Una jornada normal de martes en el rastro en Cuenca deja una fotografía horrorosa cuando a las 14 horas se recoge el tenderete, como se suele decir. La gran cantidad de deshechos, entre plásticos y cartones, además de restos orgánicos, suelen ser la decoración de esta superficie alquitranada tan transitada cada semana por los conquenses de dentro y fuera de la capital. Por eso crece la concienciación sobre la necesidad de que todos pongan su grano de arena a la hora de evitar que el viento arrastre los elementos menos pesados y acaben por introducirse sin querer en el paseo del río Júcar.
«Me parece fatal porque además está justo aquí la ruta fluvial y es una pena ver cómo está llena de basura y restos de fruta, que luego viene la gente a rebuscar ahí», criticaba una señora adelantándose a la foto.

«Pero te digo una cosa eh… está Cuenca asquerosa», susurraba a modo de confidencia con un hilillo de voz. «Mira que me duele mucho decirlo, pero es que arreglan un poco la parte de arriba y ya, pero la de abajo… es complicado».
«Yo estuve el otro día dando un paseo por la ribera del Júcar y ya no vuelvo», confesaba otra ciudadana con sus bolsas colgadas del brazo. «Está sucio, ya no te relaja, hay montones de plásticos por todos lados», añadía con pesar.
Lo cierto es que, aunque pasa el servicio de limpieza municipal, mucha gente opina que se mete el plástico en el río y hay que buscar otra solución. «Es un problema de unos y otros, que no se tiene educación y hay que concienciar más a la gente para que se lo tome en serio», sostenía firme una pareja entre puesto y puesto, a la vez que comparaba la situación con la de las fiestas de ‘ninis’ en el parque del Huécar. «¡Un tío de 18 años que tira una bolsa al suelo y no la recoge!», gritaba ella escandalizada. «Aquí en el rastro pasa igual, debería haber más sanciones, que el Ayuntamiento amenazara con retirarles la licencia como haya basura», resolvió sin temblarle la voz.

«Es como si a un crío le dices ‘oye, que hay que limpiar’, no vale con recoger cuatro bolsas y ya está», aconsejó echando mano de su experiencia en un instituto durante 25 años. «Como si tienen que venir al día siguiente con resaca a recoger basura, ja, ja, ja»…

«Yo empezaría por el principio, que son los contenedores. Pondría muchos a mano para que no tener que andar hasta la otra hilera de puestos del rastro a tirar cosas», propuso otro vecino que iba con prisa. Sin embargo, también reconoció que sería muy difícil conseguir que quedara todo bien recogido y limpio.
Ojalá se diera el caso, como en aquella conocida escena de American Beauty, en que una bolsa de plástico se convirtió en la mejor excusa para transmitir la fuerza y la belleza que se esconde detrás de la vida.






