A pesar de los cielos encapotados, los vecinos de Valera de Abajo llenaron las calles de color, música y entusiasmo en la jornada de Vísperas, una antesala llena de tradición que anticipa el esperado Día del Santo Niño.
La jornada de Vísperas volvió a demostrar en Valera de Abajo que ni siquiera la amenaza de lluvia puede apagar el espíritu festero de unas celebraciones profundamente arraigadas en el sentir del pueblo. En el día previo al Día del Santo Niño, uno de los momentos centrales de las fiestas de Moros y Cristianos, la localidad vivió una intensa sucesión de actos marcada por la participación y el buen ánimo.

Desde primera hora de la mañana, con la concentración de los oficiales en la plaza de la Cruz Cerrada y la tradicional recogida del General, el ambiente festero se hizo notar en las calles, acompañado por los característicos reos de anís y vino en las casas de los cofrades salientes. La lluvia, presente a ratos durante la jornada, no impidió que los actos se desarrollaran con normalidad ni restó entusiasmo a vecinos y festeros.

Ya por la tarde, la concentración de la tropa dio paso a uno de los momentos más emotivos de la jornada: la celebración de las Vísperas en la iglesia del Santo Niño y la posterior subida en procesión de su imagen hasta la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, vivida con respeto y devoción.
La primera corrida de banderas en la plaza de la Cruz Cerrada y la entrega de oficios, con la tradicional quema del vaso, completaron una jornada intensa que se prolongó hasta bien entrada la noche, culminando con el ensayo general de los dichos en casa del Capitán Moro.

Un día de Vísperas que, pese a la amenaza de lluvia y su aparición a ratos, reafirmó que Valera de Abajo ya vive de lleno sus fiestas, calentando motores para el esperado Día del Santo Niño, Fiesta de Interés Regional.