La Semana Santa de Tarancón vive un momento de crecimiento y renovación sin renunciar a sus raíces históricas. Al frente de la Junta de Hermandades se encuentra Víctor Domínguez Gallego, una figura clave en la organización cofrade local, cuya trayectoria personal y familiar se entrelaza con la evolución artística, generacional y espiritual de las Hermandades.
Su padre fue presidente de la Junta durante muchos años y su abuelo, Víctor Domínguez Domínguez, reorganizó las Hermandades y la propia Junta de Hermandades después de la contienda civil en Tarancón. Su padre, Víctor Domínguez Sánchez, le llevó como capitular y formó parte de la Junta. Posteriormente se fue a estudiar fuera y su participación fue intermitente durante ese tiempo. En el año 2009, su amigo, compañero y hermano Francisco Arcas, al que posteriormente relevó, vivió una situación en la que se produjo una dimisión en bloque de aquella Junta, y fue entonces cuando le eligieron a él como presidente. Desde entonces continúa en el cargo, reelegido cada vez que hay elecciones.

Representa la tercera generación de una familia profundamente ligada a la Semana Santa, aunque ya sus hijos participan activamente en ella. Su familia es muy longeva en los estatutos de la Hermandad del Santo Entierro, reorganizada en 1815 como continuación de la Muy Antigua Hermandad, una vinculación que viene de siglos atrás.
Las Hermandades de Tarancón han vivido en los últimos años una importante renovación. Ha entrado gente joven en las juntas de gobierno y se constituyó incluso una Hermandad en plena pandemia del Covid. Este relevo generacional ha llegado también a la propia Junta de Hermandades.

En cuanto a la Semana Santa de Tarancón, ha habido una evolución positiva en el número de hermanos: no se va a menos, sino a más. Tras la Guerra Civil, las imágenes originales fueron quemadas, a excepción de la Soledad. En la reorganización posterior se adquirieron imágenes de Olot, hoy ya desaparecidas. Con el paso del tiempo, se ha producido una evolución hacia imagineros de primer orden, ganando en ornamentación, vistosidad y conjunto.
La Junta de Hermandades debe guardar la idiosincrasia y las señas de identidad heredadas, sin renunciar a la renovación. Domínguez subraya que las nuevas aportaciones deben ir más allá de lo artístico y cultural, siendo también una llamada a la devoción y a la fe.

De cara a 2026, los preparativos ya han comenzado. Se han celebrado varios cabildos y está a punto de anunciarse el pregonero, así como de lanzarse el concurso del cartel anunciador y el concurso de fotografía de la Semana Santa de Tarancón 2026, cuyos trabajos darán lugar posteriormente a exposiciones. Rafael Luján, capitular de actividades, tiene ya preparados los actos de Cuaresma, mientras que las actividades culturales ultiman fechas. Las de la Escuela Capuchina ya están decididas.
Tarancón, gracias a su buena comunicación y al coincidir el Lunes de Pascua como festivo, permitirá que muchas personas se queden todo el fin de semana, algo que se notará en la participación del público y de los capuchinos.
En 2024 fue una gran Semana Santa, mientras que en 2025 las dificultades se concentraron especialmente en el Viernes Santo, cuando hubo que recortar el recorrido por la lluvia. Esta experiencia llevó a una reflexión sobre la necesidad de ser respetuosos y responsables. Con las herramientas actuales de previsión meteorológica, considera prioritario preservar las imágenes y los ornamentos, fruto de años de esfuerzo.
La participación depende en gran medida del tiempo, aunque destaca el papel de la Escuela Capuchina, que ha incorporado a personas que nunca habían participado en la Semana Santa, especialmente a través de los más pequeños.

Finalmente, Víctor Domínguez insiste en buscar la innovación sin olvidar las señas de identidad y recuerda el sentido profundo de lo que se celebra: la pasión, muerte y, sobre todo, la resurrección. Defiende que las Hermandades deben trabajar para que los hermanos no solo participen en las procesiones, sino también en los actos religiosos y la vida de fe. «Si dejamos a un lado lo fundamental, que es la fe y lo que celebramos, todo lo demás no tiene mucho sentido.»
