El Monumento Natural del Nacimiento del Río Cuervo, en plena Serranía de Cuenca, ofrece estos días una de esas postales que se quedan en la memoria: la cascada vestida de blanco, el musgo resaltando entre el hielo y las formas caprichosas de los carámbanos asomando sobre las tobas. La nevada del pasado lunes 5 de enero, seguida de varias jornadas de heladas, ha transformado el paraje en un escenario invernal de gran belleza que está atrayendo a curiosos y aficionados a la fotografía.
El episodio de nieve, anunciado con avisos meteorológicos, dejó un manto visible en varios puntos de la provincia y, en especial, en las cotas altas de la Serranía, donde el frío posterior ha “fijado” el paisaje: hielo en las repisas, cascadas parcialmente congeladas y pequeñas pozas con una transparencia que contrasta con el blanco dominante.
La combinación de agua, roca y frío es, precisamente, una de las señas de identidad del lugar en invierno. El Cuervo nace aquí entre formaciones de toba y un entorno de pinares, y el recorrido habilitado para visitantes permite acercarse a los saltos y miradores sin necesidad de grandes caminatas: el sendero principal es circular y de alrededor de 1,5 kilómetros, ideal para una visita tranquila y para detenerse a “disparar” la cámara.
Precaución en los accesos
El idilio, eso sí, viene con letra pequeña. Las heladas convierten pasarelas, escalones y tramos sombríos en superficies deslizantes. Quienes se acerquen estos días deberían extremar la prudencia, usar calzado con buena suela y evitar salirse de las zonas señalizadas, especialmente a primera hora, cuando el hielo se mantiene más duro.
Mientras el invierno aprieta en la Serranía, el Nacimiento del Río Cuervo vuelve a confirmar por qué es uno de los rincones más fotografiados de la provincia: un “álbum” natural en el que cada nevada escribe una página distinta, y que esta semana ha quedado, sencillamente, espectacular.