“Me sentía sola y no podía parar de jugar a las tragaperras”; la realidad de las adicciones en Cuenca

Proyecto Hombre, bastión de la prevención y el tratamiento de todo tipo de adicciones

El final del camino para Jackson, Winhouse, Cobain, Joplin, Hendrix, Morrison, Houston, Elvis, Lee o Prince puede repetirse para cualquier apellido. Las adicciones empiezan cuando termina la adaptación a la vida diaria por el consumo generalmente de una sustancia, aunque cada vez están aumentando más los casos de adicción sin sustancia: compras, juegos, apuestas, dispositivos móviles… El mecanismo que se pone en marcha en el cerebro es el mismo. Por desgracia, las dopaminas, aliadas que mantienen viva la motivación de repetir comportamientos necesarios para seguir activos (comer, dormir, divertirse), se acaban desajustando cuando la elección es equivocada.

Por eso, es necesario afrontar cuanto antes el drama de la compulsión que conlleva la conducta adictiva, no solo para el propio adicto, sino también para su familia. Y lo cierto es que al interferir con tanta frecuencia en su día a día, el trastorno precisa de la intervención y el tratamiento de un profesional lo antes posible.

Un Proyecto del Hombre para el Hombre

Hay una canción de Eros Ramazzotti junto Ricky Martin que empieza diciendo: “Son las ganas de cambiar la realidad las que hacen que me sienta vivo y buscaré los que quieren como yo este sueño realizar”. Pues este es el espíritu de Proyecto Hombre que también impulsa la moción aprobada en el pleno de mayo para sacar adelante un Plan de Adicciones para municipios de más de 100.000 habitantes.

La casita blanca del Camino de los Viveros, junto al Parque de Bomberos, pasa demasiado desapercibida para ser tan importante lo que se cuece dentro. Desde ahí se atiende todo el abanico de adicciones ya que es muy complicado encontrar una conducta adictiva «pura y dura”, y una de las más peligrosas es al alcohol por ser la droga legal de fácil acceso. Lo asegura desde Proyecto Hombre en Cuenca, también coordinador de prevención en Castilla-La Mancha, Jesús Pérez, quien explica con la rotundidad que le caracteriza que “está socialmente tan aceptado que no se da importancia y es con una edad más avanzada cuando se es consciente de que existe un problema”.

Desde el minuto cero deja claro que la adicción no entiende de barrios ni de clases. Les llama cualquier persona porque ha visto el teléfono en Internet, un orientador de instituto que ha detectado una situación, una trabajadora social, el vecino del barrio o la policía que ha dado el alto a un joven con los efectos del cannabis.

Simulación de terapia con Jesús Pérez/ Néstor Robaina

Aunque a Proyecto Hombre se le conoce más por el tratamiento en personas adultas, es la prevención lo que apuntala como intervención clave, tanto en el ámbito escolar como familiar. Arranca en la etapa Infantil, pero con mayor fuerza en Primaria y Secundaria: “Está pensado para que las personas maduren y tomen decisiones coherentes, trabajamos la gestión emocional, habilidades sociales, valores…, para que cuando lleguen a la adolescencia sepan enfrentarse al tema de manera positiva”, recalca el coordinador.

Tienen diferentes programas preventivos dependiendo de a qué población y en qué momento vital se encuentren: en Primaria y Secundaria «Juego de llaves», en la adolescencia «Rompecabezas» (FP básica o necesidades especiales), y en la juventud «Programa Joven». Parten de que aproximadamente el 90% de los jóvenes va a experimentar en algún momento con un tipo de sustancia, sobre todo con las legales (tabaco y alcohol). Por eso, este programa estrella se realiza con chicos entre 13 y 24 años que están llevando a cabo más conductas de riesgo de lo normal: absentismo, conflictividad, pequeños actos delictivos, uso abusivo de Internet, juegos online, casinos, videojuegos, uso o abuso de sustancias…

La novedad ahora mismo reside en el ámbito laboral, pues Jesús Pérez adelanta que ya están interviniendo con empresas en un programa de sensibilización sobre el consumo de alcohol y drogas en el trabajo, dando formación a mandos directivos sobre estrés y conflictos, y detectando casos concretos. También a toda la plantilla.

Elena Gramuntell junto a su compañera de prácticas/ Néstor Robaina

Junto a la prevención, el tratamiento se divide en otros tantos programas y las sesiones de terapia suelen tener una periodicidad semanal con más de 90 personas. “Los que vienen a tratarse son más mayores generalmente, pero también encuentras gente joven que necesita enfocar un poco todo”, asegura el coordinador, quien aclara que es imprescindible la coordinación con la Unidad de Conductas Adictivas (UCA), para poder ayudar a las personas que demandan tratamiento.

En el Programa de Diagnóstico Dual, capitaneado por la psicóloga Elena Gramuntell, hay personas que tienen un problema de adicción y además una enfermedad mental. Gramuntell trabaja en grupo, aunque hace excepciones con personas que así lo requieran (con una conducta más limitada por el deterioro cognitivo). Y el equipo se termina de conformar con la directora María Nieves Aparicio.

Proyecto Hombre ofrece tratamiento Ambulatorio a las personas que están socialmente más adaptadas, es decir, reciben la terapia y luego siguen su vida normal. El objetivo es que dejen la conducta adictiva y sean capaces de llevar un estilo de vida saludable: “¡Que sean felices!”, exclama el coordinador con la seguridad de que así ocurre.

Junto a ello, el Programa de Apoyo a la Recaída (PAR) lo componen personas que han pasado por un tratamiento y conseguido el alta terapéutica, pero en un momento de su vida tienen un pequeño “tropezón” y se les acoge para intentar hacer un tratamiento más rápido.

Por otro lado, el programa de Acogida está destinado a personas que tienen más o menos claro que necesitan ingresar y que de manera ambulatoria no pueden salir adelante: “Les pedimos que vayan a la UCA y seguramente les derivan a una comunidad terapéutica en Guadalajara con una plaza concertada, aunque pueden pasar 4-5 meses de trámites hasta que se hacen todas las pruebas médicas para que ingresen”, lamenta Pérez.

En Apoyo y Seguimiento Individual se da cabida a situaciones especiales, por ejemplo, gente en situación de calle. Es un proyecto de reducción del daño y los objetivos que se marcan son mínimos: “Si los conseguimos afianzar se quedarían probablemente en Diagnóstico Dual».

Se añade como valor el Programa Penitenciario en la prisión de Cuenca, en coordinación con la Fundación Atenea, donde estudian casos de personas que tienen problemas de conducta adictiva e intentan que una parte de la condena la cumplan en una comunidad terapéutica. Jesús Pérez está convencido de que “les va a ser más fácil enfocar una reinserción con un paso previo a la calle, ese colchón de la comunidad terapéutica motiva más”.

Y, por último, el Servicio de Orientación Familiar (SOF) atiende a familias que acuden a consultar, pedir ayuda o demandar algún tipo de intervención. De hecho, en el caso de que la persona (no es exclusivo de familias de menores) no quiera participar se dan pautas para la familia ponga en práctica en casa ciertas normas, límites, patrones de afectividad…

Con todo este surtido tan amplio de posibilidades los frutos están ahí: a veces se da el alta terapéutica y no se consume, pero otras veces se reduce el daño o se consigue la toma de la medicación, que para el equipo supone el mismo éxito. Todos en Proyecto Hombre miran en la misma dirección: mejorar la situación de cada vida y, en la mayoría de las ocasiones, basta con fijarse un objetivo intermedio.

Elena Gramuntell/ Néstor Robaina

UN CASO REAL

Me sentía sola y no podía parar de jugar a las tragaperras”

El caso de Jennifer conlleva respetar su nombre auténtico para mantener el anonimato. Tenía alrededor de 15 años cuando cogió la afición a las máquinas tragaperras de los bares porque pasaba mucho tiempo sola y no tenía muchos amigos. “Me aburría y empecé como si fuera un juego, pero poco a poco terminó siendo una adicción”, reconoce con cierta vergüenza. Al principio no se daba cuenta de dónde se estaba metiendo: “Te dices a ti misma que no volverás a hacerlo, pero la realidad es que es más fuerte el impulso que la parte racional y no podía parar, no podía parar…”.

Jennifer no tenía mucho dinero y eso condicionó su vida porque acababa robándolo a sus padres o hermanos: “Te metes en un ciclo de mentiras y justificaciones. Cuando salió todo a la luz les conté lo que me pasaba y me ayudaron mucho”. Así fue como empezó a ir al psicólogo: “Estaba tan asustada que en cuanto empecé a ir lo dejé radicalmente, pero tuve una recaída 10 años después cuando volví a sentirme sola”. Esta segunda vez fue peor porque pensó “por una vez no pasa nada”, pero ahora tenía un sueldo y se lo gastaba en las tragaperras sin que le quedara nada para comer: “Me alimentaba de latas y pedía préstamos, tenía una deuda enorme que tuve que confesar a mis padres y volvieron a ayudarme”. No guarda buen recuerdo de su segunda terapia con un psicólogo porque “era muy bruto”, pero esa fue la última vez que jugó.

Ahora Jennifer es consciente de que no puede volver a jugar y que las tragaperras “son un peligro total”, ni siquiera entiende que estén disponibles en los bares “como si fueran inofensivas, cuando son la puerta de entrada a una vida que te destruye a ti y a tu familia”.

“Siempre voy a ser una ludópata, pero me gusta tener clara esa conciencia porque me hace estar vigilante, no lo vivo como una renuncia”, comenta con ternura hacia sí misma. Hoy puede decir que lo ha superado porque no tiene la necesidad de jugar y se siente orgullosa de haber sido capaz de dejarlo: “Para mí ha sido muy importante salir de ahí porque sufrí muchísimo y me hice mucho daño”. Pero también piensa que es difícil dejarlo sin ayuda: “Necesitas una red de apoyo de gente que confíe en ti y te ayude a perdonarte, porque lo peor es la rabia contra una misma”.

Como este hay muchos otros casos en que se confirma que es posible salir de la trampa de las drogas. De hecho, hay más expertos consultados por este periódico que aseguran que las personas que van a pedir ayuda tienen conciencia de dónde están y entran en razón. El eco de todos ellos bien podría converger en una sola voz, la de que «no son malas personas, sino que han tenido mala suerte en la vida».

Plan Regional de Adicciones de Castilla-La Mancha 2022-2025

Almudena Collado

Redactora de El Digital de Cuenca. Nacida en Cuenca. Más de 10 años de experiencia en medios de comunicación en radio y televisión como Cadena COPE, CMM y profesora de Onda Radio en Universidad Francisco de Vitoria.
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