Trece años abriendo la puerta del Camino en Cuenca: la Casa del Peregrino que hace historia

La Casa del Peregrino, atendida por Luis Cañas Salvador, se ha consolidado como un espacio de acogida en el Camino de la Lana tras trece años de hospitalidad ininterrumpida

A primera hora de la mañana, la puerta de la Casa del Peregrino de Cuenca se abre con el sonido inconfundible de una mochila al caer al suelo. No importa de dónde venga el caminante ni cuántos kilómetros arrastre en las piernas. Dentro le esperan una ducha, una cama y alguien dispuesto a escuchar. Esa es la esencia que, desde hace trece años, sostiene Luis Cañas Salvador en este espacio vinculado al histórico Camino de la Lana.

Luis Cañas Salvador, miembro de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Cuenca, atiende la Casa de Peregrinos de la capital conquense, ubicada junto a la UNED y el colegio Federico Muelas y frente al Hospital de Santiago. Durante más de 18 años formó parte de la directiva de la Asociación, aunque en la actualidad es socio de base y responsable titular como hospitalero del albergue.

El inmueble que alberga la Casa del Peregrino es propiedad de la Diputación Provincial. En el año 2010, la Asociación realizó las gestiones necesarias para que el espacio pudiera ser cedido y destinado a un albergue tradicional de peregrinos, aprovechando su ubicación a pie de calle y en plena ruta jacobea. El local, que anteriormente funcionaba como almacén, fue objeto de una reforma básica para dotarlo de aseos, duchas y dormitorios. Desde 2012, el albergue ha permanecido en funcionamiento de forma ininterrumpida durante trece años, salvo el periodo de cierre obligado por la pandemia.

En la actualidad, la Casa del Peregrino de Cuenca continúa siendo el único albergue de peregrinos de Castilla-La Mancha, una circunstancia que convierte a la Asociación conquense en un referente para otras asociaciones de la región que aspiran a contar con un espacio similar. «No nos importa el número de peregrinos que vengan; lo importante es que estén a gusto cuando llegan», señala Cañas.

El Camino de la Lana es una ruta jacobea secundaria, poco conocida, pero de gran dureza y belleza paisajística, con numerosos alicientes históricos. El año de mayor afluencia fue 2018, cuando pernoctaron en el albergue 144 peregrinos, justo antes de la pandemia. El pasado año, la cifra se situó en 104, si bien muchos caminantes recorren este itinerario sin pernoctar en la capital conquense.

Mientras los peregrinos aprovechan la jornada para descansar, hacer colada o recorrer el casco antiguo de Cuenca, en el albergue se repite una escena cotidiana: credenciales sobre la mesa, botas apoyadas junto a la pared y mochilas abiertas aireándose. La hospitalidad aquí no entiende de prisas.

Según explica el hospitalero, para El Digital de Cuenca existen dos perfiles claramente diferenciados de peregrinos. Por un lado, caminantes veteranos, con una edad media de 65 años, tanto nacionales como extranjeros, que ya han realizado prácticamente todas las rutas jacobeas de la Península Ibérica, Portugal y Francia, y que recorren el Camino de la Lana como una forma de completar su experiencia personal. Por otro, se encuentran los que Cañas denomina «peregrinos románticos», personas que inician el Camino desde el umbral de su propia casa, partiendo desde Valencia, Alicante, Albacete, Murcia o incluso Andalucía, sabiendo que encontrarán una infraestructura mínima que les permitirá avanzar hasta Burgos.

Curiosamente, comenta Salvador Cañas, uno de los hechos que más le ha llamado la atención ocurrió cuando atendía a un joven de Murcia que había hecho un voto de silencio y de pobreza: no podía hablar con nadie ni llevaba dinero. A pesar de estas dificultades, la Casa del Peregrino le ofreció alojamiento y apoyo, demostrando que la hospitalidad va más allá de la logística y se convierte en un gesto humano de acogida y solidaridad. «Aquí no contamos peregrinos, contamos historias. Lo importante no es cuántos llegan, sino cómo se van», resume Luis Cañas.

El origen del nombre Camino de la Lana se debe al historiador y sacerdote Vicente Malabia, quien en la década de los años 80 analizó esta vía natural utilizada durante siglos por comerciantes de telas y lanas y por peregrinos que se dirigían a la que fue una de las capitales más importantes de los siglos XVI y XVII, Burgos. Malabia escribió la primera guía del Camino, estableciendo su inicio por motivos históricos en Monteagudo de las Salinas, localidad desde la que partieron Francisco Pacheco, su esposa y un primo de esta, generando un expediente que aún se conserva en la Catedral de Santiago.

La ruta parte desde la zona del Levante, concretamente desde el cabo de las Huertas, en Alicante, y discurre por localidades como Almansa, Alatoz y Alcalá del Júcar, en la provincia de Albacete. Posteriormente, se introduce en la provincia de Cuenca por Villarta y El Herrumblar, ascendiendo por la comarca de la Manchuela hasta alcanzar Monteagudo de las Salinas.

El Camino de la Lana discurre lejos de las rutas jacobeas más conocidas. Flechas amarillas, caminos de tierra y largas etapas convierten cada jornada en una experiencia exigente. Por ello, al llegar a Cuenca, la Casa del Peregrino se transforma en un refugio fundamental para quienes continúan su ruta hacia el norte.

En los últimos días, la Casa del Peregrino ha recibido la visita de José Vicente, un peregrino procedente de Caudete (Albacete), que inició su peregrinación a Santiago de Compostela desde el mismo umbral de su casa. Permanecerá en Cuenca para descansar, reponer fuerzas, adquirir material necesario y conocer el casco antiguo antes de retomar el Camino rumbo a Villar de Domingo García. El pasado domingo también fue acogido Thomas, un peregrino norteamericano que comenzó su andadura jacobea en la ciudad de Alicante, y el próximo lunes está prevista la llegada de Manuel, quien recorre el Camino de la Lana documentando sus vivencias diarias en su canal de YouTube.

Luis Cañas Salvador ha realizado cerca de cuarenta Caminos de Santiago, además de otros muchos que mantiene «congelados» o a medio recorrer. Su pasión por el Camino surgió de forma casual en el año 2000, durante un viaje con amigos a Asturias, coincidiendo con la intensa promoción del Año Jacobeo. La lectura de la guía del peregrino de Vicente Malabia, que abarca el tramo de Cuenca a Burgos, despertó en él unas ganas irrefrenables de ponerse en camino. «El Camino no entiende de edad ni de forma física; entiende de voluntad. El que quiere, puede», afirma.

La mayor afluencia de peregrinos se registra en los meses de mayo, septiembre y octubre, aunque este mes de enero está siendo especialmente activo. La Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Cuenca se encuentra plenamente asentada dentro de la Federación de Asociaciones desde sus inicios y está considerada un referente a nivel nacional, si bien su responsable considera necesario un relevo generacional que garantice su continuidad.

Los principios de la Asociación se mantienen firmes: atender al peregrino ejerciendo la hospitalidad tradicional, dialogar con los ayuntamientos por donde transcurre el Camino para habilitar espacios de acogida cuando no existan albergues, evitar que los caminantes se queden en la calle, socorrer sus necesidades básicas y mantener la señalización para evitar dudas. «Un techo, una ducha y un lecho», resume.

Para finalizar, Luis Cañas Salvador anima a todas las personas a realizar el Camino de Santiago independientemente de la edad o de la condición física. Recomienda que el primero se haga en solitario, como una experiencia personal enriquecedora, y recuerda que cada peregrino es un universo en sí mismo. Como ejemplo, menciona a su padre, que realizó su primer Camino con 80 años y el último con 95.

Cuando cae la tarde y el albergue recupera el silencio, las mochilas descansan alineadas junto a la pared. Al día siguiente, cada peregrino continuará su ruta hacia el norte, rumbo a Burgos y, más allá, a Santiago. La Casa del Peregrino de Cuenca quedará atrás, pero la hospitalidad recibida seguirá caminando con ellos, porque en el Camino de la Lana, como en la vida, lo esencial no es llegar, sino cómo te acogen cuando lo necesitas.

Rafael Torres

Nacido en Cuenca. Estudiante del Grado de Periodismo en 4 ° curso en la Facultad de Comunicación de Cuenca
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