El silencio del invierno en Valverde de Júcar se rompió anoche de forma violenta. Una tormenta repentina, con vientos huracanados que nadie esperaba, ha provocado un auténtico escenario de guerra en el municipio. Debido a la situación, el Ayuntamiento ha emitido un bando pidiendo a los vecinos que no acudan al cementerio municipal advirtiendo del peligro de la situación.
Un escenario desolador entre tumbas
El corazón del desastre se encuentra en el camposanto. Eduardo Mena, alcalde de la localidad, describe un panorama dantesco: «Ayer sobre las diez de la noche estaba lloviendo y el aire se levantó bastante. En el pueblo lo sentimos, pero no imaginábamos lo sucedido», explica.

La sorpresa ha sido mayúscula para quienes han acudido hoy al recinto, encontrándose con lápidas centenarias sepultadas bajo el peso de los árboles caídos. «Entendemos que tuvo que entrar una especie de tornado de unos 150 km/h, calculo yo, que ha destrozado en torno a 100 lápidas y ha tirado el transformador que está en la punta del pueblo», confirma el primer edil.

Apagón y cortes de agua
El municipio sufrió un apagón que dejó a gran parte de sus cerca de 1.000 habitantes sin suministro eléctrico, sin televisión y sin internet durante parte de la noche y hasta cerca de las diez y media de la mañana. La falta de energía derivó en otro problema mayor: el corte del suministro de agua, dejando al pueblo en una situación de vulnerabilidad aunque ya se ha reestablecido.
La preocupación máxima del consistorio fue la salud de los vecinos más frágiles. «Nos preocupaba la gente que duerme con respirador por la noche, que es la que quizás se haya visto más afectada», explica Eduardo, aunque afortunadamente, tras realizar las consultas pertinentes, no se ha reportado ninguna emergencia sanitaria grave.

La tormenta que nadie vio venir
Lo más desconcertante para Valverde de Júcar es que no existía ninguna alerta por vientos. «Tenemos aviso amarillo por nevadas desde este jueves hasta el domingo, pero no teníamos ningún comunicado de viento», asegura el alcalde. El fenómeno fue tan selectivo y violento que los pueblos colindantes no han sufrido daños y el municipio en sí tampoco, sólo la zona del cementerio.
El pueblo intenta ahora recuperar la normalidad tras lo sucedido y se trabajará para retirar los árboles de 20 metros que aún custodian, de forma trágica, las lápidas destrozadas.













