De Valencia a la Serranía de Cuenca: la familia que dejó todo atrás para ayudar a su hija

A contracorriente de la despoblación: dejaron la capital por el silencio de la naturaleza y abrieron un negocio que une tradición y futuro en el corazón de la provincia de Cuenca

Hay decisiones que nacen del miedo, del amor y de la necesidad de protección pero, sobre todo, del instinto más primario: cuidar. La familia Armada Fernández lo tuvo claro cuando la vida les puso delante una noticia que lo cambió todo. Ahora, su historia se escribe entre montañas, silencio y un pequeño rincón lleno de ilusión donde poder ofrecer diversos productos en Las Majadas (Cuenca). Allí, han encontrado algo más que un lugar para vivir: un hogar.

Un diagnóstico que lo cambia todo

Verónica Fernández y Juan Armada vivían en Valencia cuando, con apenas cuatro meses, a su hija pequeña, Kiara, le detectaron una ceguera. Fue en una revisión rutinaria cuando saltaron las alarmas. Después, llegaron los neurólogos, las pruebas y un diagnóstico que sigue acompañándoles: Amaurosis Congénita de Leber.

Foto: Kiara en Las Majadas / Cedida

A partir de ahí, todo se recolocó. La ciudad, el ruido constante y el anonimato dejaron de tener sentido. “Pensamos que Las Majadas era un sitio muy tranquilo, una zona donde poder pasear por ahí sin problema, donde nos pueda conocer todo el mundo y un lugar en el que Kiara puede escuchar todos los sonidos de la naturaleza a tope”, explica Verónica.

El reencuentro con un pueblo

Las Majadas no era un lugar desconocido para ellos. La familia ya había veraneado por la zona y había trabajado en alojamientos rurales de la Serranía de Cuenca. Sabían cómo sonaban los veranos, cómo se vive sin prisas y cómo el silencio también puede ser un aliado.

Hace ya casi un año, en febrero de 2025, dieron el paso definitivo y dejaron Valencia atrás. No fue fácil. Tampoco improvisado. “Ha sido difícil venir aquí sin familia y sin apoyo, pero como realmente nos hemos sentido tan apoyados por el pueblo…Echamos de menos a nuestros familiares, pero siempre tenemos un ratito para ir a verlos o ellos vienen, porque bueno, al final tampoco estamos tan lejos», admite la madre de Kiara, Verónica.

Emprender para quedarse

Verónica y Juan, también renunciaron a sus trabajos. Él era militar y, en ocasiones, hacía trabajos de albañilería. Ella, trabajaba en una fábrica. De su nueva vida en Las Majadas nació también una idea de negocio: El Rincón de Kiara. La tienda abrió sus puertas a finales de octubre y, en pocos meses, se ha convertido en un punto de encuentro tanto para vecinos, como para turistas.

Foto: Verónica en El Rincón de Kiara / Cedida

En sus estanterías hay productos de higiene y limpieza, pan, bollería, productos artesanos y sabores muy reconocibles de la provincia: quesos, embutidos, miel, vinos o morteruelo. Además, en El Rincón de Kiara, también cuentan con un espacio donde ofrecen té y degustaciones de productos.

En un municipio de apenas 200 habitantes, el negocio sigue creciendo. La semana que viene arrancan su propio obrador, donde van a elaborar pan artesano hecho en horno de leña, sumando tradición y futuro en un mismo gesto.

“Ha sido una aventura, todo nuevo para nosotros, pero está mereciendo la pena”, reconocen. Las Majadas no sólo les ha acogido, allí reciben ayuda diaria, palabras de ánimo y una implicación que va más allá de lo comercial. Con emoción, Verónica y Juan relatan cómo es el trato con los vecinos: «Nos dicen que somos valientes, muy atrevidos y están todos muy agradecidos, muy involucrados con nosotros. En lo que sea nos ayudan. Somos una familia ya para ellos».

Kiara, en el centro de todo

Kiara es el corazón de esta historia. En Las Majadas y en los pueblos cercanos, mucha gente la conoce. Va a la guardería de Villalba de la Sierra, donde su profesora, María, se ha convertido en un apoyo fundamental. También cuentan con el acompañamiento de la ONCE en Cuenca y pronto comenzará atención temprana.

Foto: La pequeña Kiara en «El Rincón de Kiara» / Cedida

“El trato aquí es mucho más cercano que en Valencia. La ven más horas, están más pendientes”, explica Verónica. Para Kiara, el entorno también marca la diferencia: no hay tráfico constante, ni ruido de fondo. Hay vacas, caballos, pájaros y silencio.

Lejos del ruido, pero cerca de todo lo necesario

Lejos de los tópicos, la familia no siente que haya renunciado a servicios. Centro de salud, farmacia, transporte público mejorado… “No echamos de menos nada”, afirman. Solo, a veces, la familia que quedó en Valencia, aunque en dos horas y media el abrazo sigue siendo posible. “En la ciudad la gente no se saluda. Aquí sales a la calle y conoces a todo el mundo. Si te pasa algo, cualquiera te ayuda”.

El Rincón de Kiara, tienda. Las Majadas / Cedida

Un futuro con implicación

El proyecto, no habría sido posible sin apoyos clave, como la Asociación Promoción y Desarrollo Serrano (PRODESE), Acción Contra el Hambre o la ONCE de Cuenca. Con ellos, obtienen un trato mucho más familiar y un apoyo importantísimo con el que afrontar el día a día.

Las Majadas no es solo el lugar donde han abierto una tienda o donde crian a su hija. Es el sitio donde han aprendido que otra forma de vivir es posible: más despacio, más humana y con el sonido justo para escuchar lo importante.

Alba Soledad Moya

Natural de Cuenca. Graduada en Periodismo por la UCLM. Experiencia en medios de comunicación como CMM o La Sexta.
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