Del tabaco al vaper: ¿moda pasajera o cambio real en los estancos de Cuenca?

La bajada del consumo de tabaco, el auge del vaper y las nuevas restricciones legales transforman el sector

El tabaco ha sido durante décadas uno de los vicios más comunes y socialmente aceptados en nuestra sociedad. No hace tanto tiempo era habitual fumar prácticamente en cualquier espacio: bares, oficinas, centros educativos e incluso consultas médicas. Muchos aún recuerdan a médicos fumando delante de sus pacientes o a profesores haciéndolo en clase, con los alumnos presentes.

Hasta finales de los años 80, escenas que hoy resultarían impensables formaban parte del día a día. No fue hasta 1988 cuando se aprobó la primera gran ley antitabaco en España, que prohibió fumar en centros educativos y sanitarios, aunque todavía permitía hacerlo, por ejemplo, en la parte trasera de los autocares.

En 1999 se amplió la prohibición a aviones, trenes, barcos y autocares, con algunas excepciones, y en enero de 2006 el veto llegó a los centros de trabajo y a todos los medios de transporte. El último gran cambio legislativo llegó en 2011, cuando se prohibió fumar en bares y restaurantes, una medida que todavía muchos recuerdan por su impacto social.

Con cada una de estas normas, el objetivo era claro: reducir el consumo de tabaco limitando los espacios donde fumar. Y los datos muestran que, poco a poco, ese cambio ha ido calando.

Menos fumadores, menos presencia del tabaco

Actualmente, en España fuma el 25,8% de la población, una cifra significativamente inferior a la de principios de los años 90, cuando lo hacía casi el 35% de los españoles (34,7%). La concienciación social, el endurecimiento de las leyes y la desaparición de la publicidad han ido relegando el tabaco a un segundo plano en el día a día.

En este contexto surge una nueva realidad dentro de la industria: los cigarrillos electrónicos y otros productos sin combustión, que han abierto un nuevo paradigma en el consumo de nicotina.

Los jóvenes, principales usuarios del cigarrillo electrónico

Los datos reflejan que el vaper ha ganado terreno, especialmente entre los más jóvenes. Según la encuesta EDADES 2024, el 19% de la población de entre 15 y 64 años ha consumido cigarrillos electrónicos alguna vez en su vida, con una mayor prevalencia entre los hombres y, sobre todo, en el grupo de edad de 15 a 24 años.

En el ámbito educativo, las cifras son aún más llamativas. La encuesta ESTUDES 2023 señala que el 54,6% del alumnado de entre 14 y 18 años ha utilizado cigarrillos electrónicos en alguna ocasión.

En paralelo, las ventas de productos de tabaco sin combustión también han crecido. Según datos del Comisionado para el Mercado de Tabacos, en 2023 se vendieron más de 24 millones de euros en productos de tabaco calentado.

Una nueva ley que endurece el marco normativo

A este escenario de cambio se suma ahora una nueva vuelta de tuerca legislativa. El pasado 9 de septiembre de 2025, el Consejo de Ministros aprobó el Anteproyecto de Ley del tabaco, que modifica la Ley 28/2005 e introduce nuevas medidas frente al tabaquismo y la regulación de productos relacionados.

El texto amplía los espacios sin humo, prohíbe el consumo de tabaco a menores —más allá de su venta o entrega— y limita aún más la publicidad de productos relacionados con el tabaco. Pero una de las medidas más relevantes para el sector es la prohibición de la venta de cigarrillos electrónicos de un solo uso, una decisión que afecta directamente a parte del stock de muchos estancos.

Foto: Estanco Cuenca/ Néstor Robaina

Además, la ley contempla la creación del Observatorio para la Prevención del Tabaquismo y se enmarca dentro del Plan Integral de Prevención y Control del Tabaquismo 2024-2027, siguiendo las recomendaciones de distintos organismos internacionales.

Una normativa que, aunque busca reducir el consumo y proteger la salud pública, ha generado inquietud entre algunos estanqueros, que ven cómo el marco legal cambia constantemente y dificulta la planificación de su negocio.

Pero ¿cómo se traduce este cambio de hábitos en los estancos? ¿Se está consolidando el vaper como alternativa real al tabaco o se trata de una moda pasajera? ¿Y cómo viven los estanqueros las nuevas restricciones y el aumento de impuestos?

En este contexto normativo cada vez más restrictivo, no todos los profesionales del sector se muestran dispuestos a hablar públicamente.

Silencios y malestar en los estancos

Durante la elaboración de este reportaje, no todos los estancos de Cuenca capital han querido pronunciarse. Algunos han declinado hacer declaraciones y otros han preferido no abordar el tema, sin concretar los motivos. Fuera de micrófono, un estanquero reconoce sentirse mosqueado por las restricciones y asegura estar deseando terminar con el stock de productos de vapeo ante la incertidumbre normativa y fiscal.

Un malestar que convive con la necesidad de adaptarse a una realidad cambiante.

Mari Carmen Vázquez, propietaria del estanco número uno de Cuenca, confirma a El Digital de Cuenca que el consumo ha cambiado en los últimos años. “Se ha pasado más al tabaco de liar, al tabaco de picadura, tanto para liar como para pipa, y se nota un poco más la venta en ese sector”.

En cuanto a los cigarrillos electrónicos, explica que su impacto fue notable, aunque ahora percibe una bajada. “El vaper pegó muy fuerte hasta que llegó la ley, que nos está machacando un poco con el impuesto y eso se nota un poco más restrictivo en la venta, por lo menos en esta zona que yo tengo el establecimiento, noto que ha bajado un poquito más”.

Según Vázquez, el mayor auge del vaper se produjo hace aproximadamente un año, pero, en su opinión, con lo que ha comentado deja ver que su comercialización va a la baja. La ley que regula su consumo en España ha ocasionado que las casas hayan aumentado el precio a los propietarios de estos espacios conllevando a la bajada de su consumo. Los precios de los vapers desechables, señala, oscilan actualmente entre los 6 y los 8,50 euros.

El perfil del consumidor también ha cambiado. “Está más dirigido a gente joven, de entre 18 y 30 años, que fuma menos tabaco tradicional”. En esa franja de edad también destaca el consumo de tabaco calentado, como Iqos o Terea en una franja de edad que se sitúa entorno a los 20 años donde apunta que hay una mayor tendencia de uso.

Foto: Estanco Cuenca/ Néstor Robaina

Aunque el mensaje inicial del vaper se presentaba como una herramienta para dejar de fumar, Vázquez es escéptica: “No dejas de fumar, luego tienes que complementar, sobre todo las personas que lo utilizan con nicotina”.

Pese a todo, asegura que la venta de cigarrillos se mantiene estable. “El tabaco más o menos se mantiene, cada uno en su sector, claro, según el nivel adquisitivo que tiene cada uno, con la subida de precio que está teniendo” que sitúa en unos 25 céntimos por cajetilla desde noviembre, pero según el testimonio de la dueña de este establecimiento de la capital no es que el vaper haya hundido la venta del tabaco tradicional.

Con testimonios como este, el debate sigue abierto. Entre la bajada del consumo de tabaco, la irrupción del vaper y el endurecimiento de la normativa, los estancos se mueven entre la adaptación y el descontento. Un escenario cambiante que todavía está lejos de cerrarse y que continuará evolucionando en los próximos años.

Luis M. González, presidente de los estanqueros de la provincia de Cuenca y titular de un estanco en Motilla de Palancar, confirma que el descenso del consumo de tabaco es una tendencia sostenida. “El consumo de cigarrillo convencional va descendiendo cada año, son estadísticas”, señala. De hecho, en la provincia de Cuenca la venta de cigarrillos ha descendido aproximadamente un 5,95% respecto al año anterior.

Foto: Luis M. González, presidente de los estanqueros de la provincia de Cuenca / Cedida

Ante esta situación, explica que muchos consumidores están optando por otras formas de uso de nicotina. “Hay gente que se está pasando al vapeo, al tabaco de calentar o a las bolsitas de nicotina”. Alternativas que, en muchos casos, se perciben como menos perjudiciales que el tabaco convencional.

Según González, este cambio responde principalmente a una mayor concienciación social. “Hoy en día la gente tiende a cuidarse más. Incluso quienes ya son fumadores buscan opciones que consideren menos dañinas”. En este sentido, defiende que la reducción del tabaquismo pasa más por la educación que por la imposición. “No por hacer unas subidas muy grandes de precio, vas a conseguir que la gente fume menos. Tienes que concienciar a la gente desde que son más jóvenes”.

El presidente de los estanqueros considera que el vapeo y el tabaco de calentar no son una moda pasajera, sino una alternativa ya asentada. “Hoy en día es una alternativa, igual que el tabaco de calentar que es otra muy potente”, añade.

Críticas al anteproyecto de ley

González se muestra crítico con el Anteproyecto de Ley del tabaco aprobado por el Consejo de Ministros, que pretende equiparar el vapeo y el tabaco de calentar al cigarrillo convencional. “Es una equivocación”, afirma.

A su juicio, medidas como la ampliación de los espacios sin humo, especialmente en terrazas, pueden tener consecuencias negativas. “Va a perjudicar mucho a la hostelería y también a los estancos, porque al final se deja de vender un producto”.

Reticencias en el sector y modelo de estanco

Sobre la falta de declaraciones de algunos estanqueros, González descarta que exista un trasfondo común. “A mí me da la sensación de que no hay realmente un trasfondo”, asegura que es más decisión del poseedor de la licencia y la elección que quiera tomar, si adaptarse a las nuevas circunstancias del mercado o proseguir con los productos habituales.

En este sentido, explica el producto es un buen atractivo por sus provechosos beneficios. “El margen del tabaco es de apenas un 8,5%. Hoy en día cualquier otro producto es más rentable que el tabaco”, motivo por el que los estancos se están abriendo a terceros productos.

Foto: Estanco Cuenca/ Néstor Robaina

La adaptación, añade, no es igual en todos los territorios. “No es lo mismo un estanco de la capital que uno de un pueblo pequeño”, por la singularidad de la provincia y haya quienes, por volumen de clientes, no les compense ampliar la oferta.

Regulación y control del vapeo

El presidente de los estanqueros también defiende una mayor regulación del mercado del vapeo. “Apostamos por una regulación de la venta de lo que es el cigarrillo electrónico o el vapeador o los líquidos de vaper únicamente se pueda vender en estancos.Así te aseguras que no llegue a menores. Sin embargo, por medio de establecimientos como los estancos, te aseguras de que la venta a menores esté completamente controlada, porque hoy la venta está liberalizada” pudiéndolo encontrar en cualquier sitio prácticamente.

Advierte además del riesgo de dispositivos ilegales. “Se están vendiendo vapers sin homologación, con concentraciones de nicotina muy superiores a las permitidas, incluso a menores que no son fumadores”.

En este contexto, González quiso destacar la labor de las fuerzas de seguridad:

“Nuestro agradecimiento a la Unidad Fiscal y de Fronteras de la Guardia Civil de Cuenca, por su labor en la lucha contra el contrabando tanto de tabaco como de productos de vapeo”.

Foto: Estanco Cuenca/ Néstor Robaina

Según explica, su trabajo es clave para frenar la venta ilegal y proteger tanto a los consumidores como al pequeño comercio.

Con todo, el hábito de fumar ya no es el mismo, ni en la calle ni en los estancos, y el debate sobre el vaper refleja una sociedad que busca cuidarse más, pero que aún no tiene claro por qué camino hacerlo.

Ricardo Vega

Conquense de adopción. Graduado en periodismo por la Universidad de Castilla-La Mancha y con experiencia en medios como CMM, Agencia EFE y Las Noticias de Cuenca.
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