Marco Pérez, el escultor e imaginero de Fuentelespino de Moya que dejó su mejor obra en Cuenca

El escultor e imaginero Luis Marco Pérez nació en la localidad serrana de Fuentelespino de Moya, en el seno de una familia humilde, el 25 de agosto de 1896, y falleció en Madrid, a la edad de 87 años, el 17 de enero de 1983. Murió en silencio, casi en el olvido, siendo enterrado en el cementerio de la Almudena de Madrid. Su ciudad, que le había nombrado Hijo Predilecto, cuando tenía sólo 30 años, y le había dedicado al menos una calle en vida –aprobada por el Ayuntamiento el 15 de junio de 1964– no podía permitir que los restos mortales de un hombre que había amado tanto a su tierra descansaran para siempre en otro lugar que no fuera el suyo.

Marco Pérez en su taller con la imagen del Amarrado, en reportaje de prensa.

Por fin, el 23 de febrero de 1985, los restos mortales de Luis Marco Pérez llegaron a Cuenca para ser inhumados en el pintoresco paisaje de la Ermita de San Isidro, en una sencilla tumba. Tuvo que ser ya muerto, cuando Cuenca y la Semana Santa, le rindieran el gran homenaje que merecía, Luis Marco Pérez, es el escultor e imaginero por excelencia de la Semana Santa de Cuenca.

Estamos ante uno de los personajes conquenses que más huella han dejado en la ciudad y la provincia en el último siglo. Una huella imborrable, pues su obra la han conocido varias generaciones de conquenses y la seguirán conociendo las futuras, tanto por lo que se refiere a la llamada obra civil como a sus tallas para la Semana Santa, pues si en verdad son 19 pasos los que desfilan, en conjunto son 42 figuras las que se representan entre las diferentes escenas de la Pasión.

Además, en el paseo por la ciudad, tenemos en el jardinillo de la Plaza de la Hispanidad el Monumento de los soldados de África, del que se cumple el centenario de su inauguración en la próxima primavera; las esculturas en el Parque de San Julián (Lucas Aguirre y doña Gregorio de la Cuba), pues el hachero “Hombre de la Sierra” se encuentra en el Museo de la Semana Santa, si bien la escultura original se puede contemplar en el Museo de Esculturas al Aire Libre de Leganés. El impresionante Pastor de las Huesas, en la Hoz del Huécar; el busto de Chicuelo II delante de la plaza de toros o el friso de la Reconquista en la fuente del Escardillo, amén de otras obras menos en iglesias de la ciudad.

El Pastor de las Huesas del Vasallo fue Premio Nacional de Escultura. Durante bastantes años estuvo situado en la antigua Plaza de Cánovas, actual Plaza de la Constitución. / Josevi.

Visita en 1975

Una de las últimas visitas que Marco Pérez hizo a Cuenca fue a mediados de junio de 1975, acompañado de un discípulo suyo, al que calificaba de gran artista, para restaurar algunos pasos, entre ellos el de San Pedro Apóstol. El 15 de junio se reunió con directivos de la Junta de Cofradías y de las Angustias, pues se había aprobado hacer la Santa Cena y el Descendido, un paso que Luis Marco había hecho antes de la guerra.

A pesar de que tenía 78 años, el escultor de Fuentelespino le comentó en una entrevista a José Vicente Ávila en “Diario de Cuenca” que “muy a gusto haré los dos pasos”. El escultor había hecho en 1929 la Santa Cena, que empezó a desfilar en 1930, y comentaba. “Le tengo gran cariño a la Santa Cena, aunque no será muy fácil que en la próxima Semana Santa pueda desfilar”. Sin embargo, añadía, si se decide lo del Descendido, éste si dará tiempo porque lleva menos trabajo. Y explicaba: “El “paso” sería un Cristo yacente y San Juan y la Virgen junto a la cruz y desfilaría detrás del Descendimiento.

“El Descendimiento”, uno de los 19 pasos de Marco Pérez, de la Semana Santa de Cuenca, muy similar al que hizo para Ciudad Real. / Josevi.

Así, en la Semana Santa de 1976 salió el nuevo “paso” de El Descendido, delante de la imagen de la Virgen de las Angustias y detrás de El Descendimiento, pero no gustó mucho ese conjunto a la Cuenca nazarena, tan acostumbrada a los pasos no ya solo de Marco Pérez, sino de Coullaut Valera, Martínez Bueno o Capuz. Se decía que no había salido de las manos del escultor conquense, sino de los discípulos de su taller.

El caso es que este Descendido desfiló durante unos diez años, pues en 1987 fue sustituido por el actual Descendido de Vicente Marín, y al mismo tiempo se le daba entrada en la Semana Santa a otro escultor conquense. El Descendido del taller de Marco pasó a desfilar en la Semana Santa de San Clemente, donde también sale una Oración del Huerto del propio escultor. Por cierto, la anhelada Santa Cena la terminó Octavio Vicent el mismo año que Marco Pérez era enterrado en San Isidro.

Hay que recordar un dato que es relevante: que toda su mejor obra civil como escultor la hizo entre 1922 y 1936, entre ellas varios premios nacionales, destacando que su primera escultura más importante para él era la de El Pastor de las Huesas del Vasallo, que la hizo en el año 1930 y con ella ganó la Medalla de Oro de la Exposición Nacional; tal galardón sólo lo había obtenido hasta entonces Mariano Benlliure.

Una escultura que ha estado en varios lugares y se puede admirar en la Hoz del Huécar bajo el puente de San Pablo, sobre todo en el otoño e invierno, cuando a los árboles les llega la caída de la hoja. En la década de los 50-60 el Pastor de bronce estuvo en la entonces denominada Plaza de Cánovas, hoy Plaza de la Constitución. La estatua se colocó en 1931 precisamente donde ahora está y al poco tiempo la trasladaron donde ahora tenemos el monumento del Nazareno, pasando a fínales de la década de los sesenta a la Hoz del Huécar, donde en verdad le da mucho esplendor, aunque dada la belleza de la Hoz pasa un tanto desapercibida.

En aquella época de los años 20-30 del siglo XX Luis Marco Pérez estaba a la altura de los mejores. Había vivido en Fuentelespino de Moya hasta los 12 años, donde su padre tenía una carpintería en la que el jovencísimo Luis ya montaba sus primeros “pasos” nazarenos; se marchó a Valencia y allí estuvo en la Escuela de Artes y Oficios y en Bellas Artes, iniciando su trabajo en talleres de imagineros. Ya con 24 años ganó una pensión del Círculo de Bellas Artes y se trasladó a la capital de España para perfeccionar el dibujo y la escultura, además de matricularse en Medicina para estudiar anatomía.

No perdió contacto con la Sierra de Cuenca, pues su formación artística estuvo encaminada a poder plasmar tipos y personajes: pastores, hacheros, rostros curtidos. Ya en 1922 gana la tercera medalla de las Bellas Artes con la escultura “El alma de Castilla es el silencio: Cuenca”. Impresionante la escultura, la mirada callada de la mujer rural y la propia definición que hace. En 1924 ganó la Segunda Medalla con “El Idilio Ibérico” y en 1926 le llegó su primer gran premio con “El Hombre de la Sierra”, al que tenía un cariño especial.

Una escultura para recordar en Cuenca

Además ganó el Concurso para hacer el monumento a los Caídos de África. Sobre esta obra le decía Marco Pérez a José Vicente Ávila: No había cumplido aún los 30 años cuando hice esa escultura. Cada vez que paso por Carretería y la veo, me quedo mirándola y me emociono, porque recuerdo aquellos años jóvenes en los que tanto trabajé”. Los premios que el joven y prometedor artista había ganado le pusieron en primera línea como escultor, y su trabajo estaba entre Madrid y Valencia.

El alcalde de Cuenca, Cayo Conversa, supo reaccionar a tiempo y en diciembre de 1926 el Ayuntamiento le otorgó el título de Hijo Predilecto de la Ciudad, que será centenario, y en 1927 obtuvo la Cátedra de Dibujo en la Escuela de Artes y Oficios de la Diputación. La idea de Cayo Conversa, que por cierto fue quien también trajo a Cuenca al pintor cubano Wilfredo Lam, era que Marco Pérez hiciese cada año un “paso” para la Semana Santa, pues en la prensa local se publicaba esos años que “algunos pasos de nuestras procesiones están pidiendo a gritos la sustitución, porque desentonan de una manera lamentable al lado de otros de positivo valor escultórico”. Y así fue: Marco Pérez hizo en 1929 la Santa Cena sin policromar, que desfiló por vez primera en 1930, y le llamaban “la merienda de los negritos”. Una escultura de trece figuras que asombró a Alejo Carpentier cuando visitó Cuenca en 1933.

El escultor de Fuentelespino de Moya trabajó en la Escuela de Artes y Oficios de Cuenca hasta 1933, año en el que se marchó a Valencia.

En 1928 había sido nombrado Escultor Municipal para que hiciese cada año un paso para la Semana Santa, con al menos seis figuras. Así hizo la Cena, El Descendido, el ángel del Huerto, y en 1936 desfiló por primera y única vez la imagen de Jesús con la Caña. El escultor de Fuentelespino de Moya trabajó en la Escuela de Artes y Oficios de Cuenca hasta 1933, año en el que se marchó a Valencia. Cuando se marchó a la ciudad del Turia, en el periódico “El Defensor de Cuenca” se podía leer: “Lástima grande fue que se malograra la táctica de Conversa de amarrar en nuestra ciudad a Marco Pérez para que hiciera florecer en su tierra las creaciones de su arte. Casi todo lo que de él tenemos aquí a esa etapa se debe, y si se hubiera seguido la marcha convenida con el escultor conquense, hoy desfilarían ya por nuestra ciudad seis o siete pasos de Marco, con la densidad artística de la Cena o el Descendido”.

El destino es caprichoso y durante la guerra civil se destruyeron no sólo aquellas imágenes poco valoradas, sino los tres “pasos” de Marco Pérez. Una vez terminada la contienda, a partir de 1940, Marco Pérez deja a un lado su trabajo de escultor para enfrascarse en la ardua tarea de esculpir imágenes no sólo para la Semana Santa de Cuenca, sino de numerosas localidades españolas.

Las primeras que hizo fue la talla de Jesús Amarrado a la Columna, para Elche, y al mismo tiempo para Cuenca, con distinta cabeza, que luego cambiaría. A partir de 1941, Jesús Nazareno de El Salvador y la mayoría de los “pasos”, bien por encargo de la Junta de Cofradías, la Diputación o el Ayuntamiento. No podemos olvidar los diseños de andas de Marco Pérez realizados por dos de los históricos ebanistas de la Pasión; los hermanos Modesto y Nemesio Pérez del Moral.

Su obra en España también es tan densa como importante, además en el extranjero, sobre todo en Bogotá. Una veintena de “pasos” desfilan en distintos lugares, seis de ellos en Ciudad Real y tres en Mota del Cuervo, además de la Virgen de las Angustias en Albacete y de manera especial el Jesús Caído de Avilés, conocido como “Jesusín de Galiana”, que tiene esta leyenda popular: “¿Dónde tú me viste que tan bien me hiciste?”, pregunta Jesús al escultor que modeló la sagrada imagen de “Jesús de Galiana”.

Si hemos dicho que Marco Pérez nos dejó su legado artístico, no podemos olvidar la marcha “Marco Pérez ha muerto”, de Julián López Calvo, y dado que estamos en tiempos de información virtual, es recomendable el blog sobre el gran escultor, diseñado por José Andrés Sevilla, que cada día se va engrosando para conocer más de cerca a esta irrepetible figura.

Luis Marco Pérez y la Semana Santa de Cuenca

A Luis Marco Pérez le encantaba hablar de la Semana Santa y sobre todo de las imágenes que había realizado. Mientras fumaba un cigarrillo, iba nombrando sus tallas:  “El Amarrado, Jesús Nazareno de las Seis, San Juan Bautista, la Soledad del Puente, San Pedro Apóstol, San Juan Evangelista, “que creo que le llaman El Guapo”, la Exaltación, El Descendimiento, que también lo hizo para Ciudad Real.

En el Museo de la Semana Santa se puede contemplar una amplia muestra de su obra, en el Espacio Luis Marco Pérez, además de otras referencias al resto de imagineros de la Semana Santa de Cuenca.

(Datos: www.elblogdecuencavila.com. Facilitados por José Vicente Ávila)

Botón volver arriba