En el deporte, hay rachas que se vuelven una losa. Y la del FS VivoCuenca —tres meses sin saborear la victoria— empezaba a pesar demasiado. Por eso, el triunfo de hoy en El Sargal no fue un resultado más: fue un alivio colectivo, una declaración de intenciones y, sobre todo, un reinicio.
Ni siquiera el tiempo, que enfrió el ambiente y mermó la entrada, pudo apagar del todo la fe: más de 200 fieles se plantaron en la grada para empujar a los suyos. Y el Vivo salió como si les debiera algo. Presión alta, piernas tensas, colmillo desde el primer minuto. Había deudas con la afición y los azulones se pusieron a pagarlas a plazos… pero rápido.

El guion fue claro desde los primeros compases: dominio local, llegada constante y la típica ansiedad del que quiere marcar “ya” para espantar fantasmas. La pólvora tardó, sí, pero no se apagó: en el minuto siete, un córner cayó con música y Peñu lo convirtió en trueno. Volea seca, obús al centro, 1-0 y rugido en El Sargal.
El golpe noqueó un poco más al Jerez, y el Vivo olió sangre. Apenas dos minutos después, Daniel Martínez se escapó por banda y soltó un zapatazo alto e imparable. El 2-0 levantó a la grada y parecía abrir la puerta a una tarde tranquila.

Pero el fútbol sala no regala calma: con ventaja, el Vivo cedió metros y el Jerez se desperezó. En una acción tras saque de banda, un rebote quedó vivo en el área y Manuel Sánchez lo olió antes que nadie. Robo, regate alargado, definición ante Gómez: 2-1 y nervios. El partido entró en ese terreno pantanoso en el que la cabeza pesa más que las piernas.
Ahí apareció el oxígeno. Cuando más apretaban los visitantes, Adrián corrió la banda como si le fuera la temporada y finalizó con un disparo potente que el portero no pudo escupir. El balón acabó dentro y con él regresó la serenidad: el Vivo volvía a mandar.
El Vivo reaccionaba desde el banquillo con el debut de Vicente Araque, el honrubiano, se hizo grande en la zona de pivote. Recibió, se perfiló, se giró a su izquierda y cruzó un disparo magnífico para el 4-1. Resultado merecido al descanso, y sensación de que el Vivo, por fin, estaba jugando sin cadenas.

Segunda parte con portero-jugador de los visitantes
Tras el parón, el Jerez se lanzó al plan desesperado: portero-jugador desde el inicio. Buscaban incendiar el partido con posesión larga, superioridad y paciencia. El Vivo, sin embargo, se adaptó con una defensa sólida, de esas que muerden y achican espacios. Hubo intentos de disparo a puerta vacía que rozaron el gol, sí, pero el sostén colectivo aguantó… hasta que, a base de insistir, Manuel Sánchez volvió a recortar (4-2) tras un despiste local.
Por un instante, volvió el runrún de “otra vez no”. Pero esta vez el Vivo respondió como equipo que quiere salir del pozo: golpeó justo después. Mario Gómez puso un balón largo con intención y Carlos Peñuelas lo peinó dentro del área con precisión quirúrgica, sorprendiendo al meta rival. 5-2 a diez minutos del final: el partido se cerraba con un portazo.
El Jerez no dejó el portero-jugador y apretó hasta el final, pero el Vivo se defendió como gato panza arriba, con ayudas, cierres y sacrificio. Y aún quedaba la sentencia definitiva: una contra perfecta, Raúl condujo y cedió, Josete puso el pase y Budia resolvió con suspense —el balón entró flotando, lento, como si dudara— para el 6-2 que ya olía a victoria segura.

Los visitantes aún tuvieron premio a su insistencia con el 6-3 tras un robo alto, pero no hubo tiempo para más. El Sargal respiró.
El FS VivoCuenca logra, por fin, un triunfo largamente anhelado. Sigue en descenso, sí, pero ahora la salvación está a solo tres puntos y la racha cruel queda atrás. La próxima jornada visitará al AD Bargas, un rival al que ya tumbó por la mínima (5-4) en casa.