Una zona emblemática de Cuenca convertida en vertedero: vecinos y ciclistas alzan la voz

Residuos como plásticos, vidrios y envases se acumulan tras los fines de semana en un espacio muy frecuentado por senderistas, ciclistas y familias, generando indignación y riesgos para animales

El camino que lleva hasta los depósitos de agua en la ladera del Cerro del Socorro de Cuenca, con acceso por la calle Francisco Suay, se ha convertido en un punto crítico para el entorno natural. Vecinos y usuarios habituales denuncian la acumulación de basura y el impacto que genera sobre el paisaje y la seguridad de quienes transitan por la zona.

La zona es muy frecuentada tanto por senderistas como por ciclistas, ya que cuenta con varias sendas que conectan con el Cerro del Socorro, el Quinto y los barrios de Tiradores Altos y Bajos. Esta red de caminos convierte al área en un punto de paso habitual, sobre todo durante los fines de semana, lo que hace que el impacto de los residuos sea aún más visible.

Según denuncian quienes transitan por este camino, los restos de basura permanecen durante días sin ser retirados, provocando un impacto negativo tanto en el paisaje como en el entorno natural. La situación se agrava los fines de semana, cuando el área se convierte en punto de encuentro para el llamado «botellón», con grupos de jóvenes que dejan tras de sí grandes cantidades de desperdicios.

Daniel Pérez, senderista habitual del Cerro del Socorro, lamenta el estado del acceso a los depósitos y asegura que ha tenido que dejar de frecuentar la zona. «Me gustaba venir a pasear con mi perro porque es un entorno tranquilo, pero con tantos cristales rotos en el suelo se ha vuelto peligroso para él. He tenido que cambiar de zona por miedo a que se corte las patas«, explica. «Además de ser una imagen lamentable, es un riesgo real tanto para personas como para animales«, añade.

Por su parte, Cristina Solé, vecina de la zona, asegura que el problema no es nuevo y que se repite cada fin de semana. «El lunes por la mañana el camino parece un vertedero improvisado. Da la sensación de que nadie se hace responsable y al final el daño lo sufre el entorno y las personas que lo cuidamos«, afirma con indignación.

Además del impacto ambiental, la situación también afecta a la persona encargada de vigilar los depósitos de agua, que en varias ocasiones se ha visto molestada por las concentraciones de jóvenes durante la noche. Patricia Martínez, otra usuaria habitual del camino, considera que «no se trata solo de basura, sino de falta de respeto«. «Es un espacio público y natural, y debería ser tratado como tal. Hay senderistas, ciclistas, familias y personas mayores que pasan por aquí y se encuentran con un panorama lamentable«, señala.

Los vecinos y caminantes reclaman una mayor concienciación ciudadana, así como medidas que eviten que este enclave continúe deteriorándose. Entre las propuestas se encuentran un mayor control durante los fines de semana, campañas de sensibilización y una limpieza más frecuente para preservar un espacio natural que, a día de hoy, se ve seriamente amenazado por conductas incívicas.

Rafael Torres

Nacido en Cuenca. Estudiante del Grado de Periodismo en 4 ° curso en la Facultad de Comunicación de Cuenca
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