En este pueblo de Cuenca, el sonido de la madera convertida en guitarra lleva más de dos siglos resonando. Desde mediados del siglo XVIII, la familia Leal ha mantenido viva la tradición guitarrera del pueblo, combinando artesanía, música y cultura, hasta convertir a este rincón de Cuenca en un referente mundial. Hoy, Tomás Leal representa la octava generación de esta saga, mientras que la novena ya empieza a dar sus primeros pasos, asegurando que la historia siga sonando.
Una saga que comenzó en Granada
La tradición guitarrera de Casasimarro se remonta a Alfonso Anselmo Alarcón, nacido en 1744, quien tuvo que trasladarse a Granada por motivos de un juicio. Allí entró en contacto con un artesano de la madera y aprendió el oficio que, a su regreso a Casasimarro, combinaría con su labor como maestro de primeras letras.

«Todo empezó con Alfonso Anselmo«, recuerda Tomás Leal. «Él aprendió en Granada y, al regresar a su pueblo, fusionó la enseñanza con la construcción de guitarras. Así nació una saga que ha llegado hasta mi generación». Cada nueva generación ha aportado su sello: Gregorio Leal trabajó bajo la etiqueta «Pablo Casas», su padre modernizó el taller y se especializó en réplicas de instrumentos antiguos, y hoy Tomás mantiene la tradición mientras introduce nuevas ideas.
Entre maderas y cuerdas
En el taller de Tomás, el olor a madera recién trabajada y el sonido de cuerdas tensadas dan la bienvenida. «Hacemos guitarras, bandurrias, laúdes, guitarros, octavillas, mandolinas, bajos… hasta 37 instrumentos diferentes, pensados para conciertos y rondallas», explica. Entre ellos, uno de los más singulares es la fanfona, un instrumento del siglo XVIII que lleva ruedas y manivela para producir las notas.

La selección de materiales refleja tanto tradición como sostenibilidad: «Antes trabajábamos mucho con maderas tropicales, pero ahora utilizamos más pino, abeto o cedro nacional y europeo, porque la tala indiscriminada complica el uso de maderas exóticas. Además empleamos cuerdas, clavijeros y barnices de la mejor calidad«.
De Casasimarro al mundo
Aunque gran parte de su producción se queda en España, Tomás ha llevado su arte más allá de las fronteras. «El 80 % de nuestra producción va al mercado nacional y el resto a la exportación. Recientemente enviamos un guitarro, una octavilla, un laúd y una bandurria al Museo Internacional de la Música de Arizona, que formarán parte de su exposición permanente«.
Y no solo fabrica instrumentos: también los toca. «Estudié música en la Escuela Municipal de Casasimarro y durante 15 años formé parte del Grupo de Jotas Albatros. Tocar me ayuda a entender cómo deben sentirse los instrumentos y cómo adaptarlos a los músicos», comenta.

Preservar la cultura y el folklore
Para Tomás, su trabajo es también una forma de rescatar la riqueza cultural de la región. «Nuestro trabajo ha contribuido a mantener vivo el folklore manchego. Muchos grupos han recuperado instrumentos que habían dejado de utilizarse durante décadas». Sobre el momento actual del folklore, añade: «En Albacete, el resurgimiento de las rondas en los últimos 20 años ha consolidado el folk como referencia a nivel nacional».
Mirando hacia el futuro: llega la novena generación
En 2026, la saga Leal suma un nuevo capítulo con la incorporación de la novena generación al oficio. Tomás Leal padre lo describe con orgullo: «Es una gran alegría y me siento muy orgulloso de que mi hijo quiera seguir con el oficio. Para el taller es un soplo de aire fresco y un revulsivo, y para mí supone una motivación para continuar con la misma ilusión de siempre y con ganas de hacer cosas nuevas».
Según explica, este relevo generacional recuerda sus propios inicios: «Al igual que cuando yo empecé a coger las riendas del taller de mi padre y fui aportando poco a poco ideas nuevas, ahora le toca a mi hijo darle frescura al oficio«. Tras cuatro años trabajando en Madrid en el Ejército, su hijo decidió regresar a Casasimarro para continuar con el trabajo familiar. «Formar parte de esta tradición, como novena generación, es un tremendo orgullo«, relata el padre.
Con esta incorporación, la saga familiar no solo garantiza la continuidad del legado, sino que asegura que el taller siga evolucionando y adaptándose a nuevos tiempos, manteniendo viva la tradición de Casasimarro mientras proyecta su arte a nivel nacional e internacional.
Un legado que sigue sonando
Entre los logros recientes de la familia se cuentan réplicas de la vihuela más antigua que se conserva en España, instrumentos para series de televisión y músicos de renombre como María Rozalén, Carlos Goñi o Vetusta Morla, y participaciones en ferias y exposiciones nacionales e internacionales. Todo ello mientras mantiene viva la escuela tradicional de Casasimarro, donde la madera, el tiempo y la paciencia siguen siendo los protagonistas.
«Cada guitarra que sale del taller es un pequeño pedazo de historia que sigue sonando«, concluye Tomás Leal. Una frase que resume a la perfección un legado que ya suma más de dos siglos y que promete seguir tocando generaciones futuras, recordando que Casasimarro no es solo un pueblo, sino el corazón de la guitarra manchega.
