La paciencia de los clubes y escuelas de fútbol de Cuenca ha llegado a su límite tras más de dos años de reformas incumplidas en los campos Obispo Laplana y Joaquín Caparrós. Lo que debían ser unas obras necesarias para mejorar la práctica deportiva en la ciudad se ha transformado en una pesadilla logística y humana que afecta a más de 600 niños y jóvenes. Jugadores, entrenadores y familias denuncian una situación de abandono que califican directamente de «tercermundista» frente a los equipos que visitan la capital.
Una reforma «fantasma» de 840.000 euros
En junio de 2024, el Ayuntamiento de Cuenca adjudicó a la empresa Eulen las obras de mejora de los campos de fútbol Obispo Laplana y Joaquín Caparrós, con una inversión global cercana a los 840.000 euros.

El plan era ambicioso: vestuarios accesibles, nuevas gradas y cerramientos perimetrales. Sin embargo, el consistorio ha acabado rescindiendo el contrato por incumplimiento de plazos. El resultado es un limbo administrativo: vestuarios que parecen terminados pero permanecen cerrados bajo llave, y gradas que fueron demolidas hace dos años sin que se haya puesto un solo ladrillo para las nuevas. «No es un problema de dinero, es un problema de gestión», sentencia Jaime Romero, presidente del C.D. Ciudad Encantada.
Frío y falta de intimidad en el Obispo Laplana
La realidad cotidiana para los equipos locales es una carrera de obstáculos antes de que ruede el balón. Para el equipo femenino Cuenca Deportiva, el día a día es una humillación. Al no tener vestuarios, deben cambiarse en el pabellón Samuel Ferrer y bajar por la calle con las botas puestas. Paula Luján, capitana del equipo, relata la dureza de entrenar así: «Tenemos que calentar con una ropa y luego cambiarnos a la equipación de jugar en el campo con todo el frío y con la gente delante. Siendo chicas es más complicado porque alguien siempre te va a ver«.
La higiene es otra batalla perdida. Los únicos servicios disponibles son baños portátiles que, según denuncia la capitana, carecen de papel y están permanentemente sucios, obligando a las deportistas a «esconderse por cualquier rincón» para sus necesidades básicas. Iván Mateo, entrenador del equipo, añade que ni siquiera tienen un sitio digno para una charla táctica: «El banquillo está en condiciones lamentables y no hay donde refugiarse si llueve».

Otro de los equipos perjudicados por la situación es el Ciudad Encantada. La escuela, cuenta con más de 300 jugadores: «Nosotros somos la escuela que más partidos tenemos proyectados porque aquí juegan nuestros dos equipos juveniles, el equipo senior, los equipos regionales, los equipos interescuelas, o sea, somos la escuela más afectada», explica.
Joaquín Caparrós: «Nuestros hijos tienen que cruzar una carretera»
La situación en el Joaquín Caparrós no es mejor, y aquí la preocupación principal es la seguridad de los más pequeños. Un padre afectado denuncia el riesgo vital al que se exponen los niños de la escuela municipal: «Los críos no pueden cambiarse allí. Tienen que ir hasta El Sargal cruzando una carretera por la que los coches bajan a una velocidad considerable. Es una situación muy peligrosa».

Además, la reciente retirada de todos los asientos de la grada ha sido la gota que ha colmado el vaso. «Ahora nos tenemos que sentar en el cemento, en los muretes fríos. Es volver a antaño», lamenta este padre, quien subraya la vergüenza que sienten ante los equipos visitantes: «Directamente dicen que vienen al tercer mundo. Vas a cualquier pueblo, como Cabanillas, y tienen instalaciones mil veces mejores».
Un «peligro» constante para jugadores y árbitros
La seguridad es otro de los pilares que se tambalea. Santiago Griega, delegado del equipo femenino Cuenca Deportiva, advierte sobre la peligrosidad de que tanto jugadores como árbitros tengan que cruzar la calle para acceder a los vestuarios del pabellón Samuel Ferrer.

Afirma que esto ya ha provocado intentos de agresión por parte de público visitante al no existir un entorno protegido: «En un partido intentaron agredir al colegiado e incluso a mí también. Entonces, el tema está claro, si hubiera unos vestuarios en condiciones no tendríamos que salir a la calle y eso se podría evitar», relata.
Esto mismo, también es denunciado por Jaime Romero, presidente del Ciudad Encantada quien advierte de los mismos riesgos: «Tenemos que estar muy atentos siempre porque puede pasar cualquier cosa».
Gestión deficiente frente a tasas municipales
A pesar del estado de abandono, la exigencia económica del Ayuntamiento no ha cesado. Jaime Romero, presidente del Ciudad Encantada, aclara que son una escuela humilde que paga rigurosamente sus tasas, las cuales pueden alcanzar los 12.000 euros anuales por el uso de unas instalaciones que, a día de hoy, no ofrecen los servicios mínimos contratados. En el caso del Cuenca Deportiva, pagan alrededor de 4.000 euros anuales.

El malestar de los clubes es mayor al observar que algunas obras parecen terminadas por fuera, pero los vestuarios permanecen cerrados bajo llave sin que nadie ofrezca una explicación clara a los clubes. Ante esta situación, el Grupo Municipal Popular del Ayuntamiento de Cuenca, comunicó el pasado 16 de enero ,que pedirá en el próximo pleno reducciones en los pagos de los clubes.
Con contratos rescindidos y obras paralizadas, en punto muerto, la comunidad deportiva de Cuenca ya no pide lujos, sino una solución urgente que devuelva la dignidad a sus deportistas, a la imagen de la ciudad y ponga fin a un agravio que se demora en el tiempo.
/Fotos: Néstor Robaina/







































