Una técnica lenta, como su explicación de la misma. Este artesano, ya fichado por El Digital de Cuenca, abre al periódico las puertas de su taller para acercar al conquense su editorial ‘La Zúa’, uno de los principales puntos de la actividad gráfica de la ciudad. En los 80 Julián Pacheco pudo ser su maestro, pero ahora es él quien desde la Facultad de Bellas Artes de la UCLM se alza como maestro de muchos otros que aspiran a exponer sus estampaciones al unísono con literatos y poetas en una misma carpeta de coleccionista: una obra coral de escritor, artista plástico y diseño de encuadernación.
«Empecé como artista intentando ser pintor, pero luego me entusiasmó grabado», reconoció Perico Simón en estos micrófonos. «Mi vida profesional estaba encaminada a estampador de otros artistas», añadió mientras señalaba las obras colgadas por las paredes que daban buena cuenta de su trayectoria y que se pueden hojear en el catálogo «Gráfica contemporánea» de Ediciones Maior. Lo cierto es que Perico ha estado casi 15 años trabajando en Mallorca con grandes artistas y se mostró orgulloso de esta exposición que se hizo hace dos años en la Fundación Antonio Pérez, en la sede de la Casa Zavala. «Yo trabajaba como estampador en el taller, pero no era un taller de producción de encargos, sino que a los artistas que exponían en la galería les proponían generar una obra: Broto, Campano, Susana Solano, Rot, Croft, Partenheimer».

«Me considero más estampador que artista creativo»
Su recorrido enlaza con el de Zóbel cuando este mostró interés por la obra gráfica y allá por la década de los 90, tras crearse un taller de grabado en el Museo Arqueológico, se marchó con su maestro a Urbino, en Italia, para formarse en la Escuela del Libro gracias a una beca. Su primera compra fue un tórculo, el nombre específico de prensa utilizada para la impresión de grabados en metal o calcografías. Recordó aquella etapa con exposiciones «muy interesantes de artistas jóvenes» que ensalzaban la disciplina y la catapultaban de lleno en el ámbito académico.
En la actualidad, Simón pasa las horas muertas entregado a libros de artistas con grabados sueltos, trabajando en un concepto integrado de obra gráfica dentro de un formato de carpeta. De hecho, este próximo mes de marzo tiene previsto participar en ARCO dentro de una sección que llama ‘Ars Libris’ específica de autoedición, libros de artista, fotolibro… «Me considero más estampador que un artista creativo, aunque sigo haciendo obra personal», declaró este artista nato que empezó con 20 años a jugar con el arte del grabado. Por supuesto, también le veremos dando clase de «Imagen impresa I» o «Taller de grabado» junto con Ramón Freire de la Universidad de Granada en el campus de Bellas Artes de Cuenca.

«Ahora plasmo un ambiente de bruma, como de cosa indefinida»
Sus obras han girado hacia un lenguaje más fotográfico y movido: «He pasado de reflejar vegetación como cayendo a un ambiente de bruma, como de cosa indefinida, aunque se puede apreciar cierta linealidad en las formas si se ven juntos». En cuanto al último libro de artista editado por La Zúa se titula ‘En fascículos. Habla del silencio’ de Sylvia Molina, profesora de Bellas Artes de Cuenca, que se ha expuesto en Murcia dentro de una exposición de su obra artística.
«Se puede hablar de obra gráfica original con serigrafía, aguafuerte, litografía, linograbado, planchas de metal que es grabado en hueco, grabado al agua fuerte. Tengo por ahí colgadas algunas de zinc, de cobre, de latón…, este que es un grabado de Pacheco lleva cinco planchas», relataba con su vena docente mientras se perdía entre sus cachivaches. Lo cual no hacía sino engordar la importancia de una técnica que conlleva tantos pasos y tanta dedicación meticulosa.

En los próximos días, sin ir más lejos, recibe a un grupo de estudiantes gracias al convenio John Hopkins University para practicar con unas planchas en directo, tintando y estampando. La pasión de Perico Simón por su trabajo le lleva a descubrir pequeños tesoros de inmenso valor entre sus estanterías, colecciones particulares, como las carpetas de Segundo Santos con Julio Llamazares «Elogio de la pasividad», el trabajo de Victoria Santesmases, la caja estuche de Ignacio Llamas con los poemas de Jesús Cobo, un poeta toledano, o los 17 grabados de Simeón Saiz Ruiz durante la pandemia.

El colofón final con el número de carpeta dentro del número completo de la edición ya habla del privilegio artístico de estas obras gráficas. Porque, sin duda, el papel revelará una grata sorpresa, siempre y cuando haya un grabador profesional detrás de su edición. Un lenguaje plástico al que no estamos acostumbrados los hijos de la cultura del copia y pega.
































