizajes destacarías de esta experiencia en el grupo?
He aprendido la importancia de contar con un buen equipo y de valorar muchos aspectos que van más allá de la música, como la parte técnica y la logística, que son fundamentales. También a tocar en grupo desde la escucha y la creatividad. Y, sobre todo, a aprender un nuevo lenguaje musical: viniendo del clásico, adaptarme al ritmo, al flow y a la sonoridad de la música tradicional y celta ha sido un gran reto y un aprendizaje enorme.
Música tradicional y fusión
¿Cómo ves el papel de la música tradicional en la escena musical actual?
Creo que vive un momento muy interesante. Hay una nueva generación de músicos que se acerca a la tradición desde el respeto, pero sin miedo a reinterpretarla y llevarla a nuevos lugares.
¿Qué importancia tiene la fusión entre tradición y otros estilos musicales?
Creo que es clave para que la música siga viva. La fusión te permite dialogar con el presente y llegar a públicos nuevos. Creo que es un buen recurso para acercar mundos y estilos musicales diferentes y crear sonidos nuevos y originales.

¿Crees que la música de raíz está viviendo un nuevo momento de visibilidad?
Sí, la música de raíz vive un momento muy especial. Cada vez hay más proyectos que se acercan a ella desde miradas muy actuales. Artistas como Baiuca, Son Galaico o Alosa, entre muchos otros, están llevando estas músicas a nuevos contextos, haciendo que conecten con públicos muy diversos y demostrando que la tradición sigue viva y en constante evolución.
Identidad y territorio
¿Cómo se percibe ser músico de raíz siendo de una provincia como Cuenca?
Aunque yo soy de Rubí, Cuenca siempre ha estado muy presente en mi vida a través de mi familia y de Carboneras de Guadazaón, donde sigo teniendo raíces muy vivas. Creo que la música de raíz en una provincia como Cuenca tiene muchísimo valor, porque es una tierra con una riqueza cultural y humana muy profunda. Poder llevar esa herencia a los escenarios es una forma muy bonita de darle visibilidad y ponerla en valor.
¿De qué manera llevas tus raíces conquenses a los escenarios?
Sobre todo, en la forma de sentir la música. Cuando toco y canto, lo hago con esa emoción y esa conexión con los míos y con la tierra. Y, además, siempre que puedo menciono al pueblo y lo recuerdo, me gusta que mi historia también esté ahí cuando subo al escenario.
¿Sientes que representas a tu tierra cuando actúas fuera?
Sí, totalmente. Siempre llevo conmigo mis orígenes y, aunque a veces sea de una forma discreta, siento una gran responsabilidad y agradecimiento por poder representarlos cuando actúo fuera.
Presente y futuro
¿En qué proyectos musicales estás involucrada actualmente?
Ahora mismo formo parte de la banda de Carlos Núñez, tocando el violín y cantando, y al mismo tiempo estoy desarrollando mi proyecto personal como cantautora de estilo indie-pop, que compagino con mi labor como profesora de violín.
¿Qué metas te gustaría alcanzar en los próximos años?
Seguir desarrollándome como artista, continuar aprendiendo y consolidar una voz propia. Combinar proyectos colectivos con mi camino personal y lograr que mi música llegue a cada vez más espacios y públicos.
¿Qué consejo darías a jóvenes músicos que quieran dedicarse a la música tradicional?
Que escuchen mucho y se empapen de la tradición, que la respeten y la comprendan, pero que también se permitan buscar su propia voz sin miedo. La música verdadera nace de la honestidad, de la pasión y del amor por lo que uno hace.