Sin techo no solo es una etiqueta social para quienes viven a la intemperie, sino una realidad que continúa interpelando a la sociedad conquense, más en estas fechas navideñas. Y es que el Centro de Alojamiento de Urgencia de Cáritas muchas veces no es la primera opción elegida por estas personas que viven en riesgo de exclusión social y que la mayoría de las veces su situación se ve agravada por alguna dificultad psicológica añadida.

Las personas sin hogar con las que el conquense se cruza en un paseo rutinario por la zona centro son cada vez más numerosas. Son rostros que no aparecen difuminados como en esta imagen por necesidad de publicarlas en un portal digital, sino que detrás de ellos se esconden historias que dan qué pensar sobre prioridades y valores compartidos a gran escala.
En la misma calle Carretería hay varios carteles de petición de ayuda por parte de estas personas que en muchas ocasiones están acompañadas de sus mascotas.
Además, en los aledaños a la Plaza de España aprovechan cualquier hueco -montacargas incluido- para desplegar su saco de dormir en algún edificio menos concurrido o directamente abandonado con cajas de cartón para resguardarse del frío invierno.

Si estas personas escribieran su carta a los Reyes Magos como los más pequeños acostumbran por estas fechas, seguramente encabezaría la lista un primer y último deseo: un techo bajo el que empezar a ver la luz al final del túnel.
Eso sí, con la ayuda profesional correspondiente para que la acogida sea posible a la hora de empezar a asumir un patrón de vida más adaptativo, aunque conlleve cierta disciplina traducida en normas básicas y horarios a respetar.

Higiene, alimentación y pernoctación son los cimientos de la pirámide de Maslow que jerarquiza las necesidades humanas: fisiológicas, de seguridad, sociales, autoestima y de autorrealización en la cumbre, 5 pasos a satisfacer progresivamente.

En este caso, una sociedad conquense concienciada con este colectivo que trabaje en su inclusión siempre será una sociedad más avanzada, porque como bien se enseña en las altas esferas de los negocios, en los equipos más productivos el éxito del primero siempre depende de la velocidad del último eslabón. Mirar a los ojos puede ser un buen remedio.