La Endiablada de Almonacid del Marquesado es una explosión de color, ruido y fervor, pero tras el estruendo de los cencerros se esconde una historia de resistencia femenina. Mamen Rodrigo Fernández, quien cumple su tercer año como alcaldesa de la danza tras cinco años como palillera, nos explica que lo que hoy vemos como una tradición consolidada estuvo a punto de borrarse del mapa.
Del dominio masculino al rescate femenino
Originalmente, la danza no era un asunto de mujeres. «Antiguamente la danza era de hombres, la danza se hizo como un adorno a la fiesta», explica Mamen. El grupo fundacional estaba compuesto por 10 hombres, pero la falta de relevo generacional puso la tradición en jaque.

Alrededor de 1980, la danza masculina se deshizo. Fue en ese momento crítico cuando las mujeres del pueblo dieron un paso al frente: «Para que no desapareciera la danza, las mujeres decidieron llevar el grupo adelante». Desde entonces, la formación ha evolucionado; fue íntegramente femenina desde 2012 hasta 2024, año en el que se rompió de nuevo el molde con la incorporación de Julián. Actualmente, el grupo lo forman 9 danzantas y el palillero.
Ensayos, jerarquía y el «Día Grande»
Ser alcaldesa no fue un plan diseñado, sino un acto de compromiso. Ante la salida de la anterior responsable y el silencio de sus compañeras, Mamen se ofreció voluntaria: «Nadie quería y dije pues que a mí no me importaba… yo seguía». Aunque en la fiesta se siente como una «danzanta más», reconoce que su labor es «tirar un poco del grupo para adelante».
Este esfuerzo se materializa en un enero intenso. Al terminar la Navidad, los ensayos ocupan todos los fines de semana del mes. Todo este trabajo culmina en bailes cargados de simbolismo: la culebra, el palo y el baile del arao, uno de los más importantes para Mamen por su significado y por los dichos que se dedican a la Candelaria y a San Blas.
Requisitos estrictos: ¿Quién puede bailar?

No cualquiera puede vestir el traje de danzanta. Las reglas de Almonacid del Marquesado son claras y protegen la identidad del municipio. «Para ser danzanta o diablo tienes que ser hijo del pueblo». Existe una pequeña excepción para los diablos: pueden ser de fuera si están casados con una hija del pueblo.
Afortunadamente, el futuro de la danza está asegurado. La alcaldesa de las danzantas asegura que hay «un montón de chicas jovencillas que están dispuestas a ser y que se mueren de ganas». Aunque por ahora el cupo está lleno, la pasión de estas nuevas generaciones garantiza que el legado que las mujeres rescataron en los 80 siga vivo por muchos años más.
